China resetea su economía con un intervencionismo al dictado de Xi Jinping

El presidente chino, Xi Jinping, saluda en una rueda de prensa en el Gran Salón del Pueblo en Pekín (China), el 23 de octubre de 2022.

A Li Qiang le esperan días duros en la oficina de primer ministro. Su misión de hacer emerger de nuevo la economía china no será fácil en su periodo de crecimiento más tenue en cuatro decenios. Como anticipan los expertos de Bloomberg Economics, el PIB chino registrará un repunte del 3,3% este año. Esencialmente, porque la Nueva Era a la que ha catapultado el reciente Congreso Nacional del Partido Comunista (PCCh) al Socialismo Chino, le exigirá una adhesión ideológica sin fisuras a Xi Jinping. El presidente de China ha adquirido la vitola de líder con mayor concentración de poder desde el fundador de la república popular, Mao Zedong, con unos dictados económicos que apuntan a un mayor intervencionismo.

China exprime su política monetaria y su diplomacia económica para acabar con la supremacía del dólar

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Pocos analistas dudan de que el plenipotenciario presidente chino reclamará a Li cambios de gran calado. Para Xi, el ritmo de la economía dejó de ser la piedra angular del modelo que ha lanzado a China al estatus de superpotencia global. Desde el XIV Plan Quinquenal (2021-25), actualmente en vigor, ha dejado de tener validez cualquier objetivo oficial, si bien, de forma soterrada, el mercado y los jerarcas de Pekín admiten una objetivo de crecimiento del 5,5% que está lejos de alcanzarse este año y muy por debajo del vigor de dobles dígitos que había fijado el rumbo del segundo PIB global en los últimos decenios.

Desde su puesto como jefe del PCCh en Shanghái, Li ha ejercido de altavoz en la defensa de los negocios privados en el gran hub financiero del país. Por ejemplo, ayudó a Elon Musk en la apertura de la primera factoría de Tesla fuera del mercado americano, aunque también dedicó varias de sus maratonianas reuniones a departir con los CEO de BlackRock, Larry Fink, o de Apple, Tim Cook. Desde su trampolín político ha sido uno de los baluartes de la política Covid-cero que ha apagado los motores de la economía varias veces este ejercicio, con el beneplácito del máximo mandatario chino.

La elección de su ministro de Economía será esencial para inculcar el re-adoctrinamiento que ha impuesto Xi. El premier sigue sin desvelar al sucesor de Liu He, su actual titular. Ni el gobernador de su banco central, Yi Gang, o el regulador bancario, Guo Shuqing están en la terna final.

Las quinielas de analistas del mercado, observadores internacionales y cancillerías occidentales se decantan por He Lifeng, otro amigo personal del presidente y alto cargo local de la provincia de Fujian. He hizo crecer el PIB, pero sin una distribución de riqueza real, y es un entusiasta del Belt & Road Initiative, la Nueva Ruta de la Seda auspiciada por Xi, a la que no duda en tildar de alternativa al libre comercio de la OMC.

Los puntos débiles del modelo productivo chino

La consigna de Xi se asemeja al símil lanzado por el ex primer ministro sueco Goran Persson al explicar a sus homólogos en el tránsito del milenio las claves del éxito del milagro económico sueco: “Nuestra economía -decía- es como un abejorro, del que nadie piensa que con un cuerpo tan pesado y unas alas tan cortas pueda ser capaz de volar, pero lo hace”. Persson se refería al plan de reformas estructurales constantes y a la intensa iniciativa privada en las plazas bursátiles que permite al Estado financiar el suculento estado de bienestar al que la sociedad civil sueca no está dispuesto a renunciar. Salvando las comparaciones, el mastodóntico modelo productivo chino tiene ante sí una notable reconversión si desea mantener su ritmo de crecimiento y poner en jaque la hegemonía empresarial, tecnológica y monetaria de EEUU.

Li y su arquitecto financiero deberán dar un revestimiento económico a la proclama de Un hombre, Una ideología, Un Partido inculcada por Xi y el PCCh con esta hoja de ruta marcada: aumentar, en el ecuador de este siglo, la renta per cápita china hasta niveles similares a los de las potencias industrializadas. Después de haber duplicado el tamaño de su PIB a finales de los ochenta y de elevar la prosperidad y la calidad de vida de sus ciudadanos al traspasar el actual milenio. Es la argamasa conceptual que el presidente chino ha usado para unir la doctrina política con el recetario económico tras mandar revertir el rumbo de la economía al inicio de su mandato en 2008 hacia los patrones occidentales. En torno a las tres cuartas partes de sus PIB se generan con demanda interna; es decir, a través del consumo de los hogares y de las inversiones empresariales.

Sin embargo, mientras el tándem oficial perfila la estrategia deberá contener varias vías de agua. Quizás el de más urgencia sea la recapitalización de su sistema financiero. Los bancos chinos se valoran a los precios más bajos que registraron sus rivales americanos durante la crisis de 2008. Hay crecientes preocupaciones de los inversores por los elevados ratios de deuda de la banca china, donde hay varias instituciones con elevados riesgos sistémicos por su tamaño. Se trata de mega-entidades donde hay alta participación estatal en sus accionariados, que han vivido episodios de fugas de capital de sus mercados.

El indicador bancario de la Bolsa de Hong-Kong constata la devaluación de los cuatro mayores bancos, incluido el Industrial & Commercial Bank of China. Este índice registra su cotización más débil de los últimos 11 años. En niveles de caída que guardan parangón con los descensos de JP Morgan o Bank of America durante el crash que siguió a la quiebra de Lehman Brothers. En una atmósfera de incremento de activos tóxicos y tensiones de endeudamiento, los bancos chinos mantienen sus ingresos, espoleados por el repunte del crédito auspiciado por Pekín, pero a costa de elevar sus riesgos financieros por la implantación del Covid-cero y las convulsiones del sector inmobiliario.

Con la atención en el juego geopolítico global, “no hemos prestado toda la atención que merece a la coyuntura china, que muestra signos de deterioro estructural en el orden interno y de recibir presiones externas de cara al futuro por la amenaza de recesión”, avisa Sehn Meng, director en Pekín de Chanson. Y “los bancos deberían instaurar más requerimientos y resistencia con estrés test si desean recuperarse de la toxicidad de sus activos y obtener réditos de sus préstamos e hipotecas”, añade. En un momento en el que la banca china suministra créditos a los planes expansivos que se pusieron en marcha en la primera mitad de este año, casi todos enfocados a infraestructuras, por valor de 14,8 billones de yuanes (2,3 billones de dólares). Más del doble del aprobado por el Congreso americano y una cifra similar a la que propuso inicialmente la Administración Biden.

Doble amenaza: la prima de riesgo y la política Covid-cero

Las cuatro entidades bancarias más grandes planean seguir suministrando arsenal financiero. En concreto, por al menos otros 85.000 millones de dólares en los cuatro meses finales de este año. En especial, el ICBC y China Construction Bank, que cuenta con el beneplácito de organismos supervisores como el que regula a las entidades bancarias y aseguradoras. Su vicepresidente, Xiao Yuanqi, ve “razonable” un nivel de concesión de hipotecas del 26% de los prestamos contabilizados por el sector financiero, pese a las dudas sobre la calidad prestamista ofrecida y las opciones de pago de los clientes. La industria inmobiliaria supone el 28% del PIB y no emite señales de dinamismo desde la quiebra de la promotora Evergrande, en otoño del pasado año.

“Ligan cualquier aumento de su riesgo al crecimiento del PIB, pero sus márgenes netos se han reducido, mientras planean incrementar provisiones para hacer frente a sus endeudamientos, especialmente la de dudoso cobro, y siguen rebajando sus intereses crediticios para apoyar una economía en descenso” dice Nicholas Zhu, analista de Moody’s.

Algo no cuadra. El desajuste se ensancha ante las especulaciones cada vez más intensas a una vuelta a los confinamientos rigurosos por la Covid-19, pese al coste que supone a las cadenas de valor de las empresas y a la economía. Todo ello ha motivado una cruzada en el mercado para que se eleve en un 26% las primas de riesgo de los bancos chinos, explica Francis Chan, experto de Bloomberg Intelligence en Asia. Unas “valoraciones más ajustadas” y que debería trasladarse en la misma proporción al castigo inversor sobre la deuda soberana del país. Sólo en sus negocios vinculados al sector inmobiliario podrían perder unos 350.000 millones de dólares por el deterioro registrado en las compraventas en el tercer trimestre, avanza Lu Manyi del banco con sede en Singapur DBS Group.

A juicio de esta analista, “el mercado inmobiliario y la industria bancaria” chinas están ante un “punto de no retorno” si no se registran “signos de despegue en el primero y de dinamismo en el PIB ya a corto plazo”. Se puede desatar una fase de “volatilidad continuada” en los valores bancarios porque hasta 6 billones de dólares de capitales pueden evaporarse, según convienen en señalar varias gestoras de fondos.

En The Diplomat hablan de dos trampas en la convicción de Pekín sobre su capacidad para poner fin a la Pax Americana de la post-Guerra Fría, la guinda del giro doctrinal del PCCh. Una, de índole interna, a la que denomina de las clases medias, en un país con una renta per cápita media de 12.555 dólares en 2021 al que se le sigue confiriendo el papel de potencia exportadora de bienes de bajos costes sin haber alcanzado aún el estatus de mercado de alta tecnología y sin industrias productivas de valor añadido. Y el segundo, de índole internacional, el efecto Kindleberger, terminología que hace honor al economista americano Charles Kindleberger, que argumentaba que toda nación que se convierta en predominante debe proveer al escenario global principios de paz, seguridad, estabilidad, prosperidad o limpieza medioambiental, entre otros.

Quizás la doble intención -declarada-, de Li de imponer la digitalización, la sostenibilidad y la neutralidad energética sobre el crecimiento y de seguir al dictado el mandato de Xi de elevar la capacidad adquisitiva de la población -especialmente, los 300 millones de clase media- podrían otorgar mayores opciones a China de conseguir el cetro hegemónico global. Antes deberá sellar las grietas financiera, inmobiliaria e inversora.

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