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El oro de Moscú

El presidente ruso, Vladimir Putin. EFE/EPA/Gavril Grigorov/Spuntnik/Kremlin
7 de agosto de 2026 22:13 h

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Euroclear no lo tenía claro. Hace tiempo que no lo tiene. Su directora ejecutiva, Valérie Urbain, tembló cuando se enteró por la prensa de que la Comisión Europea pretendía confiscar los 210.000 millones de euros que el Banco Central de Rusia tiene depositados en esta central de valores con sede en Bélgica y que están congelados desde el inicio de la invasión a Ucrania. Que el Kremlin no pueda tocar su dinero debido a las sanciones es algo a lo que pretenden acostumbrarnos. Pero, que lo cojan de su caja fuerte y se lo regalen a Ucrania, no por repetido insistentemente deja de causar asombro. Y también protestas, incluso desde algunos Estados e instituciones Europeas.

Bueno, pues lo han hecho. Lo han vuelto a hacer. Bruselas no ha tomado el capital, pero sí sus intereses. Hace unos días, la Unión Europea (UE) “recibió” 1.400 millones de euros en “beneficios inesperados” generados por los intereses sobre los saldos de efectivo originados en activos inmovilizados del Banco Central de Rusia en poder de Euroclear. Toma el dinero y corre. Hace nueve meses del toma y daca entre la Comisión y el Consejo por el veto de varios países, léase Italia, Hungría, Eslovaquia, República Checa, Bélgica… Éste último, primer responsable de su devolución en caso de que Rusia ganara la guerra, temblaba. Porque de eso se trata, del botín de la guerra de Ucrania que Bruselas espera repartirse al prever que Rusia perderá esta contienda.

Pero…, ¿y si no se cumple lo que por ahora es sólo un desiderátum? Hasta ahí llegó el Consejo de diciembre del año pasado, que no pudo aprobar la incautación del capital pero que sigue confiscando los intereses, eufemísticamente denominados “beneficios inesperados”, para dárselos a Ucrania como anticipo. Esta cantidad marca la quinta transferencia de ese tipo, después de un cuarto tramo entregado en abril a la guerra de Ucrania por un valor de otros 1.400 millones. Desde su inmovilización, los activos rusos han generado un total de 8.000 millones de euros en “ganancias inesperadas”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo explicó así: “Rusia debe pagar por la destrucción que ha causado”.

“Si bien los activos en sí permanecen inmovilizados, el interés de los saldos en efectivo no pertenece a Rusia”, justifica la Comisión, alegando quedan fruto debido a su inmovilización y, por tanto, pertenecen a quien los inmoviliza. ¿Lógica clásica, lógica matematica? Y, por ello, se le entrega a Ucrania como ingreso no reembolsable, es decir, que no están obligados a devolver, a través del Mecanismo de Cooperación en Préstamos de Ucrania.

Hasta aquí las cuentas en conflicto. ¿Y qué dice Rusia? En diciembre pasado demandó a Euroclear ante el Tribunal de Arbitraje de Moscú, que falló en contra de la empresa belga, cuya directora se había asustado meses antes y con razón. La sentencia obliga a la central de valores a pagar 220.000 millones de euros en concepto de indemnización por bloquear el dinero del Banco Central de Rusia (BCR), del que tiene la custodia.

Además de otras batallas jurídicas ante un juzgado belga y ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que se siguen lidiando entre el BCR y Euroclear, existe el temor de que otros activos que custodia Euroclear fuera de Europa puedan ser embargados. Y es que esto ya lo anunciaron el Tesoro estadounidense y FMI. Ya en 2024 su presidenta, Christine Lagarde, se opuso rotundamente a la confiscación de los 210.000 millones de euros rusos depositados en Euroclear. La razón es que están bajo la jurisdicción de la UE y del propio BCR, debido al régimen jurídico que se le aplica a través de las sanciones a Rusia. Ello significaría una falta de credibilidad y confianza ante el mercado financiero internacional y otros países o bancos de inversión que pretendieran confiar sus activos en territorio de la Unión.

Según informó entonces el Financial Times, “Lagarde advirtió que la propuesta de Estados Unidos de utilizar más de 260.000 millones de euros de activos rusos congelados para financiar los esfuerzos bélicos de Ucrania corre el riesgo de transgredir el derecho internacional”. Véase de quién partió la feliz idea, de Estados Unidos, durante una cumbre del G7. No obstante, ninguno de sus miembros ha acometido esta sugerencia. Sólo la UE sigue empeñada. Es más, la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, ya advirtió en 2022 que “no sería legal que Estados Unidos incaute los activos congelados del Banco Central ruso para ayudar a la reconstrucción de Ucrania tras el fin de la invasión rusa”. Aquí, ni siquiera hemos esperado a su final.

Y, efectivamente, ni Estados Unidos, ni el Reino Unido o cualquier otro país de Occidente con fondos soberanos rusos en su territorio se ha atrevido a incautarse de un botín de guerra antes de conocerse el resultado de esa guerra. Es más, ni siquiera tras finalizar la II Guerra Mundial hubo una incautación masiva del tesoro depositado por el III Reich en Suiza. En su lugar, el Banco Nacional Suizo compró y aceptó toneladas de oro expoliado por los nazis -incluyendo el de víctimas de campos de concentración- a cambio de divisas.

La Unión Europea parece tenerlo más claro, convencida de nuestra victoria. En diciembre de 2025, el Consejo decidió prohibir las transferencias de activos inmovilizados del Banco Central de Rusia de manera permanente, en base al Reglamento (UE) 2025/2600 “sobre medidas de emergencia ante las graves dificultades económicas causadas por las acciones de Rusia en el contexto de la guerra de agresión contra Ucrania”. Es decir, su congelación sin fecha límite.

Porque no, el Consejo Europeo no se atrevió a abrir la Caja de Pandora, perdón, la caja fuerte rusa custodiada por Euroclear, y coger el dinero contante y sonante, pese a que su uso por el Kremlin constituiría “un desafío existencial para la Unión”, según se justifica en esa ley. Se limitó a seguir recogiendo las migajas de los intereses generados por el capital congelado, el oro de Moscú.

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