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"El propietario subió 150 euros el alquiler y les quitó una cama. No le pueden denunciar porque no tienen papeles"

Abusos a inmigrantes en el alquiler de pisos en Madrid.

Acabo de leer los abusos por parte de unos señores que se hacen pasar por propietarios y arrendan el piso y las habitaciones esperando a que los auténticos propietarios se encuentren de vacaciones.

Quería contar unos abusos que están pasando unos amigos. Están desesperados y no saben qué hacer.

Son una pareja de alrededor de 40 años y tienen una hija de 21. Han venido de Perú hace poco. Por su situación, no podían coger un piso a su nombre hasta tener documentación o tarjeta residencia. Se han alquilado una habitación pequeña con dos camas en el barrio de Alto de Extremadura, en Madrid, por 500 euros y además pagan los gastos de los servicios (agua, luz, calefacción...).

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Un burofax trajo la trágica noticia: "Ante el inminente fin de su contrato, el dueño ha decidido subirle 225 euros el alquiler mensual"

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Edificio de viviendas nuevas en venta y alquiler.

Mi historia, por desgracia, es una historia compartida por muchas otras personas. Es una historia que tiene dos antagonistas: la precariedad laboral y la especulación inmobiliaria. Yo, el protagonista, he sido expulsado de diferentes lugares por la ambición de mis enemigas. De una ciudad me tenía que ir porque venía la precariedad y cuando estaba instalado en el siguiente lugar, llamaba a mi puerta la avariciosa especulación en forma de hombre trajeado.

Mi historia hasta hoy es una historia de huida, de búsqueda de ese pueblo galo que resiste a los invasores y que protege a sus ciudadanos de los enemigos del Estado. Pero estoy cansado de huir, no creo que exista ese pueblo galo irreductible y eso significa que las antagonistas de mi historia se han hecho con el poder de todo el territorio.

Así que no me queda otra más que enfrentarme a ellas, mirarles a la cara y decir que NO, que NO PASARÁN, que NO vivirán más de mí, que saldré a la calle y que me encontraré con otros buscadores cansados ya de huir y dispuestos a decir NO de manera colectiva.

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"Voy a renovar. ¿Por qué? Porque no puedo buscar otro piso, otra mudanza, el mercado está fatal y estamos desamparados ante los abusos"

Vivienda en alquiler.

Hace tres años que vivo en Barcelona, primero compartía piso con cuatro personas más, y tras dos años decidí buscar un estudio para mí porque no podía seguir en el piso en el que estaba. Aunque parecía imposible encontrar algo decente en la jungla del alquiler de esta ciudad y en menos de dos semanas, para mi sorpresa, encontré un estudio en pleno centro de Barcelona; en el barrio del Eixample, a dos calles de Paseo de Gracia. Incluso el precio parecía razonable dada la situación: 610 euros con el agua incluida por 28 m2, pero con estancias separadas, ascensor y luz natural. Había visto estudios de una sola estancia por 800 euros, por lo que este precio por mi estudio, su localización y 'prestaciones' me pareció un regalo caído del cielo.

Las complicaciones empezaron con la gestión del alquiler: tuve que pagar 2.000 euros de entrada (1.200 euros de fianza más cerca de 800 euros de fee de la agencia). Y tenía que traerlo en efectivo. ¿Por qué?, pregunté: "Aquí las cosas las hacemos así", me contestaron. No quería perder el piso, así que accedí. También me dijeron que el contrato era a un año: "Ya no hacemos a cinco años". La presión era alta. Me avisaron: "Tienes que decidirte ya porque tenemos a otra chica esperando también con pre-reserva".

Un año después me tocaba renovar el contrato. Pregunté a algunos vecinos para saber cómo funcionaba y me dijeron que tenía que recibir por email una carta de fin de contrato y contestar que sí quería renovar para activar el proceso. Esa carta no me llegaba, por lo que fui a la agencia un mes antes de la finalización del contrato y pregunté qué sucedía. Aquí empezó la fiesta.

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"La agente inmobiliaria me informa con toda la desfachatez que, como se trata de una VPO, no podría empadronarme"

Edificio con varias viviendas en venta.

Mi nombre es Amalia, me quedan pocos años para cumplir los 60 y jamás he comprado una vivienda: Ni me lo he podido permitir, ni el sentido de la propiedad ha sido nunca una de mis prioridades. Hoy, por lo visto, soy una "irresponsable".

He vivido de alquiler desde que me separé del padre de mi hija, cuando aún no había cumplido los 30 años, así es que llevo casi treinta viviendo de alquiler. Se puede decir que soy la eterna inquilina y jamás he sentido el miedo, la angustia, la ansiedad y la desprotección que estoy sintiendo en estos momentos en que, por circunstancias de la vida, tengo que afrontar una nueva mudanza, en este caso, no solo de vivienda sino también de ciudad.

Sigo con atención vuestras "Historias del alquiler" y me he visto reflejada en muchas de ellas. En el mes que llevo buscando piso para alquilar, os puedo asegurar que me he encontrado en varias de esas situaciones, condiciones leoninas de los fondos de inversión, peticiones de dos y tres meses de fianza en viviendas sin muebles, anuncios de "Bajo soleado" cuando en realidad se trataba de un sótano sin ningún tipo de ventilación, etc.

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"Cuando me mudé habían quitado la ventaja fiscal por alquiler así que no me importó que la casera no declarara el piso"

Edificios de viviendas en Barcelona.

Me gustaría contar nuestra historia, nuestra historia no es la peor pero es la nuestra.

Creo que es vital hacer difusión más allá de nuestros familiares, amig@s o sindicatos de barrio. Se nos expulsa de nuestras ciudades y barrios, esto implica romper la red, el tejido social, dejar de ir a nuestra panadería o a nuestra frutería representa más que el hecho en sí: se nos aparta físicamente, se nos separa, se nos aliena.

Nosotras no parábamos de escuchar historias de amigas y conocidas pero hasta que no nos ha tocado supongo que no lo hemos entendido. Cuando me mudé, hace unos cinco años, hacía relativamente poco que habían quitado las ventajas fiscales por alquiler así que no me importó demasiado que mi casera no declarara el piso.

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"Estuvimos cerca de dos meses conviviendo con 50 cucarachas pero no nos dejan tener mascota"

Edificios de viviendas.

Mi nombre es Manuel y esta es mi historia del alquiler junto a mi pareja en tres pisos desde el 2017.

En verano de 2016 decidimos independizarnos (tenemos la gran suerte de poder hacerlo) y buscar pisos. Lo que vemos es tan horrible que se nos va quitando la idea hasta enero de 2017, en el que vemos un piso que nos gusta y no es excesivamente caro (750 euros por 60 metros cerca de Cruz del Rayo). Nos habían gustado otros pisos, pero ni siquiera pudimos verlos, ya que 10 minutos antes de la cita nos llamaban diciendo que ya estaba alquilado, incluso cuando la primera cita éramos nosotros.

Conseguimos ver el piso a través de una agencia. El piso estaba muy bien, pero veo algo que no me gusta, el de la agencia me dice que no nos preocupemos (más adelante sabréis el qué) y le preguntamos si permitía mascotas. La agencia nos dice que si, pero luego el casero nos lo prohíbe, aceptamos. En el momento de la firma ni nos mira a los ojos. Después de 3 meses viviendo, veo en la cocina de nuevo el problema visto en la primera visita: una cucaracha muerta. Le pregunto a mi pareja y me dice que ya es la cuarta que ve, pero que no me ha querido decir nada. Ponemos trampas hasta que empiezan cada día a aparecer 3 o 4 cucarachas por la mañana. Hablamos con el casero y lo primero que nos dice es: "Bueno, si es solo en la cocina tampoco pasa nada". 

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"Queremos volver a España pero se nos quitan las ganas: en Suiza no nos han subido, sino bajado, el precio del alquiler"

Ciudad de Ginebra/Flickr CC

Os escribo porque suelo leer con bastante atención las historias de alquiler que publicáis. Yo no vivo en España, pero de alguna manera me dedico también al sector construcción/inmobiliario y sigo con atención lo que sucede allí y aquí (Suiza, donde resido).

Desde que salí de España, como no, por la crisis, hace ya casi diez años, he residido en dos ciudades suizas y en tres viviendas. Los cambios de vivienda han sido por aumento de familia (nacimiento de mi primera hija) o por traslado de ciudad.

Siempre hemos tenido contratos indefinidos y bien regulados. Nunca nos han aumentado el precio del alquiler, al contrario, nos los han bajado regularmente. ¿Por qué? Muy sencillo. Aquí los precios están unidos, básicamente (aunque es todo un poco más complejo) a los tipos de interés hipotecarios. Es decir, si al propietario le aumenta la cuota de su hipoteca, te puede aumentar el alquiler. Pero si le desciende el tipo, y por tanto la cuota, como hemos vivido en estos últimos diez años, el inquilino tiene derecho a que se le repercuta ese descenso. Al final, no son grandes cantidades (la última fue un -1.7%), pero da mucha estabilidad.

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La otra inquilina que me subalquilaba la habitación me dijo: "Tú eres estudiante y vas a estar en la casa más tiempo que nosotros. Tienes que pagar más gastos"

Edificios de viviendas en Madrid.

Me tocaba irme a Madrid. Después de estudiar y trabajar en varios países, me tocaba irme a la capital a probar con el billete de lotería que resultan ser los máster 'a ver si' conseguía un trabajo, por lo que la fecha de llegada sería septiembre.

Como mujer previsora que soy y sabiendo ya un poco el panorama que me iba a encontrar, fui en julio a comenzar la búsqueda in situ y realizar las visitas. Había de zulos a prisiones. Los primeros, habitaciones sin ventana o sin luz, en condiciones mugrientas y con muebles rotos. Los segundos, habitaciones en casas de señoras mayores, en mejores condiciones al menos, pero no se te ocurra subir con nadie ni para un café.

Tras varios días de patear calles, encontré un piso que parecía la mejor de las suertes: al lado de Atocha, 240 euros con gastos aparte, ¡tenía ventana! y la casa estaba impoluta, de esas en las que se puede comer sopa en el suelo, que es lo que mi salud mental necesitaba después de diez años compartiendo piso en diferentes partes del mundo. Pero claro, detrás de esa limpieza estricta, también hay alguien estricto. "A ver si lo barato me va a salir caro", le predije a mi madre por teléfono.

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"La arrendadora me amenazó con zanjar el contrato, ya que al vivir con mi pareja comparto la vivienda con una persona ajena al contrato"

Edificios de viviendas.

Mi nombre es Javier (nombre ficticio), tengo 26 años y vivo en el barrio de Chamberí (Madrid). Me gustaría contaros mi historia con el alquiler: 

Me mudé a un piso de 40m2, con ventanas velux (poca luz), ya que es un ático o un antiguo desván transformado en vivienda. Me mudé aquí junto con un amigo que estaba estudiando. Firmamos un contrato por 800 euros en junio de 2017. Por esa época el precio ya empezaba a ser un "chollo". Sin embargo, en mayo de 2018 mi amigo se fue, una vez que terminó sus estudios. Me quedé yo solo pagando el piso, ya que en febrero mi pareja se vendría a vivir conmigo y la verdad, tal y como estaban los precios ya en 2018, me compensaba pagar unos meses más y aguantar a ese precio, al menos hasta 2020, fecha en la que se me terminan las prórrogas obligatorias del contrato.

Esta situación se la comenté a la arrendadora que como conocedora de mi situación se ofreció amablemente a reducir la renta y dejarla en 750 euros hasta febrero de 2019 (que vendría mi pareja). A partir de entonces, yo me ofrecí a pagar 900 euros, para compensar la reducción en momento de pleno auge y dado que me parecía una subida elevada, pero razonable.

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"Piden varias nóminas para alquilar, que todavía no tengo porque vengo del extranjero. Así que estoy en casa de mis padres"

Edificios de viviendas.

Estoy en plena búsqueda de casa, tras haber estado tres años viviendo en el extranjero.

Antes de irme de Madrid estuve viviendo en el barrio de Salamanca con compañeras en un piso muy grande, hasta teníamos una habitación que dejábamos para invitados. Pagaba 450 euros por la habitación. En esa época se decía que estábamos en un mal momento y estaban los precios altísimos. Cuando mis compañeras se fueron, ayudé a buscar nuevos inquilinos y las visitas decían que por ese precio podían encontrar habitaciones y piso aún más grandes y más modernos. El propietario bajó el precio a 350 euros y, aun así, costó encontrar inquilinos. Yo encontré un estudio más cerca de mi trabajo por 400 euros y me mudé.

Un par de años más tarde decidí probar suerte trabajando en el extranjero. Tras un tiempo quise volver a estar con mi familia y mis amigos y Madrid es donde sentía mi hogar. Hasta que empecé a buscar piso.

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