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ANÁLISIS

¿Crece España por la inmigración o por la productividad?

29 de junio de 2026 21:47 h

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Los principales organismos internacionales reconocen que la economía española es una de las que más crece de toda Europa y entre los países de la OCDE. De hecho, según las previsiones de la OCDE y de la Comisión Europea, su crecimiento seguiría por encima del de Francia, Alemania o Italia —y de la media de la zona euro— en 2026 y 2027.

La gran pregunta que alimenta el debate es si ese crecimiento se sostiene porque hay más gente trabajando o porque se está produciendo una transformación estructural. En este análisis aportaré algunos datos que nos ayuden a hacernos una idea de lo que está pasando.

Para contextualizar el debate debo recordar que el Producto Interior Bruto (PIB) que articula gran parte del debate económico es únicamente el valor monetario de los bienes y servicios que produce un país en un determinado período de tiempo. En términos absolutos, eso significa que si hay más gente trabajando, el PIB será mayor. Al mismo tiempo, si un país consigue producir cosas de más valor empleando a los mismos trabajadores (o el mismo tiempo de trabajo) también crecerá el PIB. Para los fines de este artículo estos son los dos grandes mecanismos que pueden explicar el crecimiento económico. Al primer tipo se le llama crecimiento extensivo porque depende de añadir más trabajadores, mientras que al segundo se le llama crecimiento intensivo porque implica usar “mejor” los factores productivos existentes.

Dicho esto, por lo general una economía que crece extensivamente enfrentará límites de manera más rápida: es improbable que el ritmo de crecimiento del número de trabajadores se mantenga en el tiempo. Además, formar trabajadores cualificados, que son los que generan más valor, es difícil y es raro que la entrada masiva de personas tenga esas características. Por esa razón se considera un tipo de crecimiento poco atractivo. Por otro lado, crecer intensivamente es un proceso potencialmente más sostenible porque depende del aumento de la productividad (aunque también hay límites, como los ecológicos). Respecto a la economía española, los analistas más conservadores aducen que el crecimiento es débil porque es del primer tipo, mientras que otros consideramos que hay elementos que apuntan a que también se está produciendo una transformación estructural, aunque modesta.

Por suerte, existen procedimientos para descomponer el PIB y contrastar qué tipo de crecimiento se está produciendo. En la nota final indico cómo se hace metodológicamente, pero el que utilizo aquí es básicamente una transformación logarítmica que permite descomponer el PIB en cuatro factores: población, tasa de empleo, intensidad de trabajo y productividad por hora. Utilizando datos de Eurostat para el período 2022-2025 y en crecimiento acumulado, obtenemos los siguientes datos para algunas economías seleccionadas de la Unión Europea.

Lo que nos dice esta tabla es que el crecimiento de España se debe tanto al aumento de la población y de la tasa de empleo como al avance de la productividad por hora. De la muestra, España es el país donde más ha crecido la población; y, como la tasa de empleo crece aún más, sabemos que el empleo ha aumentado más deprisa que la población: buena parte de quienes han llegado están en edad de trabajar y se han incorporado al mercado laboral. Conviene notar, además, que las horas por ocupado caen (−1,3), señal de que la jornada media se acorta —probablemente por más parcialidad—, de modo que el empuje laboral viene del número de personas que trabajan, no de que cada una trabaje más horas. Así pues, el crecimiento del número de trabajadores explica una parte importante del crecimiento económico reciente.

Cabría esperar que esa entrada de trabajadores tirase de la productividad por hora hacia abajo: si los nuevos ocupados tuvieran, en promedio, menor cualificación y se incorporaran a empleos de bajo valor añadido, aportarían menos valor que la media preexistente. Es lo que suele suponerse, aunque la evidencia reciente lo matiza, pues según el Banco de España la inmigración llegada en los últimos años está más cualificada que las olas anteriores. El ejemplo más claro de ese patrón extensivo es Italia: su empleo crece con fuerza (+5,0) mientras su productividad por hora se desploma (−4,1), de modo que el grueso de su crecimiento se explica fundamentalmente por el aumento del empleo. Alemania y Austria, por su parte, ilustran un caso distinto enmarcado en su crisis industrial: ahí la productividad por hora también cae, pero acompañada de una tasa de empleo negativa, señal de que el problema no es la composición de nuevos trabajadores, sino la destrucción de empleo de alto valor en la industria.

En España, en cambio, y tal y como analizamos en profundidad recientemente, la productividad por hora crece al mismo tiempo que se crea empleo. Esa combinación es precisamente la que resulta difícil de obtener en procesos de crecimiento puramente extensivos, porque la incorporación rápida de trabajadores suele reducir la productividad media, al menos temporalmente.

Una explicación plausible de este fenómeno es que, a la vez que se produce esa fuerte entrada de población, está ocurriendo un cambio en el modelo productivo que eleva la productividad media de los trabajadores: en parte porque la inmigración reciente es más cualificada y en parte por una reasignación hacia actividades de mayor valor añadido. Es precisamente lo que apuntó el informe de Goldman Sachs al señalar que España es, entre las grandes economías europeas, donde más están creciendo los empleos de alto valor añadido. He reproducido a continuación el gráfico que sostenía tal argumento.

En resumen, la economía española está creciendo por una combinación de crecimiento extensivo (más trabajadores) e intensivo (más productividad por hora). Las dos interpretaciones que a priori parecían enfrentadas son, en realidad, compatibles. Y eso tiene mérito, porque sus lógicas tienden a oponerse: que ambas convivan indica que la transformación estructural está teniendo una fuerza suficiente para compensar el efecto composición de sumar más trabajadores.

Los avances obtenidos hasta ahora es probable que se deban en gran medida a los incentivos introducidos por los fondos NextGeneration, es decir, a un tipo de política industrial que atrae capital y trabajadores hacia sectores con mayor valor añadido. El verdadero reto de futuro para la economía española consiste en conseguir que cada nueva incorporación al mercado laboral vaya acompañada de un aumento sostenido de la productividad. Si eso ocurre, lo que requiere una política industrial más activa y ambiciosa, habremos conseguido una transformación económica de la estructura productiva, esto es, de uno de los grandes problemas que ha arrastrado históricamente a nuestra economía.