Mame Mbaye, mantero y activista contra las persecuciones policiales

“Tengo mucho dolor. Apenas he podido dormir. He soñado con él. Hace solo dos días nos escribimos por WhatsApp: '¿Qué tal, Mame?'. Y es la última vez que hablé con él”, dice Ousmane (nombre ficticio) con una mezcla de tristeza e incredulidad. Es uno de los compañeros que han acudido a la concentración en repulsa por la muerte de Mame Mbaye Ndiaye, el mantero fallecido de un infarto tras una persecución policial este jueves en el barrio madrileño de Lavapiés.

Decenas de personas se han congregado este viernes en su recuerdo en la plaza Nelson Mandela, allí donde Mbaye solía reunirse con sus amigos tras regresar de vender perfumes en la manta, según recuerdan sus compañeros.

“Siempre estábamos aquí hablando, bromeando. Iba de la plaza a su casa”, dice Ousmane señalando un portal de la calle Mesón de Paredes, a escasos metros del lugar. Mbaye tenía 34 años y nació en Senegal, de donde salió para buscar un futuro mejor en Europa y ayudar a su familia. Hace 12 años llegó a España con ese objetivo y, según cuentan su compañeros, había intentado varias veces regularizar su situación y obtener un permiso de residencia. Fuentes de la Asociación de Sin Papeles de Madrid indican que el joven llegó en patera a las Islas Canarias.

“Nunca tuvo papeles, nada”, insiste Modou, otro compañero que prefiere no revelar su nombre real. “Tenía una vida muy difícil, sus padres habían muerto”, señala. Sus allegados comentan que el joven tenía hermanos en Senegal. También contaba con familiares en España que, según confirman desde la Asociación de Inmigrantes Senegaleses (AISE), ya han sido informados de la muerte de Mbaye.

“Era muy responsable con su familia, muy trabajador y muy simpático con nosotros”, recalca Ousmane. “Llegamos aquí el mismo día, dormíamos en la misma cama, estuvimos años viviendo juntos en la calle Ave María. Tenía mucha personalidad y nunca tuvo ningún problema con nadie”, sostiene Abdou (nombre ficticio), otro amigo del joven. “Era muy buena gente, el mejor de todos nosotros, te lo juro. Nunca he visto en mi vida un chico como él. A todo el mundo le gustaba”, añade otro de los asistentes.

Además de vender en la calle, Mbaye, según explican sus compañeros, estaba muy comprometido en la defensa de los derechos del colectivo de manteros. Acudía cada martes a la asamblea que el Sindicato de Manteros y Lateros organiza en el barrio. “Ante todo, era un amigo de verdad con el que compartíamos y con el que convivíamos. Era uno de los nuestros”, matiza Malick Gueye, portavoz de la organización. “Participaba con nosotros todas las semanas. Intentaba luchar para que haya justicia y no haya agresiones, acoso y persecuciones”, prosigue. Mbaye era diseñador y confeccionaba muchas de las pancartas que el movimiento usaba en sus reivindicaciones.

Este jueves, a Mbaye se le paró el corazón tras una de esas operaciones policiales que tanto denunció. Se encontraba vendiendo con otros compañeros cuando fueron abordados por policías municipales en la Puerta del Sol. El joven echó a correr y fue perseguido por los agentes. Cuando llegaba a su casa tras la carrera, se desplomó a la altura del número 10 de la calle Oso. “¿Cómo se puede morir una persona con 34 años?”, se pregunta Ousmane con indignación. “Estaba totalmente sano”, asegura Malick Gueye.

A primera hora de la mañana, frente al altar improvisado en la calle del Oso, varios grupos de vecinas comentaban consternadas lo ocurrido la pasada noche. “Yo soy vecina de la calle de atrás. Era un chico súper alegre y trabajador. Yo estaba aquí cuando cayó, venía con su manta, ¿me entiendes? Murió cuando venía de trabajar. ¿Quieres que sea legal? Dale documentación. Los tienen viviendo como ratas”, sostiene una joven de origen dominicano. “¿Por qué no regulan y les dan opciones? Hay que darles una alternativa, porque la gente no se puede morir de hambre”, esgrime otra vecina.

Pocos minutos después, daba comienzo la concentración en recuerdo de Mbaye a la que han acudido decenas de personas de la comunidad senegalesa en solidaridad con el fallecido. Muchas se abrazaban y contenían las lágrimas, otros guardaban silencio.

“De acuerdo con los compañeros que también sufrieron esta persecución desde Sol hasta el barrio de Lavapiés, los hechos ocurrieron tras una redada y persecución racista”, ha denunciado ante los medios Cheikh Ndiaye, de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España. “La policía les propició patadas constantes para que cayesen y poder detenerles”, ha relatado Ndiaye.

El Ayuntamiento de Madrid ha afirmado que la Policía ya no perseguía a Mbaye en el momento del infarto en la calle Oso, pero ha confirmado que hubo una persecución 20 minutos antes del desfallecimiento del joven. “Lo que hemos visto en nuestra calle es que venían tranquilos caminando, no sabemos si les han perseguido hasta la calle Oso. De repente uno ha caído a plomo”, contó a eldiario.es la pareja que llamó a la Policía.

La rueda de prensa ha finalizado entre gritos de “ningún ser humano es ilegal”. “Pedimos justicia, porque esto es un crimen contra la humanidad”, ha concluido el portavoz.