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Entrevista

Alcalá Norte: “Mucha gente votará por el miedo a vivir en un mundo peor, en vez de por el deseo de vivir en uno mejor”

Francisco Gámiz

4 de noviembre de 2026 00:18 h

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Arturo Soria escala la famosa torre del centro comercial del que Alcalá Norte toma su logo mientras tres monjes contemplan la escena. Es la imagen elegida por la banda madrileña para presentar Dejémoslo como estaba, su segundo álbum, en una portada firmada por el pintor Carle Naide. Pero no es casualidad que el urbanista que ideó el distrito de Ciudad Lineal ocupe un lugar central en el imaginario del grupo, también perteneciente a ese distrito.

El proyecto metropolitano de Soria, que aspiraba a mejorar la vida de sus habitantes con una casa, un huerto y un jardín para cada familia, conecta con una de las ideas que atraviesan el nuevo trabajo de Alcalá Norte: la importancia del lugar en el que vivimos y de las personas que tenemos alrededor. Es por ello que los integrantes de la banda buscan mantener como refugio el barrio en el que crecieron, algo que cada vez les resulta menos sencillo: su estrellato los ha elevado hasta tocar por primera vez en el Palacio de los Deportes - Movistar Arena de Madrid el próximo 20 de febrero.

Con este segundo disco, el grupo busca replicar el triunfo que caracterizó a su arrollador debut publicado en 2024. Como prueba, el vocalista Álvaro Rivas recuerda que un periodista de la web CrazyMinds escuchó el primer tema del álbum en el coche junto a su hija de cinco años y, cuando comenzaron a sonar los sintetizadores, esta reconoció inmediatamente a la banda. “Estos son los de La vida cañón”, comentó a su padre. El cantante lo celebra: “Ese es el puto éxito que buscábamos”.

Van a llenar el Movistar Arena. ¿Cómo se sienten?

Álvaro Rivas: Está por ver si lo llenamos, pero si esta entrevista tiene difusión nos ayudará.

¿Les da miedo no hacer sold out?

A.R.: Si hacemos un sold out en el Movistar Arena, tenemos las próximas temporadas de festivales más fáciles.

Carlos Elías: Pero si no has vendido 10.000 entradas y has vendido 9.500, los festivales lo saben perfectamente. Lo saben porque son profesionales. Hay una obsesión con colgar el cartel de sold out que no procede. Lo que importa es que hagas un buen directo, que la gente vaya a verte, y no hace falta que sean 10.000 personas. Es un absurdo que se ha instaurado, llegándose a colgar el cartel de sold out incluso antes de que eso suceda de verdad. No tiene ningún sentido.

El Movistar Arena es uno de los recintos más grandes a los que se puede aspirar. Siendo un grupo de barrio, ¿les da miedo que esto les aleje de esa realidad?

A.R.: Sí. De hecho, nosotros queríamos tocar en Las Ventas. Es el aforo más parecido al Movistar Arena que está más cerca de nuestro barrio, pero resulta que en Las Ventas solo se pueden hacer corridas de toros y no conciertos con la plaza entera. Así que lo más cercano es el Movistar Arena, que era una antigua plaza de toros y también está cerca de nuestro barrio. Y enfrente del Movistar Arena pasan los autobuses 21 y 146, que nos llevan al barrio. Así que es difícil sentirse lejos de nuestra gente desde allí.

C.E.: Además, no ha sido de golpe. Veníamos de tener la suerte de llenar tres veces La Riviera, que en total son como 6.600 personas. Pasar a un recinto así era el paso natural en este momento concreto. No es que hayamos pasado de un contenedor en Algeciras al Movistar Arena por chulería. Ha sido progresivo: empezamos en El Sótano, luego en la sala El Sol, luego La Riviera, y ahora vamos a intentar esto.

El disco se titula Dejémoslo como estaba. ¿Qué merece la pena conservarse y qué otras cosas no deberían seguir como están?

Pablo Prieto: Cambiaría los tops globales de Spotify; pondría a Alcalá Norte el primero.

A.R.: Me encantaría darles de comer a todos los seres humanos del mundo, que la peña no se matase, que recibiera una educación de puta madre... Sí, se me ocurren un montón de cosas buenas y las podría listar una detrás de otra.

Laura de Diego: Es difícil responder sin que parezca un concurso de decir chorradas vacías. Ojalá que todo el mundo tuviese una casa digna y pudiera acceder a servicios públicos dignos como hemos podido disfrutar nosotros y que tanto trabajo nos ha costado mantener.

En la portada del disco aparece Arturo Soria, que defendía el lema “Para cada familia, una casa”.

L.D.: La verdad es que nuestra movida con Arturo Soria nos ha venido como anillo al dedo. Está muy relacionado con la idea de que no se trata solo de la casa, sino del lugar en el que vives, de la sensación de barrio y de la relación con la gente de tu alrededor. El lema, además, también es “en cada casa, un huerto”, que es el sueño de todo el mundo de ciudad. Es un deseo de autoabastecimiento y de supervivencia, que antes no era un sueño.

A.R.: Todo el disco va sobre la visión que tenemos del urbanismo mágico. Ojalá exista una presión real como para tener que reflotar el proyecto de Arturo Soria y proponer ciudades lineales que unan todas las ciudades de España y solucionen el problema de la vivienda. Yo no sé si cuando Arturo Soria hizo sus planes le guiaba el afán de forrarse o de transformar la vida de la gente; el caso es que cien años después, en esa zona se vive como Dios. Aunque es un modelo que ya no es válido para las ciudades actuales, donde seguramente tengamos que tirar edificios y construir hacia arriba porque si no, no cabemos.

¿Son optimistas con que la situación pueda cambiar?

A.R.: No tengo ninguna fe en esto ni para este ciclo electoral ni para los dos siguientes. Tampoco creo que la izquierda tenga fe en sí misma; ni siquiera se organizan para defender lemas comunes. El tercer álbum se llamará Somos un partido político. Voy a leer Política de Aristóteles, se lo debo. Seguramente ser político no consista en tomar partido por un bloque de pochos que llevan 20 o 30 años haciendo el canelo.

L.D.: El punto de esperanza es que se ha movilizado la gente cuando en nuestra generación no estábamos acostumbrados a asociarnos. Hay que trabajar en equipo y participar en la vida política más allá de votar una vez cada cuatro años. No todo se va a solucionar yendo de pronto a una manifestación. Tenemos que incluir la participación activa en nuestra rutina. La clave ahora es tener conversaciones en nuestro círculo y animar a la gente desde una postura positiva. Decir: “Mira, yo tampoco tengo mucha esperanza viendo cómo está el mundo, pero hay que participar de alguna manera”. No es ser ingenuo, es aceptar que no nos queda otra porque este es el mundo en el que vivimos.

A.R.: Yo soy de los que no vota. Soy un raro.

¿No le gusta votar?

A.R.: Hace ya tiempo que no. Supongo que antes era cortarle la cabeza a los reyes, como en el siglo XVIII, y ahora sería invadir bases militares estadounidenses, que son las que nos protegen y a la vez nos amenazan con las mismas armas. Como en Guerra Mundial Z, si fuéramos todos como zombis cayendo, igual así podríamos tomar el control, pero si no, es muy difícil. Las elecciones me dan un poco igual. Sí que me interesa ver lo que pasa en Francia, si surge un poder que no se resuelva electoralmente y deciden salirse de la UE o del euro sin necesidad de votar a nadie; ahí sí vería cambios posibles. Pero dentro de la lógica electoral, no le veo sentido.

C.E.: Eso que comentas ya lo quiere hacer gente que puede ser votada en Francia. No hace falta una revuelta para eso, así que el voto sí sirve para cambiar las cosas.

A.R.: Si al final el escenario es entre Mélenchon y Le Pen... Normalmente, a Le Pen le tocaba ser el antisistema, y ahora parece que ella es el sistema y Mélenchon el antisistema. Si yo viviese en Francia, estaría metido en mi casa, como mucho abriendo Vinted a ver si salen cosas.

El disco rinde homenaje a “los hombres condenados a las Colmenas”. ¿El código postal condiciona el futuro?

A.R.: Cuando era adolescente y leía cosas más liberales como Los enemigos del comercio de Antonio Escohotado, escuchaba a The Libertines, que tenían una frase que decía: “We'll die in the class we were born, but that's the class of love”. Yo no lo entendía y pensaba que existía movilidad de clases. Pero lo que veo ahora es que la gente que nació en el código postal 27 se muda a El Cañaveral o a Rivas-Vaciamadrid, ya que el 27 se ha quedado para mis colegas los burgueses que ya no pueden vivir en el barrio de Salamanca porque ahí viven las mexicanas con las que están intentando follisquear por las noches. Esa es la manera en el que los códigos postales determinan dónde vives ahora.

El tema El Hombre Planeta ha entrado en la banda sonora de EA Sports FC 27 [videojuego de FIFA]. ¿Se puede ser un grupo con espíritu crítico mientras suena en un sitio tan mainstream?

A.R.: Nos pasó ya con Rosalía [recomendó La Vida Cañón ante el millón de seguidores de su canal de WhatsApp]. Desde que sacamos el primer disco siempre hemos convivido con el rollo “Vale, estamos aquí contando nuestra frikada de José del Hierro, pero habrá un grupo de fans brasileñas preguntándose quiénes son los que están cantando”. Lo vemos con naturalidad, pero es una suerte tener marcas como Rosalía o FIFA detrás de nuestras canciones.

C.E.: Y ocurre porque a ellos les da la gana. No hay un dedazo de la industria que te coloque ahí.

A.R.: Lo de FIFA fue por el dedo de Mary, una becaria que trabajaba allí a la que le gustamos mucho. Lo de los becarios es otra cosa que cambiaría. Es una mierda y es imposible que eso no empuje para abajo los salarios y condene a la pobreza a los jóvenes. Es ridículo trabajar gratis.

Las canciones de Alcalá Norte están llenas de referencias a la filosofía. ¿Hace falta más filosofía hoy?

A.R.: La respuesta es fácil. Al principio, cuando queríamos hacer una banda, habríamos cantado de cualquier cosa, pero como nunca había hecho canciones, lo único que me parecía más fácil era readaptar los apuntes que tenía. Y a partir de ahí, Barbosa dijo: 'Tío, esto está guapo, esto es diferencial'. Pero también tenemos que apostar porque las letras sean únicas. Ahí me esforcé y empecé a leer con otros ojos. Antes sencillamente quería aprender, pero es mucho más fácil cuando te pasa con los sintagmas ya desperdigados por tres o cuatro caras.

L.D.: Sobre todo hacen falta más preguntas que requieran un trabajo mental individual y colectivo para responderse, y no conformarnos con premisas baratas. Son momentos temporales de desencanto, y hay mucha gente que va a participar en las elecciones impulsada por el miedo a vivir en un mundo peor en vez de por el deseo de vivir en uno mejor.

A.R.: Sé que está mal decir que uno no vota porque parece que no crees en la democracia, pero los debates de estas elecciones son lo más triste que me he encontrado en mi corta vida en el mercado electoral. El PP y el PSOE se caracterizan por una ideología y unas prácticas quietistas que consisten en no hacer nada porque son unos vagos y unos inútiles. Es así cómo, por tendencias externas a ellos, han enriquecido a su base de votantes. Al menos, entre los que les votaban hasta 2013, cuando nacen los nuevos partidos, un 70% o 75% eran propietarios. Sin hacer nada, esos partidos han dejado que sus votantes se hagan más ricos. ¿Quiénes eran los perjudicados? Los parias. Los hijos pobres de los padres no propietarios y las familias de inmigrantes recién llegados. Es muy fácil gobernar contra esa gente.

Vídeo de la entrevista completa