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"Cuando pedí que pararan de molestar me contestaron: 'Es lo que pasa por vivir bajo un piso de alquiler vacacional"

Calle de Málaga

Hola, me llamo Isabel y tengo 28 años. Vivo en Málaga centro, comparto un piso y somos cuatro personas en total. Gente joven con sueldos que no llegan ni a los 900 euros. Me gustaría contar una de tantas historias que se sufren viviendo bajo un piso de alquiler vacacional.

Domingo a las diez de la noche. Un grupo de chavales llega al piso liando follón. Subo y les digo que no hagan ruido a partir de las doce de la noche, que trabajamos, a lo que me responden que no nos preocupemos.

A las dos de la mañana vuelvo a subir, ya que habían puesto música, y eran ya más de quince personas en el piso. Les vuelvo a decir que corten el rollo y uno de ellos me contesta: "Es lo que pasa por vivir bajo un piso de alquiler vacacional".

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“Se me ha derrumbado el techo del baño y ni la propietaria ni la vecina de arriba se hacen cargo”

Edificio derrumbado en Cantabria

Mi nombre es Pablo. Llevo un año de alquiler en un piso de tres habitaciones, en la provincia de Málaga, por 500 euros al mes. Es un piso de los años 40, al que han dado una mano de pintura para que parezca nuevo. Aún así quiero quedarme en el piso porque los alquileres están subiendo mucho.

Me llevaba bien con la propietaria y no había tenido ningún problema. Pero desde hace 7-8 meses tengo el cuarto de baño inutilizable porque el techo del cuarto de baño se me ha caído, los escombros llevan ahí desde entonces.

La propietaria de mi piso dice que eso es problema de la propietaria de arriba y sus respectivos seguros no quieren hacer nada porque ponen trabas y le echa la culpa a la comunidad. He demandado a mi propietaria para obligarle a la reparación y la vecina de arriba no colabora cuando mi perito debe entrar en su vivienda. Esta vecina me dice que yo soy inquilino y que quien puede entrar es el perito de la propietaria de abajo porque los inquilinos no pueden demandar porque no es su piso. Ambas propietarias son familiares.

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"Dada la excesiva mercantilización de un bien necesario como es la vivienda en las grandes ciudades, es aconsejable huir"

Paisajes de Villacarriedo (Cantabria)

Me llamo Santiago, en el año 2006 marcho al exilio, de nada ha servido la educación y los conocimientos adquiridos en mi país, solo hay trabajo en la obra y el supermercado para alguien que carece de influencias. 

Me han concedido una beca para estudiar en Asia. He presentado un proyecto para unificar los conocimientos científicos de occidente con los conocimientos tradicionales de Oriente (soy licenciado en biología especialidad molecular).

Allí comienza la burbuja en inmobiliaria en 2010, deja vù. Además, mi hija empezaba a crecer, había que escolarizarla y no queríamos criarla en un ambiente de obsesión por la competitividad como el que hay en China.

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"No sé que pasará finalmente, pero si esto no cambia, por desgracia tendré que irme de mi barrio ¡a los 61 años!"

la subida de los precios del alquiler está sacando a las personas mayores de los barrios donde han pasado toda su vida.

Tengo 61 años y vivo en "mi barrio" desde siempre. En la zona de Chamartín - Ciudad Jardin/Prosperidad. Por desgracia mi zona ahora es de las más caras que hay y la búsqueda de alquiler es imposible. He cambiado varias veces de casa y, por desgracia, me temo que dentro de poco deberé irme de nuevo porque los precios son prohibitivos.

En el que ahora vivo, llevo 11 años, y he pasado TODA LA CRISIS pagando 900 euros al mes (antes pagaba casi 1.200 porque el IPC me lo iba subiendo) pero hablé con la arrendataria y quedamos en este precio.

La arrendataria no sabe lo que es un problema conmigo, no ha tenido jamás quejas de mí o de mi familia: he pintado parte de la casa, he arreglado las ventanas que se han deterioradas por los años, todo pagado de mi bolsillo. Ahora que la crisis ha pasado (eso es lo que dicen) quiere subirme el alquiler 100 euros.

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"La propietaria de mi nueva casa es la que acababa de echarme de la anterior. Decía que estaba mayor para alquilar pisos"

En noviembre de 2017, estaba compartiendo piso con tres chicas de las cuales sólo una estaba en el contrato, pagábamos 1.100 euros por un piso de 4 habitaciones, situado cerca de la estación de Delicias, en Madrid.

Cuando mi compañera que estaba en el contrato decidió irse a vivir con su pareja, se lo comunicó a la propietaria diciéndole que yo, que tengo contrato de trabajo indefinido, firmaría en su lugar. La propietaria se negó alegando que iba a vender el piso porque ya estaba muy mayor para andar alquilándolo.

Tras esta agradable sorpresa me vi a principios de diciembre buscando un piso donde mudarme el 1 de enero. Decidí juntarme con dos amigos que casualmente llegaban a Madrid y buscamos un piso de 3 habitaciones. Tras varias visitas, finalmente encontramos uno que nos convencía, 1.200 euros por un piso de 3 habitaciones (dentro de la media de lo que había por el barrio). Lo tuvimos que hacer a través de inmobiliaria ya que no encontramos ni un solo anuncio de particular en el tiempo que estuvimos buscando y las dos visitas al piso que nos hizo el agente inmobiliario nos costaron 1.200 euros + IVA.

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Una subida del 41%, obras que no terminaron y un mes para encontrar otro sitio: así me echaron de mi último piso

Era el último día de julio. Estaba a una semana de marcharme de vacaciones, con todos los planes hechos, pero tenía una cita pendiente: una reunión con mi casera. Ella no me anunció nada por teléfono, y me aseguró ante mi preocupación que no había ningún problema. Cuando me senté con ella, llegó la sorpresa: quería subirme el alquiler de mi piso en el centro de Madrid de 600 a 850 euros. Un 41% más por un sitio de menos de 25 metros cuadrados. Según ella, porque necesitaba que el piso estuviese declarado. Algo que en dos años no había hecho.

Tras el shock, le pregunté las razones de esa subida. Un nuevo precio que obviamente no podía permitirme y mucho menos iba a aceptar por tratarse de una evidente especulación con la vivienda. El motivo, según ella, es que quería "ponerlo legal" con Hacienda. Algo que yo le pedí durante los dos años en los que estuve alquilado; ella siempre se negó alegando que tendría que ponerlo mucho más caro. Por supuesto, tampoco había depositado la fianza en el IVIMA, el Instituto de la Vivienda de Madrid, cuando llegué en 2016.

Pero lo de declarar el piso no era la única razón plausible de esta subida de, repito, un 41%. En un momento dado, dijo que el piso no le salía rentable. Y que, por tanto, necesitaba ganar dinero con el piso para financiar unos supuestos problemas que decía que tenía que afrontar. Vamos, que su idea no era otra que especular con un piso en el centro. Todo, en medio de una burbuja del alquiler ante la que yo estaba aterrorizado, y por eso no quería moverme de ese piso.

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"Debe reflexionarse sobre la poca protección que tiene el propietario ante los impagos y el maltrato a la vivienda"

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Hace 16 años que resido en el exterior y vivo de alquiler. Hace años también que quiero volver a España y no puedo hacerlo, por la imposibilidad de encontrar un puesto de trabajo en mi país. En este tiempo que he estado fuera, mi vivienda en España ha estado alquilada para poder hacer frente a la hipoteca, ya que yo me veo obligada a hacerme cargo de otro alquiler en el país en el que estoy desplazada. 

En julio, los últimos inquilinos me devolvieron la vivienda en un estado absolutamente deplorable. En la cocina falta un armario y el exterior de otros dos está seriamente dañado, el interior de otros tres es irrecuperable y el resto necesitaban horas y horas de limpieza. La lavadora y la nevera no funcionan. La encimera de la cocina tiene varios agujeros. Falta la bandeja del escurreplatos, que no se puede encontrar con facilidad porque era hecha a medida. La cantidad de grasa dentro y fuera de los armarios es tremenda. Han robado tres lámparas y plafones. La casa está llena de agujeros, aunque se les dio recién pintada y limpia y se invirtieron 1.500 euros en mejorarla entre el anterior inquilino y este.

Hay agujeros también en los azulejos del baño, en las puertas de madera y en uno de los armarios, de madera sin pintar, con lo que es irreparable. Faltan tres sofás, un sillón, estanterías, baldas, lámparas, armarios, mesillas de noche y otros muchos muebles y cortinas con los que se alquiló. He tenido que pagar a alguien para que la vaciase y tirase todos los muebles, que estaban destrozados y sucísimos. La casa estaba llena de basura. 

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"Llevo más de 7 años viviendo en Madrid y jamás un casero me había hecho pagar la comunidad ni dar tantas credenciales"

Zona del Paseo de Extremadura por el que transcurre la A-5

No es la mejor historia, pero sí que es una más.

Hasta hace unos días, he estado alquilado en un piso en el Paseo de Extremadura (Madrid) durante un año.

El dueño, un señor de un pueblo de Guadalajara, muy majo pero consciente de que lo que tenía era una joya, a pesar de su mal estado.

El piso era de 36 metros construidos, distribuidos en un salón en forma de pasillo, un baño sin ventanas ni ventilación, una cocina con puerta corredera que en el pasado fue una terraza y una habitación que estaba bien, pero cuya ventana estaba en mal estado, mal tapiada, y entraba mucho frío en invierno. El piso a pesar de tener todo en doble ventana (un primero en el Paseo de Extremadura lo exige por el ruido constante) era imposible de climatizar con la calefacción. Cuando se apagaba, el piso se enfriaba en apenas dos minutos.

Por este piso el casero pedía 650 euros, precio que puede llegar a ser aceptable si no tienes en cuenta que también me hacía pagar la cuota de la comunidad: 41 euros (que después subió a 44 durante el año).

Cuando fuimos a ver el piso, mi novia y yo pasamos el ya típico casting de 30 personas, finalmente nos eligió a nosotros –y nosotros a él– aunque nos aguardó una primera sorpresa: Nos dijo que el piso eran 650 euros y otros 31 euros de comunidad; pero al día siguiente me llamó para decirme que no, que eran 41 euros de comunidad, que se había equivocado. Un pequeño percance que, dada la demanda en Madrid, no puedes negociar como inquilino, porque si no, pasan de ti (y nos costó dos meses que nos dieran por fin un piso).

El señor se blindó. Llevo más de 7 años viviendo en Madrid y jamás un casero me había hecho ni pagar la comunidad, ni tener que darle tantas credenciales para alquilar el piso. Lo que quería, claro, era firmar un seguro de alquiler con una cuota lo más reducida posible. Pidió:

- Dos meses de fianza (1.300 euros)
- Nóminas y contrato de trabajo
- Aval, con su respectiva nómina y declaración de la renta

El piso tenía los muebles viejos, casi de desecho. Las puertas no cerraban ninguna, la cocina era un asco, y aun así conseguimos organizar la vivienda para quedara habitable. Conseguí que me cambiara la lavadora, de los años 70, después de tener que demostrarle en varias ocasiones que el lavado manchaba la ropa blanca y que ni tragaba el detergente. También conseguí que se llevara una mesa redonda, de las antiguas en las que se instalaba un brasero por debajo. Nos ocupaba la mitad del salón y nos costó la vida que se la llevara, la conversación telefónica fue la siguiente:

- Yo (Jorge): Enrique, llévate la mesa por favor, que no nos cabe, y queremos poner una 'cuadradita' nuestra, más pequeña

- Casero (Enrique): ¿Y yo donde la meto?

- Yo (Jorge): Pues no lo sé, la verdad es que no está en muy buen estado, puedes llevártela al pueblo o tirarla

- Casero (Enrique): Hacemos una cosa, yo tiro la mesa y tu me dejas en el piso cuando te vayas otra igual

- Yo (Jorge): Mmmmm... vale (dije esto porque sabía que al final no me dejaría que la tirara, y acerté)

- Casero (Enrique): No no, espera, que me la llevo yo

Al final vino a por la mesa, y se la llevó. Pues bien, hace apenas unos días, me recriminó que no haya dejado una mesa, yo le dije que él se la había llevado, que en ningún momento la tiré yo, y que yo no sabía lo que él habría hecho con la mesa, y que por eso ni le había dejado ni le iba a dejar la mesa. Tras una discusión importante, finalmente me dio la razón.

Acordamos que me devolvería 1.100 euros de la fianza, de los 1.300 totales. Se reservaba 200 para las facturas que quedaran pendientes (que me devolverá a lo largo de este mes), así que finalmente, cuando salimos del piso y consciente de que aun tenía dinero mío, yo le hice la pelota: le dije que había estado muy a gusto en su piso y que simplemente me iba porque había decidido comprar un piso (porque el precio del alquiler está por las nubes y con ayuda de mis padres he podido costearme una hipoteca más barata que el alquiler, y en un piso de mayor tamaño). El casero, recogió el elogio y esta fue la conversación:

- Casero (Enrique): No te preocupes Jorge, entiendo que compres, es ley de vida. Además yo ahora puedo alquilarlo más caro
- Yo (Jorge) me quedé blanco, no le contesté. Es decir, solo había estado un año alquilado yo, en 36 metros mal distribuidos y con muebles destruidos, pagando 700 euros ¿y un año después quería alquilarlo más caro y sin cambiar nada?

- Casero (Enrique) -al ver que me quedo en blanco- : ¿Si o no Jorge? Lo pongo más caro ¿No?

- Yo (Jorge): Haz lo que creas que es más justo, Enrique

Una historia más de cómo la liberalización y la privatización debilita al Estado. Porque si al menos el 10% de la vivienda en alquiler fuera pública, el gobierno podría marcar la tendencia de los precios ante la vivienda privada, gestionada en su gran mayoría por pequeños propietarios.

A día de hoy el Estado ni con bonificaciones a propietarios que establezcan un precio justo, ni con legislación que de herramientas a los ayuntamientos para poner un techo al metro cuadrado, ni siquiera construyendo vivienda pública, puede paliar esta burbuja.

Gracias por la sección

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"Las personas gitanas, cuando buscamos piso, lo primero que tratamos de hacer es 'esconder' nuestra etnia"

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Trinidad Jiménez: "Las personas gitanas, cuando buscamos piso, lo primero que tratamos de hacer es 'esconder' nuestra etnia"

Me llamo Trinidad Jiménez, tengo 32 años y soy de un pequeño pueblo de Asturias. Para situar esto diré que llevo años emancipada, casi siempre compartiendo piso, con trabajo más o menos estable (para como hoy esta España) incluso, los fines de semana también trabajo de extra en un bar de Oviedo. Tengo una conciencia sostenible, o al menos eso intento, viajo todo lo que puedo, me enriquezco con una mente abierta intentando conocer a toda la gente posible y abrir mis fronteras mentales.

Tengo un perro, y amigos PAYOS. Pongo payos en mayúsculas por que se ve que esta sociedad hace diferencias claramente culturales entre unos y otros y como persona "integrada" debo hacer lo mismo, destacar aquí mi multiculturalidad, con este énfasis de que tengo amigos payos, muchos y variados. Hago este apunte porque al ser mujer y gitana se me exige y pide más que a la media. Da igual en qué haya trabajado o estudiado (tengo un grado superior de Diseño Gráfico y me estoy preparando otro de igualdad). Me enjaulan en clichés y coartan mis libertades, prejuzgándome y analizando mis comportamientos como si el solo hecho de pertenecer a mi etnia afirmase mi inadaptabilidad.

Hace unas semanas comencé tranquilamente mi búsqueda de casa (sabemos que es una batalla ardua). Llamé a un par de pisos. Uno ya estaba alquilado y el otro fui a verlo. Era una agencia y sabía que si iba "elegantemente vestida" no me dirían nada, o no sospecharían que soy gitana (porque las personas gitanas cuando buscamos piso, lo primero que tratamos de hacer es "esconder" nuestra etnia). No es la primera ni la última vez que no me alquilan un piso, o no me dan trabajo, o no me toman en serio para 'equis' proyecto por mi etnia y mi cultura. Yo no encajo en los "cánones" de gitana por mi corte de pelo o mi forma de vestir, pero sí por mi físico y por mi nombre y apellidos.

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"Para el alquiler pedimos nómina y nacionalidad española, pero gitanos no"

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Conversación de Whatsapp

Como ya sabrán los precios por el alquiler o compra de pisos en Barcelona son una locura, mi pareja es de nacionalidad francesa, tiene un contrato indefinido y lleva tres años viviendo y trabajando en Barcelona. Estaba buscando un piso, ya que vivía en una habitación, y contactó con una inmobiliaria que alquilaba un piso en el barrio de Sants. 

Aunque el precio del alquiler era alto, para las condiciones del piso, decidió intentarlo...su sorpresa fue cuando le comentan que debe pagar un mes de fianza y otro de garantía por "no ser de nacionalidad española", esto se lo dijeron en persona y se lo confirmaron por correo electrónico (el cual guardamos e hicimos llegar a SOS Racisme).

La acompañé a la segunda visita que hizo, lo pregunté, y la chica de la inmobiliaria me respondió "si alquilas tú, al ser de aquí, sólo es la fianza, con los de fuera se cobra un mes más".

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