Raül Refree, de producir a Rosalía a poner música a ‘La bola negra’: “Se exagera la figura del artista, como si tuviera conexión con Dios”
Raül Refree (Barcelona, 1976) va a la panadería y escucha lo siguiente: “¡A ver si nos traes el Oscar!”. Es algo que el músico nunca había podido llegar a imaginar y que, sin embargo, se ha convertido en una enorme posibilidad tras el estreno de La bola negra. La película con la que Javier Ambrossi y Javier Calvo conquistaron el Festival de Cannes se ha convertido en una de las grandes favoritas de Hollywood en la próxima temporada de premios. Tanto, que todos los que participaron en el filme también empiezan a acaparar los focos.
El productor es el responsable de la banda sonora de La bola negra, un trabajo en el que ha tenido que encontrar el equilibrio para acompañar una historia marcada por la represión y el miedo a ser homosexual sin subrayar demasiado las emociones. No era una tarea sencilla. “Siempre sentía que caminaba por la cuerda floja”, explica sobre el proceso de composición. Después de trabajar con los Javis en La Mesías, Refree vuelve a colaborar con ellos en una cinta en la que cantantes como Judeline o Guitarricadelafuente embellecen lo que se ve gracias a lo que suena.
Siendo reconocido por su trabajo en El Mal Querer de Rosalía, a quien le han otorgado el Premio Nacional de las Músicas Actuales, y tras trabajar con Rodrigo Cuevas, C. Tangana o Niño de Elche, Raül Refree recuerda la fuerza de cantar en comunidad y la importancia de escuchar de verdad. Lo hace en su libro Cuando todo encaja, pero es algo que lleva constantemente al estudio. En una industria que parece exigir resultados inmediatos, el productor prefiere perseguir otra cosa: hacer música que pueda sobrevivir al momento en el que fue creada.
¿Se ve ya en los Oscar?
Intento no pensar mucho en los Oscar. Quieras o no, vas recibiendo inputs no solo de lo que está pasando aquí, sino también del interés en EEUU, y trato de vivirlo con toda la alegría, como algo nuevo que llega a mi vida. Aparte de que la gente le dé mucha importancia a los premios, lo que más satisfacción me da es ver cómo la película y la música han llegado a un público tan variado, desde gente muy joven hasta personas mayores. Estoy recibiendo un montón de mensajes y esa es la mejor sensación que puedes tener.
¿Lo esperaba?
Confiaba y creía que la película llegaría a mucha gente. Si tanta o no, es difícil de decir, pero la primera vez que leí el guion tuve la sensación de que era una película necesaria.
En su libro Cuando todo encaja dice que su primer recuerdo de la música es el de escuchar a su abuela tocando a Mozart. ¿Qué hay en esa escena que le sigue emocionando?
Me costó mucho encontrar la forma de explicar cómo entiendo la música, y fue entonces cuando recurrí al recuerdo de la infancia de ver a mi abuela tocar el piano. Ella ya era muy mayor, le fallaban las manos y hasta la memoria, pero me resultaba profundamente emocionante verla tocar, todo lo contrario a lo que sentía con mi profesora de piano, que tocaba con la posición y la técnica perfectas, pero no me despertaba ninguna emoción. A través de esa historia me vi capaz de explicar que para mí el objetivo fundamental de la música es la emoción; la técnica y todo lo demás no dejan de ser herramientas que, si no logran emocionar, no sirven para nada.
¿Esa profesora le hizo querer abandonar la música?
Que viviera una mala experiencia con la educación más clásica y con la forma rígida de enseñar a un niño a tocar el piano no significó que mi amor por la música disminuyera. Entiendo que en la educación clásica deben establecerse métodos generalizados, pero mi forma de acercarme a la música era muy libre y puramente emocional. Me resultaba mucho más fácil inventarme una pequeña melodía, aunque fuera una tontería, que reproducir algo exactamente como ellos querían. Eso me alejaba del método y me hacía sentir incómodo, hasta el punto de que me provocaron cierto trauma con el piano. Tardé muchos años en volver a tocarlo, pero mi amor por la música seguía intacto. Hoy me sigo considerando más melómano que músico; lo que más me gusta es escuchar, y así es como más he aprendido a componer.
Hace hincapié en la emoción. ¿Cómo puede una banda sonora transmitir el miedo a ser gay y a la represión?
La música tiene una potencia emocional enorme. Es el arte más abstracto de todos: no se ve, no se toca; la percibimos por pura abstracción y quizás por eso puede llegar a lo más profundo de nosotros. Pero eso también entraña un peligro: en una película con una carga emocional tan fuerte, la música puede pasarse de frenada y subrayar demasiado la emoción. Comparado con La Mesías, componer para La bola negra ha sido mucho más complicado. En La Mesías encontré el equilibrio musical con cierta facilidad, pero en esta película siempre sentía que caminaba por la cuerda floja: si me inclinaba un poco a la derecha o a la izquierda, me caía. Tenía que encontrar el punto exacto, porque la historia no te permitía irte hacia los extremos para no subrayar de más ni resultar demasiado frío.
Judeline interpretó Soldadito español en La Revuelta y recibió muchas críticas, acusándola de embellecer un tema ligado a la guerra colonial.
No he visto mucho sobre el tema. Sí vi que ella la cantó muy bien. Al final, lo hace porque es parte de la historia de la película, tiene un significado concreto dentro del relato y simplemente está interpretando lo que ocurre en La bola negra. Con Soldadito español, los directores me pidieron una versión para ver qué se me ocurría; les mandé una demo con mi propia voz de fondo que era muy parecida a lo que terminó siendo. Recuerdo que me dijeron que era increíble porque les ayudó a visualizar el inicio de la película a partir de la música, y esa es la idea que ha sobrevivido hasta la pantalla.
Estamos tan sobreestimulados que la escucha real se ha vuelto un acto revolucionario
Puede que reciba una nominación al Oscar por La Nieve, que interpreta Guitarricadelafuente.
A ver qué pasa. Los Javis tenían claro que, a pesar de que Álvaro [Guitarricadelafuente] actúa en la cinta, querían que cantara la canción original, pero sin que pareciera un paréntesis o una “seta” aislada; querían que formara parte del diálogo narrativo y musical de toda la película. Álvaro me enseñó un primer esbozo de melodía antes de irse de gira, y yo pude trabajar con total libertad para que funcionara tanto como canción como banda sonora. Acompaña uno de los momentos más emocionantes de la película: cuando el personaje sube la montaña y van cayendo los esquiadores. Es preciosa y, aunque la he visto miles de veces, me sigo emocionando.
Usted suele trabajar en equipo. ¿Hemos perdido la capacidad de disfrutar la música en comunidad?
El espacio público es cada vez menor. Me sorprende ver plazas nuevas, de esas duras, donde los bancos no están enfrentados para mirarse los unos a los otros, como si pretendieran que toda la comunicación fuera digital y la presencial se redujera al mínimo. A lo largo de la historia, la música ha sido un gran factor cohesionador. El sentimiento de pertenecer a una comunidad nos hace fuertes, y cantar junto a alguien por el simple disfrute de hacerlo no solo es placentero, sino un nexo de unión poderosísimo que estamos perdiendo.
¿Este individualismo deriva de las pantallas?
Lo veo exactamente así. Estamos sobreestimulados, y eso complica la reflexión, la observación, la escucha y el silencio. Muchas veces hablo con mis amigos sobre cómo la “escucha real” —y no me refiero a oír algo de fondo, sino a estar escuchando a la persona frente a ti, como espero que estemos haciendo nosotros ahora— se ha vuelto un acto superrevolucionario. Hoy en día se escucha y se observa poco, dándole prioridad a ese estímulo constante y a ese crecimiento absurdo de querer estar haciendo cosas todo el rato.
Rosalía ha ganado el Premio Nacional de las Músicas Actuales.
Lo recibí con muchísima alegría. Rosalía me parece una superartista; aparte de nuestra historia común y de que me llevo bien con ella, le tengo una admiración inmensa. Ojalá se lo dieran siempre a artistas de su envergadura.
¿Siente que el premio también es, en parte, suyo?
No, para nada.
¿Usted podría haber estado en los créditos de Lux?
Me considero un músico muy versátil y con muchas ganas de probar cosas nuevas. Ahora, con perspectiva, creo que he sido muy valiente al meterme en según qué proyectos, y me veo capaz de adaptarme a muchos sitios distintos. Al final tomo mis decisiones de forma muy poco racional y muy intuitiva; si siento algo especial por un artista o proyecto, me tiro de cabeza, sin importarme si es exactamente el estilo que domino.
Como músico, no me creo mejor que la persona que tiene una tienda de costura o que hace zapatos al lado de mi casa
¿Hacemos bien en ver a los músicos como genios?
Desde el Romanticismo se ha exagerado la figura del artista, subiéndolo a un pedestal casi como si tuviera una conexión superior con Dios. Yo creo cien por cien en la figura del artesano, y me siento como tal. Me gusta aprender, le dedico muchísimas horas a mi trabajo, pero no me creo mejor que la persona que tiene una tienda de costura o que hace zapatos al lado de mi casa. Al final, son trabajos útiles; el mío emociona, pero un buen mueble o el trabajo de cualquier otro profesional también te puede emocionar. Lo fundamental es que el trabajo de los demás nos llegue y nos toque.
¿La industria musical se ha vuelto elitista?
Me ha ocurrido infinidad de veces que alguien se me acerca tras un concierto y me dice: “Me ha encantado, pero bueno, yo es que no sé de música”. ¡Como si no pudieras dar tu opinión sin haber estudiado un montón! La música y el arte tienen que traspasarnos y convertirse en emoción. Si te llega, no hace falta haber estudiado nada para expresar lo que sientes.
En esta era de TikTok, donde la música se consume y se desecha, ¿cómo alcanza la atemporalidad?
La gran obsesión de mi vida siempre ha sido que la música que hiciera me pudiera sobrevivir. Me ha importado mucho menos lo efímero de la moda actual y siempre he trabajado para conseguir cierta inmortalidad a través del arte. Últimamente, me he dado cuenta de que, en el fondo, hay una parte de ego importante en ese deseo de trascender, algo que antes no quería admitir. No existe una receta mágica para la atemporalidad. Intento estar conectado con el día a día y me encanta trabajar con gente mucho más joven, pero en el momento de tomar una decisión creativa final, nunca pienso en si va a ser un éxito inmediato o si se va a poner de moda; siempre tomo la decisión buscando lo que considero mejor para la música en sí misma.
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