Lori Meyers: “Defendemos la música en directo con sus miedos y su gloria, donde no puedes mentir a la gente”
Lori Meyers es uno de esos grupos que ha sobrevivido a su época. Nacidos en la efervescencia de la música independiente de los 2000, los originarios de Loja (Granada) han atravesado cambios de formato y plataformas sin dejar de defender una idea que parece cada vez menos habitual en la industria: que una banda se construye con discos y en los escenarios, no solo con una sucesión rápida de lanzamientos. Cinco años después de su último trabajo, Alfredo Núñez, Antonio López 'Noni' y Alejandro Méndez publican Disonancia, su octavo álbum de estudio.
El regreso del grupo no responde a la urgencia de alimentar las plataformas de streaming, sino a la necesidad de tener algo que contar. “Cuando estamos metidos en el trabajo y en giras intensas, pasa el tiempo rápido. La industria lleva sus fabricaciones y se van acumulando los años, pero han tenido que pasar relaciones, emociones y sentimientos; si no, es difícil hacer un disco”, cuenta Noni a elDiario.es. En Disonancia, esa espera se convierte en canciones que exploran las contradicciones entre lo que sentimos y lo que logramos expresar.
En lugar de confiarlo todo a las redes sociales y los códigos QR, Lori Meyers ha recuperado con este proyecto el teléfono y el contestador automático: una llamada a un número con prefijo granadino permite escuchar fragmentos del álbum, como si escuchar música pudiera volver a ser una experiencia tan sencilla como descolgar. La campaña incluye, además, dos vales dorados escondidos en copias físicas del disco, uno en un cedé y otro en un vinilo, que permitirán a quienes los encuentren compartir una jornada de tapeo con la banda.
El disco llega cinco años después de Espacios infinitos. ¿Temen quedarse atrás si no publican con más frecuencia?
Noni: Para la gente más joven es distinto, pero para gente como nosotros... Cuando empezamos con Viaje de estudios u Hostal Pimodán, había más o menos un año y medio o dos de diferencia. Al principio no era tan fácil subir algo, tenías que fabricar un cedé o un vinilo. Ahora es supersencillo. Una persona hace una canción en su ordenador, puede durar cinco minutos y subirla muy rápidamente. De hecho, muchos colegas que tenemos trabajando en la industria están hartos de este sistema de los singles, de sacar cada viernes 200 canciones.
Ahora, con la inteligencia artificial, ni siquiera es fácil saber si lo que escuchas lo canta una persona o una máquina.
N: Nosotros somos un grupo de directo y es donde menos puedes mentir a la gente. Hacemos música de una manera romántica, defendiéndola en un directo con todo lo que conlleva, con sus miedos y con su gloria. Igual que con el formato disco: siempre hemos sido más de ese formato que de sacar singles. Es verdad que hoy en día la gente escucha playlists, no escucha discos enteros, entonces se hace difícil. Hay que amoldarse a la actualidad, pero siempre se puede mantener la esencia que cada uno tiene.
¿No les da miedo la IA?
Alejandro Méndez: A mí sí me da un poco de miedito. De aquí a 10 o 15 años ya no solo podrá hacer canciones produciéndote la melodía, es que podrá componerme un disco entero si se lo pido. Eso es lo que me asusta, lo que nos pueda deparar dentro de 20 o 30 años, más que nada por puro desconocimiento.
Alfredo Núñez: Es como si ya no lleváramos nosotros el coche.
N: Tendrá que ser obligatorio poner una marca de agua de que se ha hecho con IA. Es curioso porque la inteligencia artificial debería estar hecha para barrernos la casa y hacer las tareas domésticas, para dejarle tiempo al humano. Y al final va a ser lo contrario: se va a dedicar a hacer el arte, lo que es más humano de lo humano, y nosotros nos vamos a dedicar a mirarlo detrás de una escoba. Por ese lado sí da un poco de terror y de pavor, pero confío en que al humano le quede algo artístico.
Han titulado el disco Disonancia.
N: Era una disonancia emocional. Somos personas a las que nos cuesta expresar sentimientos, y algunos artistas utilizamos las canciones que creamos para decir cosas que realmente no diríamos en persona. Ese era el juego de esa disonancia, pues a veces las letras dicen más cosas de las que puedes decir realmente en persona.
La soledad elegida tiene un peso importante en las canciones.
N: Es un concepto de pararte a pensar, de no tener ningún estímulo. Es encerrarme en mi casa, intentar aburrirme. La vida que está llevando todo el mundo va excesivamente rápido, siempre con un dispositivo. Intenté que en esa época las composiciones vinieran del aburrimiento como lo hacía antes, cuando empezábamos y no había tantos estímulos. Esa era la soledad elegida: estar con mi perro, intentar recapitular movidas, pensar, aburrirme, agobiarme, deprimirme, tener ansiedad, pero sufrirlo sabiendo que eres consciente de ello, no andando por la Gran Vía.
¿Notan que ahora es más difícil lograr ventas físicas, o tener una audiencia fiel de otra época ayuda a mantenerlas?
N: Es muy difícil, cada vez gana más el digital. Yo hace mucho tiempo que no compro un vinilo o un cedé. Te vas acomodando, todo va al teléfono. Mi set de vinilos con mis altavoces buenísimos está abandonadísimo. Es complicado, aunque fíjate que el vinilo hoy en día tiene más ventas que un cedé, pero se utiliza casi como merchandising o por coleccionismo.
¿Siguen siendo críticos con Spotify?
N: Nunca he tenido Spotify, tengo iTunes. A mí iTunes no me dice cuántas escuchas lleva una canción, ni me impone tendencias, solo me pone la portada y el título. Es verdad que lo de Spotify y ese tipo de movidas me resultan raras. Cuando quiero escuchar música no me importa cuánta gente lo escucha.
A.M.: Por un lado, prioriza los números, y aparte acumula mucho poder con un porcentaje de escucha muy grande. Cuando alguien acumula mucho poder ya sabemos lo que pasa, que puede manejar hilos.
N: Pues entonces retiro todo lo que he dicho, ¡amamos Spotify! (Risas). Pero es lo que dice Ale, empezaron de una manera para cambiar el formato, pero consiguen tanto poder que hasta las discográficas tienen que estar detrás de ellos para colocar a su artista ahí. Con ese poder pueden hacer sus playlists, poner la música que quieren y elegir las tendencias. Más allá de que uno puede seguir decidiendo ir a una tienda física a descubrir un disco, pero en ese sentido han perdido mucho poder las radios o los programas de televisión.
¿Se obsesionan con los números?
N: El algoritmo es como todo: si entras en YouTube en un vídeo de cocina, te van a salir 300. Si le das a uno de un tío arreglando un coche, te salen cuatro.
A.M.: Recuerdo la ansiedad por los likes... Si llevásemos dos discos necesitaríamos más feedback, pero la inercia de Lori te permite ir un poco más relajado. Hay que mirar los números de venta y de likes, darle de comer al algoritmo un poquito, pero tampoco hay que rayarse.
Te saca la malafollá que haya tanta crispación y ganas de ir a la confrontación
¿Siente Lori Meyers las consecuencias de un mundo cada vez más individualista?
N: Yo soy bastante individualista por momentos, pero en la industria musical sí se nota el cambio. Lo que ha pasado es que la gente ya no quiere tener una discusión por sus compañeros por si tocan o no el bajo mal. Ahora lo haces en el ordenador, no discutes y montas una gira con subordinados que te acompañen. Está más estirado que haya autores solitarios.
Una canción del disco se titula Malafollá. ¿Qué les saca actualmente la malafollá?
N: A mí últimamente el Mario Kart. Juegas con 20 personas y, cuando vas a llegar de los primeros, te putean. Eso me cabrea. Jugando 20 personas, cuando vas a llegar de los primeros te hacen una putada. Eso es un cabreo.
A.M.: Una vez que uno empieza a tener más edad, te puede dar malafollá que la gente esté tan crispada, y al final te la comes tú. Hay mucha crispación, muchas ganas de ir a la confrontación, y eso saca la malafollá.
¿Cómo la evitan?
A.M.: Respirando para que se te baje el cortisol antes de responder.
N: Dejando un ratico el teléfono. Si tienes perro, irte con él de paseo; si tienes gato, echarle un ratón... Cada uno que haga lo que pueda. Esa era la historia de la soledad de este disco: volver a pensar y no tener tantos estímulos. Eso es lo que a veces necesita la gente: saber relajarnos y quitarnos algunos estímulos para recuperar los propios.
En alusión a otra de sus canciones, ¿qué dictaduras ven ahora en la sociedad?
N: Hace mucho tiempo te hubieran dicho las religiones o cosas así. Pero ahora mismo las dictaduras que estamos viviendo son todas personales. La vida va excesivamente rápido y nos estamos creando nuestra propia dictadura nosotros mismos. Eso sí que puede llegar a ser complicado.
Lori Meyers ha sacado adelante su proyecto desde Granada. ¿Los jóvenes de ahora lo tienen más difícil?
N: En nuestra época no nos vinimos porque teníamos a la familia allí, y nuestro primer sello estaba en Barcelona. Desde Andalucía a Madrid es fácil probar, pero Barcelona quedaba muy lejos. Teniendo ya internet, correo electrónico, lo de tener que venirse a Madrid lo empecé a ver como tener que estar en la jarana. Vi mejor quedarme en mi entorno que ir a una ciudad que no sabemos bien cómo nos habría afectado. Eso lo hizo Miguel Ríos, que es una broma que tenemos en Granada. Lo hizo Miguel Ríos y después nadie más, así que será por algo.
A.N.: Es curioso porque hoy la comunicación es más comunal y universal, así que casi que parece que el hecho de venirse a Madrid es por estar en la farándula, en el mundillo. Estamos tan desconectados, que quizás de esa forma parece más físico y humano. Es verdad que los jóvenes hoy tienen más medios para publicitarse, pero hay tantísimas formas de escuchar música, que a un artista no lo defino por una canción, sino por su carrera. Tienen más posibilidades, pero también el límite de enfrentarse a mucha gente diferente. A mí no me dice nada un artista que pegue un pelotazo masivo con una canción; me dice algo cuando conozco su carrera y entiendo su obra.
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