En primera persona
Llevo media vida produciendo discos y ahora los robots no paran de mandarme sus canciones chuscas y horteras
Hola, me llamo Guille Mostaza. Llevo media vida haciendo discos, tanto míos como de otros, en mi estudio, Alamo Shock.
Últimamente, con el auge de la IA generativa, me está pasando algo cada vez más a menudo que es que me escriben “compositores” que me mandan sus canciones para que las escuche.
Suelen ser mails vagos, un tanto genéricos, de copia y pega. A veces ponen mi nombre en el asunto, otras veces ni eso. El sujeto que escribe, lo digo en masculino porque suele ser varón, me cuenta que está escribiendo unos temas que le gustaría llevar “un paso más allá”.
Uno tiene por costumbre escuchar todo lo que le mandan y no dejar mails sin responder, eso está feo, así que cuando doy al play esperando un atisbo de canción o idea a desarrollar me encuentro con una canción de sonido genérico, con voz desgarrada —los robots se ve que le han cogido gusto al carraspeo vocal, eso que me gusta llamar “roncopop”— acompañada de un ornamento musical recargadísimo de arreglos imposibles y una buena pátina de horterismo. Y ojo con esto de lo hortera, que muchas de mis canciones favoritas han sido bautizadas así por amigos y conocidos. En principio, “hortera” en mi escala de valores es casi más un piropo que algo despectivo. Pero no, esto es hortera mal. Y encima pretencioso, con un sonido chusco y algo quemado. No falla. La IA tiene un sonido propio, y es que suena a mentira descarada y sin alma ninguna y luego te lo sirve como una carne con el punto de más.
Suelo responder haciéndome un poco el bobo y pidiendo a esta persona que me encantaría escuchar la canción a guitarra y voz. Y eso luego nunca ocurre.
Me gusta investigar a cada artista que me escribe. Quiero saber de dónde viene, qué le gusta hacer en la vida y si tiene un trabajo que no sea la música, a qué dedica sus horas laborales. Siempre pasa lo mismo, no hay rastro ninguno en internet, o si buscas su dirección de mail o teléfono de contacto estas te remiten a tiendas virtuales de alimentos procesados, marcas de ropa desconocidas, webs de diseño empresarial o, en el peor de los casos, el mundo cripto o el universo fitness.
Cada uno, en teoría, es libre de hacer y decir lo que quiera, pero lo que me chirría de todo esto es que se llamen a sí mismos “compositores”. A ver, tú no has compuesto nada de nada. Has escrito unos prompts en una web y un sistema de fotocopias musicales te ha devuelto una cosa que parece una canción. A veces me pongo en el pellejo de esta gente y pienso que debe ser flipante que pases de hacer contabilidad en una oficina a, de repente, ser “artista”. Visualizo a estas personas (sin ponerles cara, claro, recordemos que no hay información en ningún sitio) reproduciendo su nueva canción y pensando que han dado con la gallina de los huevos de oro. ¿Qué viene después? Escribir a todos los productores que te salgan en Google, yo incluido, para decirles que coloques ese tema a personas con las que trabajas para que luego lo peten en los festivales y así se lleven los derechos de autor. Por la cara. Me parece algo maquiavélico, un plan sin fisuras, pero a la vez me parece una idea muy cutre, como de alguien a quien no le da mucho de sí el cerebro y que carece de dignidad y sentido común.
Vomitar demonios
“Compositor” dicen, como si eso fuera algo que haces como el que echa la pasta a la cacerola. Componer es otra cosa, es instigar en el yo más profundo, es vomitar demonios y ensalzar pasiones, es teatralizar la vida y hacer que otra gente sienta lo mismo, o más, que tú al escucharlo; es juntar en tus manos todos tus recuerdos y llevarlos al futuro porque lo que haces tiene mucho que ver con lo que va a pasar mientras forma parte de ti.
Crear algo desde la nada es la pulsión que debería llevar a cualquier persona a componer. Todo lo demás no vale. Likes, fama, dinero, follar, todo eso es secundario, a veces viene, a veces no, pero la satisfacción que da escuchar una canción bien compuesta es algo difícilmente superable y eso solo lo sabe la gente que compone, no que le da instrucciones a una macroempresa que devora nuestros recursos.
“Y es que no hay nada mejor que componer sin guitarra ni papel”, cantaba Antonio Vega; ni IA, ni nada. Entiendo perfectamente esa frase, las canciones se llevan dentro y hay que sacarlas. Si lo que te las saca es una máquina es que esas canciones no están en ti. Tampoco están en la máquina, ya que las ha robado a otra gente. Componer es una de las formas más puras de expresión humana, puede que para el consumo masivo, como el que come chopped o hamburguesas con pantera rosa, valga, pero para mí, no.
Componer es algo que está al alcance de cualquiera que lo intente. Inténtalo sin usar atajos y verás que algo te sale, y si me lo mandas y lo escucho me darás una alegría. Deseando estoy de escucharte.