Anni B Sweet: “Está bien ser reivindicativo en redes, pero hay que seguir siéndolo cuando no tienes la pantalla delante”
Hay grietas que se abren y por las que se cuelan cosas diferentes. Entre ellas, los ápices de felicidad en momentos de bajón. Es algo que Ana Fabiola López (Málaga, 1987), conocida artísticamente como Anni B Sweet, ha aprendido leyendo la literatura de André Bretón. “No hay que quedarse con lo que se tiene delante, hay que usar la imaginación para meter fantasía dentro de nuestra realidad, que también es parte de ella”, afirma la artista a elDiario.es. Es así cómo nació Alegría, su quinto álbum de estudio y el predecesor de Universo por estrenar (2019).
Tras una etapa marcada por el freno de la pandemia y una extensa gira para promocionar su anterior trabajo, Anni B Sweet ha necesitado siete años para volver a publicar un disco en solitario. Entre medias ha sacado diversos proyectos, como su álbum colaborativo con la banda Los Estanques titulado Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado (2022). Sin embargo, no ha sido hasta que ha intentado combatir la tristeza extrema cuando ha logrado crear canciones que beben de la psicodelia de los 60, inspiradas por los ritmos luminosos de la música brasileña.
“Leer a Bretón me ha ayudado a quitarle hierro a las cosas y a ensanchar el paisaje. Me hizo pensar que me estaba perdiendo un montón de historias más y provocó que escribiera de una manera diferente”, confiesa Anni B Sweet. Todas esas historias perdidas se ven reflejadas en sus nuevos temas, en los que cuestiona la obligación constante de tener sentimientos positivos y se deja llevar por la complejidad del ser humano. Los presentará en un tour que arranca en Barcelona el 19 de noviembre y sigue por Valencia, Granada, Madrid, Oviedo y Ponferrada.
El disco nos sumerge en la psicodelia de los 60. ¿Echa algo de menos de esa época?
Lo que veo en la música de los años 60 es mucha imaginación, fantasía y detalle. Había una gran libertad que quitaba el corsé del pop que parece exigirte una estructura fija. Y la gente estaba más habituada a escuchar ese tipo de canciones, donde se iba de un paisaje a otro. El pop era más “redondito”. Esa música siempre me ha inspirado mucho y me ha dejado espacio para hacer cosas en lugar de tener que cerrarme a algo.
Se dice que los artistas hacen mejor música desde el dolor, pero ¿habría que valorar el hacer arte desde la alegría?
A mí la tristeza me gusta mucho porque profundizas y te permite encontrar otras cosas, pero la tristeza extrema no me dejó componer. Cuando estás en un momento muy malo, es difícil tener ganas de levantarte de la cama y ponerte a escribir canciones.
Cuando se mudó a Aranjuez buscaba silencio, pero ha contado que ese silencio también le resultó difícil.
El silencio también te trae la soledad, y no es lo mismo sentirse solo que estar solo. Estar solo físicamente está bien; estás en casa y necesitas tranquilidad para componer, pero hay veces que cuando te metes mucho en ese estado te cala un poquito más. Parece que desconectas de todo, aunque a veces desconectar de todo es conectar más que nunca. Hay un equilibrio que es complicado, y hubo momentos en los que dije: “Creo que me pasé”. Sentí esa soledad que ya no hace tanta gracia.
Hoy parece que es más difícil que nunca alejarse del ruido.
Es muy complicado porque apetece mucho alejarse de todo lo que está sucediendo. Además, yo ya no retengo nada: miro algo y paso rápido a otra cosa. Hablamos de estar conectados, pero estamos superdesconectados. Y ahora también necesitas estar en las redes: haces un disco y tienes que hacer la promoción o parece que desapareces. Lo llevo regular, sobre todo porque cuando hay tanto ruido no me da tiempo ni a pensar, y sin tiempo para pensar es muy complicado saber explicarte y contar las cosas de la mejor manera posible.
¿Estamos usando las redes correctamente?
Según cómo las uses, son un arma de doble filo. Dejando a un lado todo el tiempo que perdemos en las pantallas, siempre está bien compartir y comunicar las cosas importantes que están sucediendo para que ocupen espacio. Para eso están muy bien las redes sociales, pero que no se quede solo en eso. Está bien comunicarse, pero hay que seguir con ese sentimiento reivindicativo cuando no estás con la pantalla delante.
Y también está el problema de los algoritmos.
Eso sí que es terrible. Si miras pájaros un par de veces, ya todo lo que te viene son noticias de pájaros y te puedes llegar a creer que lo que está sucediendo en el mundo va de pájaros, por poner un ejemplo absurdo. Pasa eso con todo. Tenemos que tener en cuenta que lo que hay ahí es solo un añadido y no quedarnos únicamente con eso.
Se comparten todo el tiempo mensajes de que hay que ser felices y aprovechar el tiempo. ¿Acaba siendo un lastre?
Según en qué momento estés de tu vida, te puede venir bien un consejo de esos, pero hay demasiada imposición del tipo “tienes que...”. Al final, trato de escucharme, de atender a los pensamientos que tengo en la cabeza, a cómo me siento y qué es lo que necesito, pero muy difícil por todo el ruido y lo que influye alrededor. Es verdad que a veces resulta dañino dar cierto tipo de consejos que no son tan sencillos, aunque todos queremos estar contentos, claro.
Se dice que la música lo cura todo. ¿Es cierto?
La música hace muchísimo, aunque no sería justo decir que lo cura todo de manera literal. A mí me ha ayudado a salir de muchísimos agujeros. En este último, escuchando música volví a tener ganas de moverme. Me vi bailando en casa estando de bajón; no me sentía bien, pero el cuerpo se movía y pensaba que el cuerpo sabe antes que la cabeza que la cosa va mejorando. Es como cuando ves a un niño chico y le pones música: se mueve de verdad. La música mueve y cura, pero no lo cura absolutamente todo, es solo una forma de hablar.
En su música es productora y arreglista. ¿Las mujeres tienen menos posibilidades como productoras?
Sí, puede ser. Hay muchas y muy buenas, aunque a lo mejor no se les ha dado el espacio o no se les ha dado la importancia cuando lo han dicho. Llevo años diciendo que había producido la demo de mi disco anterior, y en este he entrado mucho más de lleno, pero son cosas que a veces se pasan por alto. Hay una parte del proceso de la que casi nunca se habla, y es esa en la que estás sola componiendo, grabando los teclados, buscando los colores y generando la atmósfera de la canción antes de poder trabajarla con gente que te entienda.
Debutó en la industria con 21 años en 2009. ¿Le da miedo envejecer?
No si envejezco bien. Si la memoria no me falla, voy haciendo las cosas que quiero, aprendiendo nuevos instrumentos y buscando la manera de transmitir lo que quiero siendo leal a ello, me da igual que me pasen los años por encima. Lo único es que en la industria musical parece que hay un poco de miedo a envejecer, sobre todo para las mujeres. Parece que cuando llegamos a ciertas edades ya no estamos dentro de algunas escenas, pero se está hablando de ello y cada vez somos más conscientes. Sería lo suyo que cambiara.
Su agenda de conciertos combina actuaciones en salas con festivales. ¿Qué sigue teniendo una sala que no le aporta un festival?
En la sala tenemos más tranquilidad para hacer una buena prueba de sonido. Para mí es muy importante que el directo suene bonito; todo lo que nos curramos en el estudio hay que llevarlo bien al directo. Necesitamos tiempo para sonorizarnos y estar cómodos para dar el concierto que el público merece cuando va a verte. Los festivales te dan público nuevo que a veces no iría a un concierto tuyo, y eso es muy bueno, pero allí todo es muy rápido. Llegas, no tienes tiempo para hacer pruebas completas y te tienes que ubicar rápidamente.
Sin embargo, parece que se prioriza el recinto: hacer un Movistar Arena o un Metropolitano.
Tal cual. No sé si es tirar piedras sobre mi tejado, pero no me veo haciendo un Movistar Arena. No me gusta si el sonido se pierde, a no ser que el recinto esté preparado increíblemente bien para que el sonido llegue perfecto hasta al que está en la otra punta. Prefiero hacer cuatro o cinco salas más pequeñas que un lugar gigantesco. Hay mucha más conexión. Obviamente, poder decir que has llenado un Movistar Arena sería la leche, pero priorizaría el sonido frente al lugar porque la experiencia va a ser más bonita para todos.
Ahora los precios de los festivales están desorbitados y los horarios muchas veces impiden que vayan los niños. ¿Hay que cuidar más a la audiencia?
Nos debemos a ellos y me preocupo un montón por el público; quiero que escuchen bien lo que llevo años trabajando, porque se lo merecen al venir a verte y quieren llevarse un buen recuerdo. Pasa lo mismo con lo de escuchar música por el teléfono: he estado meses mezclando y masterizando un disco para que luego alguien lo ponga por el altavoz del móvil y no se escuche ni el bajo ni sus matices. También es una manera de educar: decirle a la gente que escuche el disco con buenos altavoces, en el sofá o en el coche porque la experiencia cambia muchísimo.
En el pasado ha reivindicado la necesidad de que haya más mujeres en los festivales de música.
La solución está en manos de los que contratan y de los promotores. Entiendo que necesitan sacar ciertas cantidades para rentabilizar un festival de esas magnitudes, pero hay grupos de mujeres que pueden llevar a eso. Si las vetan o dejan fuera, el público tampoco las descubre; es la pescadilla que se muerde la cola. Se deberían poner normas en las que en un cartel haya la misma cantidad de hombres que de mujeres. Eso obligaría a escuchar a las muchísimas mujeres que están haciendo una música increíble y que no están teniendo el mismo espacio ni trato que los hombres. Hay mujeres de sobra para hacer festivales enteros. Hay que ponerse con ello y no mirar solo los números de escuchas que tiene una persona en plataformas digitales por una o dos canciones.
Quizá también falten más mujeres dirigiendo festivales y en los despachos.
Y más mujeres que quieran escuchar a mujeres. Todo eso sería de gran ayuda. Está empezando a moverse, pero falta muchísimo camino. He estado en varios festivales donde pienso: “¡Qué guay!”. Pero luego me doy cuenta de que soy casi la única mujer allí. Te sorprende todavía un montón en el año en el que estamos y con la de tías que hay haciendo cosas increíbles.
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