Quién es Yannick Nézet-Séguin, el primer director de orquesta gay del Concierto de Año Nuevo que lo ha revolucionado

Francisco Gámiz

2 de enero de 2026 12:14 h

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El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena hizo ayer saltar por los aires el protocolo de casi un siglo para servir como punto de inflexión en la historia de la institución. Bajo la batuta del director canadiense Yannick Nézet-Séguin, el espectáculo que se remonta a 1939 y que una vez sirvió de escenario para la propaganda nazi ha hecho de su última edición una reivindicación de la visibilidad queer y del trabajo de las mujeres compositoras. Supone una auténtica novedad en un espacio que nunca ve alterada su tradición y que acostumbra a representar el ámbito más purista de la música clásica.

Convirtiéndose en el primer maestro que se pasea por la Sala Dorada del Musikverein para dirigir entre el público, Yannick Nézet-Séguin, de 50 años, se ha divertido como nadie poniendo patas arriba uno de los eventos culturales más potentes del planeta. Jamás había habido un director homosexual a la cabeza, jamás un director había abandonado el podio para acercarse a la audiencia durante el concierto ni jamás había sonado tantas piezas de mujeres. Nézet-Séguin ha decidido alterar las reglas del juego ante 50 millones de espectadores de todo el mundo y en un país en el que ganó la ultraderecha en sus últimas elecciones.

Si hay quien se pregunta si la música clásica camina de la mano de los cambios sociales, que han hecho del planeta un lugar mejor en los tiempos recientes, Yannick Nézet-Séguin ha demostrado que hay motivos para pensar que sí. El arte no puede ser ajeno ni a la política ni a los problemas de los ciudadanos, y a menudo se critica que la música clásica siga identificándose con un ambiente rancio en el que predomina el tradicionalismo. El Concierto de Año Nuevo es un ejemplo, pues nunca ha estado dirigido por una mujer en sus 87 años de historia, pero está surgiendo una generación de directores que se ha propuesto que los valores de la diversidad empiecen a tener cabida.

Nézet-Séguin pertenece a este grupo de batutas comprometidas, y el aire fresco que aporta se percibe en algo tan sencillo como su estilo: el canadiense lleva un piercing en la oreja, que forma parte de la imagen distintiva y moderna que lo caracteriza. Además, no esconde su relación con el violista Pierre Tourville, con quien está casado, siendo ambos referentes en un sector de la industria musical en el que no es común que haya figuras LGBT que se identifiquen públicamente como tal. Yannick Nézet-Séguin no tiene miedo a hacerlo y, durante la emblemática Marcha Radetzky del final, se acercó a darle un beso en el cuello a Tourville mientras tocaba.

“La música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta”, declaró el también director de la Ópera Metropolitana de Nueva York durante sus breves palabras de apertura, deseando “paz en los corazones y, sobre todo, paz en todas las naciones del mundo”. El concierto, que no abandonó el protagonismo usual de la dinastía Strauss, incorporó cinco obras inéditas, entre las que destacan dos de compositoras. Una de ellas es Vals del arcoíris de la afroamericana Florence Price (1887-1953), cuyas sinfonías, además, ha grabado con la Orquesta de Filadelfia, rescatando así su legado.

La otra pieza femenina que se escuchó en el recital pertenece a la austriaca Josephine Weinlich (1848-1887), titulada Canciones de sirenas, que lanza un mensaje de empoderamiento que no parece haber sido casualidad en la elección de Yannick Nézet-Séguin para incluirla. Asimismo, Weinlich fue una compositora y directora pionera que fundó en 1875 la primera orquesta de mujeres de Europa. Ya el año pasado sonó Ferdinandus-Walzer, de la austríaca Constanze Geiger (1835-1890), cuando por primera vez se incluyó la obra de una mujer en el Concierto de Año Nuevo.

Esta no es la primera vez que Nézet-Séguin ha pretendido ser activo con temas políticos y sociales, pues apoyó a la demócrata Kamala Harris durante la campaña electoral de las elecciones presidenciales de EEUU, que finalmente dio la victoria a Donald Trump. “El mundo nos observa: ¡hagan oír su voz y voten!”, escribió el músico en redes sociales. Además, el ganador de hasta cinco premios Grammy se ha solidarizado con Ucrania durante sus recitales en la Ópera Metropolitana y recibió el galardón Laurent-McCutcheon Award de la Fondation Émergence por haber defendido los derechos LGBT.

Un pasado vinculado al fascismo

El tradicional Concierto de Año Nuevo a manos de la Filarmónica de Viena nació en la Alemania nazi. Viena, la capital austriaca, se había convertido en la ciudad más fanática del Tercer Reich, una admiración hacia Hitler que se extendió a la música. En total, 60 de los 123 músicos de la Orquesta Filarmónica de Viena eran miembros afiliados al partido nazi, un porcentaje mucho mayor que el de la población austriaca en general, según recoge el medio The Article. La dirección de la orquesta despidió a todos los músicos con vinculaciones judías y seis murieron en campos de concentración.

De hecho, la primera edición en 1939 se celebró un 31 de diciembre en lugar del 1 de enero, pues nació como homenaje a la familia de músicos Strauss con el objetivo de recaudar fondos para la Kriegswinterhilfswerk, una fundación del partido nazi destinada a los desfavorecidos y que pretendía también mostrar unidad del Tercer Reich en el contexto de la II Guerra Mundial. Además, se descubrió la entrega de una medalla a Adolf Hitler y un anillo de honor para Baldur von Schirach, criminal de guerra nazi. Este hecho fue reconocido en 2013 después de que un grupo de historiadores accediera a los archivos de la Filarmónica.

Los orígenes del tradicional Concierto de Año Nuevo sirven para contextualizar la importancia de que desde la música clásica se continúen utilizando estos espacios como altavoz de nuevas realidades y reivindicación de la diversidad y los problemas sociales. Otro de los músicos que han sido consecuentes de su responsabilidad es el violinista Michael Barenboim, quien denunció el genocidio en Gaza en una entrevista para elDiario.es señalando que “es un intento de borrar el pasado, el presente y el futuro de los palestinos”. Barenboim, además, destacó la importancia de utilizar el arte para pronunciarse políticamente.