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Ebro da un salto en producción y suma 4.000 empleados con la incorporación de proveedores locales

Fábrica de Ebro en Barcelona

Toni Fuentes

22 de junio de 2026 21:01 h

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La historia vuelve a dar una vuelta completa en la Zona Franca de Barcelona. Donde hace décadas nació la marca Ebro y donde más tarde se instaló Nissan, la actividad industrial vuelve a acelerarse bajo un nombre que forma parte de la memoria automovilística española. La puesta en marcha de la nueva línea de producción M1 de Ebro no solo multiplica la capacidad de fabricación de la planta, sino que supone la recuperación de antiguos y nuevos proveedores junto a trabajadores que fueron despedidos por Nissan.

El nuevo Grupo Ebro genera ya unos 4.000 puestos de trabajo entre los 2.000 de la propia plantilla y otros 2.000 de proveedores que se han ido incorporando al proceso de producción, que comenzó como el montaje final de vehículos fabricados en China por su socio Chery y que ahora ya incorporan los procesos de soldadura y pintura para convertirse en una planta “convencional” de fabricación de vehículos.

Muchos de los trabajadores que hoy ensamblan los modelos de Ebro recorren los mismos pasillos por los que durante años salieron las pick-ups y furgonetas de Nissan. Un ejemplo de ello es el propio director de producción de Ebro, Paco Durán, que dejó Nissan en el momento del cierre en Barcelona en 2020 y ha vuelto a la planta de Barcelona tras una etapa en Stellantis.

También buena parte de los proveedores que vuelven a suministrar componentes a la planta son empresas que ya formaban parte del ecosistema industrial de la Zona Franca. Una de las empresas que ha estado negociando el suministro es Gestamp, uno de los principales proveedores de estampación de plancha y con plantas en Catalunya. Esa continuidad de proveedores y empleados ha permitido acelerar una transformación que hace apenas tres años parecía difícil.

Inversiones de Ebro

“Recuperar a los trabajadores nos ha permitido ir rápido porque conocían la planta. Con los proveedores ha ocurrido exactamente lo mismo”, explica Rafael Ruiz, presidente de Ebro y primer accionista del grupo. El resultado es una fábrica que ya emplea a 1.530 personas en Barcelona y que suma 2.045 trabajadores en todo el grupo, incluidos más de 420 ingenieros y la estructura de la firma matriz (Btech). Si se añaden los empleos indirectos generados por la cadena de suministro, el impacto alcanza ya los 4.000 puestos de trabajo.

La clave del proyecto pasa por elevar progresivamente el valor añadido generado en España. Para ello, Ebro ha invertido más de 150 millones de euros en la modernización de la fábrica y en la incorporación de nuevas capacidades productivas. La nueva línea M1, que ha supuesto una inversión cercana a los 80 millones de euros dentro de ese plan industrial, incorpora más de 200 robots y permite multiplicar por tres la capacidad de producción respecto a la situación inicial.

La diferencia es visible en los ritmos de fabricación. Mientras la línea M0 arrancó con una capacidad de apenas seis vehículos por hora, la nueva M1 alcanza los 20 vehículos por hora y puede producir hasta 250 unidades al día. Con sus 696 metros de longitud y 97 estaciones de trabajo, la instalación está diseñada para fabricar hasta cinco modelos diferentes y alcanzar una capacidad potencial de 50.000 vehículos anuales a finales de 2026.

Pero el verdadero salto llegará este otoño, cuando entren plenamente en funcionamiento las áreas de soldadura y pintura, actualmente en fase de pruebas. Se trata de dos procesos fundamentales para incrementar la integración industrial de la planta y reducir la dependencia de suministros externos. La línea de soldadura dispone ya de dos instalaciones, aunque una de ellas permanece reservada para futuras ampliaciones. La sección de pintura ha requerido una inversión específica cercana a los siete millones de euros, aunque el siguiente gran proyecto previsto será la transformación de los procesos para pasar de pintura con disolventes a tecnologías base agua, una actuación que podría movilizar alrededor de 100 millones adicionales.

Incremento de ventas y facturación

La estrategia industrial tiene una consecuencia directa sobre el tejido empresarial del entorno. Entre el 70% y el 80% de los contratos de suministro se realizan ya con proveedores locales. La lógica es tanto económica como industrial. Reducir las distancias disminuye los costes logísticos, mejora los tiempos de respuesta y fortalece la competitividad de la producción española. La compañía calcula que la expansión de la red de suministradores podría generar cerca de 2.000 empleos indirectos adicionales.

El proyecto industrial se sustenta además en una alianza singular entre capital español, con importantes subvenciones y ayudas públicas, y tecnología china. Ebro invitó al fabricante Chery a participar con un 40% en la 'joint venture' que articula el negocio industrial y comercial. La operación permitió acceder a plataformas, desarrollos tecnológicos y modelos ya contrastados en el mercado internacional, acelerando la recuperación de la actividad en una planta cuyo futuro había quedado en entredicho tras la salida de Nissan.

Los resultados comerciales empiezan a respaldar esa apuesta. Ebro cerró 2025 con una facturación de 357 millones de euros, unas ventas acumuladas de 23.500 vehículos y un margen operativo positivo. Durante los primeros meses de 2026 la compañía ha alcanzado una cuota de mercado del 2,2% en España, el doble que un año antes, y suma más de 11.000 matriculaciones hasta mayo. El grupo prevé superar los 25.000 vehículos vendidos este año y elevar la facturación por encima de los 600 millones de euros.

La compañía ya trabaja además en el siguiente paso de su hoja de ruta: la fabricación de un vehículo eléctrico compacto en Barcelona a finales de 2026 o principios de 2027, junto al inicio de producción de modelos de las marcas Omoda y Jaecoo de Chery en las mismas fechas. La nueva línea M1 ha sido diseñada para asumir esa producción sin necesidad de grandes modificaciones, reforzando el objetivo de convertir la planta catalana en un centro de fabricación multienergía para el mercado europeo.

Mientras tanto, la antigua Nissan continúa transformándose en algo distinto. Ya no es únicamente una planta de ensamblaje, sino el núcleo de un ecosistema industrial que vuelve a ganar peso en Cataluña gracias a la combinación de inversión, tecnología y proveedores de proximidad.

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