Qué revelan las grabaciones secretas de John Coltrane sobre el gran transgresor del jazz
En agosto de 1965, en la cima de su fama, el saxofonista John Coltrane encabezó el cartel del festival de jazz DownBeat en Chicago. Al subir al escenario junto a un nuevo miembro de su banda —el joven músico experimental Archie Shepp al saxo tenor—, el cuarteto de Coltrane se lanzó a una serie de improvisaciones libres y abruptas; se alejaron de las composiciones estructuradas para, en su lugar, descargar torrentes de sonido tan fuertes y agresivos que, según se cuenta, provocaron que gran parte del público abandonara la sala. El propio crítico de DownBeat escribió más tarde: “Ofrecieron una exhibición de destreza musical de tan mal gusto como cualquiera que haya escuchado jamás... Shepp y Coltrane parecían más interesados en ver quién lograba emitir los graznidos, chillidos y balidos más estridentes que en tocar música”.
Aquella actuación de 1965 debería haber sido un momento triunfal, tras cinco años de ascenso meteórico de Coltrane. Desde que dejó el “primer gran quinteto” de Miles Davis —con el que había grabado el álbum de jazz más vendido de todos los tiempos, Kind of Blue (1959)—, Coltrane había creado un lenguaje armónico totalmente nuevo para el jazz con el lanzamiento en 1960 de su álbum en solitario Giant Steps, había logrado un éxito radiofónico con su versión de 1961 de My Favorite Things (de Sonrisas y lágrimas) y, en enero de 1965, había plasmado su propia visión espiritual del jazz en el álbum A Love Supreme, nominado al Grammy. Ya era un gigante del género y había aportado docenas de composiciones al repertorio estándar; sin embargo, dos años después, en 1967 y con tan solo 40 años, fallecería a causa de un cáncer de hígado.
“Arruinó su atractivo comercial al pasarse a la vanguardia”, afirma el escritor y biógrafo de Coltrane, Ben Ratliff. “No le interesaba provocar el enfado de la gente, pero quería asimilar nuevas influencias y colaborar con músicos más jóvenes para explorar lo desconocido. Siempre quiso seguir avanzando y escuchándose a sí mismo. Estaba en plena búsqueda, trabajando en pos de una especie de música infinita”.
Para conmemorar el centenario del nacimiento de Coltrane este mes, esa búsqueda está quedando documentada en una serie de grabaciones inéditas —auténticas joyas de valor incalculable— de sus experimentos en clubes nocturnos. Coltrane solía realizar residencias de cuatro a seis semanas en locales como el Jazz Gallery de Manhattan, el Showboat de Washington DC o el Pep’s Lounge de Filadelfia; allí interpretaba extensas sesiones de material nuevo que existía únicamente en el instante de su creación: espontáneo y desenfrenado.
Conocidas como The Tiberi Tapes (las cintas de Tiberi) —en honor a Frank Tiberi, el saxofonista que las realizó—, estas cintas de bobina abierta surgieron inicialmente como un recurso de estudio personal para el propio Tiberi. Llevaba un voluminoso magnetófono Magnavox TR-100 a los clubes, con el micrófono oculto en la manga de su abrigo, y grababa los conciertos, logrando cambiar las cintas en la oscuridad cada 30 minutos para capturar la mayor cantidad posible del virtuosismo de Coltrane. Siguiendo al cuarteto de Coltrane entre 1960 y 1964 —justo antes de la grabación de A Love Supreme—, Tiberi acumuló 80 bobinas y más de 60 horas de música que empezó a compartir con colegas y alumnos selectos: un mapa de la sinuosa trayectoria de Coltrane hacia una música infinita.
Era algo inspirador, porque ya se podía apreciar cómo interpretaba un mismo tema durante 35 minutos o más; se expandía realmente para seguir a la música y dejarse llevar adonde ella quisiera ir
La leyenda del saxofón Joe Lovano tocó con Tiberi en la Woody Herman Big Band en 1976 y recuerda haber quedado maravillado con aquel material. “Frank venía, me ponía los auriculares y reproducía ciertas secciones para ilustrar cómo Coltrane trabajaba los cambios armónicos o las melodías”, comenta Lovano. “Era algo inspirador, porque ya se podía apreciar cómo interpretaba un mismo tema durante 35 minutos o más; se expandía realmente para seguir a la música y dejarse llevar adonde ella quisiera ir. Esa libertad, característica de su obra posterior, ya estaba presente en la forma en que trazaba su propio camino melódico y dejaba espacio para los demás”. Más tarde, Lovano tocó con McCoy Tyner —pianista de Coltrane entre 1960 y 1965—, quien le contó que “todos sabían que Frank estaba grabando, pero contaba con su beneplácito. La banda sabía que el objetivo era la educación y anteponer la música a todo lo demás”.
Tiberi, que ahora tiene 97 años y no pudo conceder entrevistas, ofreció recientemente las cintas a Impulse!, el último sello discográfico de Coltrane, como una forma de preservar su historia. La recopilación Tiberi Tapes, que condensa esas 26 horas de música en 11 composiciones recién remasterizadas, no oculta la calidad de audio —a menudo deficiente— de unas grabaciones improvisadas ni el ambiente bullicioso en el que se realizaron. Se puede escuchar al público charlando de fondo o gritando en respuesta a pasajes llenos de energía, mientras las líneas de saxofón de Coltrane se entretejen entre el siseo de la cinta para producir interpretaciones de una belleza asombrosa: una versión más lenta y melódica de Giant Steps, así como una extensión de 33 minutos de Resolution (parte de A Love Supreme). “La energía de estas grabaciones es importante porque captura la chispa creativa que alimentaba a Coltrane”, afirma el historiador de jazz Ashley Kahn. “Era música social; la gente charlaba o hacía ruido, pero si logras adentrarte en ella, te recompensa tanto como tú te involucras”.
Para Lovano, estas cintas son un testimonio de las relaciones que Coltrane mantenía con cada uno de los músicos de su banda. “Era legendaria la cantidad de tiempo que dedicaba a practicar y tocar: todo el día, todos los días. Y luego actuaba hasta las cuatro de la mañana antes de conducir hasta su casa para estar con sus hijos pequeños. Era simplemente un joven que luchaba por abrirse camino a sus treinta y tantos años, y transmitía esa energía inspiradora”, comenta. “Se nota cómo apreciaba a nuevos talentos como Archie Shepp, el batería Rashied Ali o el saxofonista Pharoah Sanders; se querían mutuamente y él permitía que cada uno se valiera por sí mismo. Siempre se pueden percibir los gérmenes de hacia dónde se dirigiría después”.
Lo que vino a continuación fue el álbum más intransigente de la carrera de Coltrane. Grabado en junio de 1965 (pocas semanas antes de la actuación en el festival DownBeat) y publicado al año siguiente, Ascension supuso la primera muestra grabada de esta música indómita y capaz de distanciar al oyente. Coltrane amplió su cuarteto incorporando a siete músicos adicionales provenientes de las vertientes experimentales del free jazz, entre ellos Sanders y John Tchicai, quienes llegarían a ser pioneros por mérito propio. La suite de 40 minutos se grabó sin ensayos y en dos tomas; suena como una big band que se desplaza en espiral a través de solos estridentes, los cuales luchan por mantener el equilibrio sobre las placas tectónicas de la melodía, que se desplazan constantemente. Por momentos, la cacofonía resulta tan abrumadora que da la sensación de estar escuchando siete conversaciones a la vez.
“El periodo posterior a 1965 marca un punto de inflexión decisivo y sigue siendo, para muchos, la etapa más desafiante de la carrera de Coltrane”, afirma Kahn. “Era algo tan novedoso y revolucionario que ni siquiera tenía nombre. ¿Se trataba de Energy Music? ¿De The New Thing? Fue tan radical que a la gente le costaba realmente comprender lo que estaba sucediendo”.
Para 1966, después de que Tiberi dejara de grabar y emprendiera su propia carrera, Coltrane había incorporado a su grupo a varios músicos nuevos y transgresores, entre ellos el saxofonista de free jazz Albert Ayler, famoso por interpretar versiones en vivo que se prolongaban hasta 40 minutos a partir de temas sencillos ejecutados con gran intensidad. Durante un concierto en el Lincoln Center de Nueva York, en febrero de aquel año —en el que participaron Ayler, dos baterías y la esposa de Coltrane, la pianista Alice—, una gran parte del público abandonó la sala en masa tras percibir la dirección explosiva y sin ataduras que estaba tomando su música. El escritor Amiri Baraka describió aquella experiencia atonal como un sonido “de una naturaleza verdaderamente aterradora... ¡te devoraba!”, mientras que el saxofonista Dave Liebman estimó que casi la mitad de los 2.600 asistentes se marchó durante la hora que duró la actuación.
“En la última etapa de Coltrane, nos encontramos ante un artista de tal maestría que su forma de tocar trascendía nuestra comprensión inmediata”, afirma el saxofonista y admirador de Coltrane, James Brandon Lewis. “Sus frases musicales siempre tenían una intención y un rumbo, pero es posible que nuestros oídos no estuvieran lo suficientemente entrenados para captar lo que él intentaba resolver. Él conectaba la improvisación con la historia tribal y espiritual de la música, concibiéndolo todo como una unidad: el folclore y el futuro”.
En sus últimos años, parecía intentar hallar una vibración divina, libre de cualquier limitación preconcebida. Estaba profundamente inmerso en el sonido y era totalmente libre
Tras seguir actuando y grabando hasta pocos meses antes de su repentina muerte en julio de 1967, la incógnita sobre qué camino habría tomado Coltrane a continuación ha intrigado a sus seguidores y oyentes desde entonces. “Siempre estaba buscando su sonido; nunca se detuvo”, comenta la saxofonista Melissa Aldana. “En sus últimos años, parecía intentar hallar una vibración divina, libre de cualquier limitación preconcebida. Estaba profundamente inmerso en el sonido y era totalmente libre. Eso es lo que siempre me hace volver a él; significa que, al seguir escuchándolo, siempre encontraremos algo nuevo en su música”.
Aunque es posible que su público disminuyera en sus últimos años, esa misma búsqueda incesante es la que hoy parece atraer a los oyentes más jóvenes, cien años después de su nacimiento. Irónicamente, Ascension —el álbum que marcó el inicio de su “difícil” etapa final— fue reeditado en junio de este año debido a la demanda. “No lo analices, simplemente escucha”, dice Lewis. “Abre el corazón y recibe el mensaje. Sea cual sea el que creas que es”.