La presidenta de la CNMC se despide admitiendo “errores” pero lamenta la “crítica injusta” al organismo

La presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), Cani Fernández, ha hecho balance este jueves de su mandato, que acaba la próxima semana, admitiendo “errores” que no ha concretado, pero lamentando la “crítica injusta” al organismo, muy cuestionado por su lentitud en aprobar un procedimiento para controlar la tensión eléctrica que llevaba años desfasado y que, según muchos expertos, podría haber evitado el histórico apagón del 28 de abril de 2025.

Durante su intervención en el Foro Nueva Economía, Fernández ha dicho que cierra “con orgullo” esta etapa, “con aciertos y con errores porque nadie atraviesa seis años de decisiones complejas sin equivocarse alguna vez”, y con “momentos de crítica justa y de crítica injusta. He aprendido a leer la prensa desapasionadamente”.

Sin citar ejemplos concretos, ha subrayado que “la técnica tiene sus tiempos”, la seguridad jurídica es “una garantía democrática” y “la CNMC solo sirve a España si decide con rigor, con transparencia”. El cero peninsular, del que “hemos aprendido todos enormemente” y “también a nivel europeo”, mostró que es necesario “seguir avanzando en la regulación” para que la creciente incorporación de energías renovables “sea segura” y un colapso así “no vuelva a ocurrir”.

Fernández ha dicho que el ámbito que “ha llevado más tiempo” en estos años ha sido con diferencia la regulación energética, un “Everest regulatorio” que “ha exigido técnica, temple y sentido de Estado porque la energía no es un sector más. Es la factura de una familia, es el coste de una fábrica”, define la autonomía estratégica o la seguridad del suministro.

“Por eso ha llevado tanto tiempo, porque había que hilar fino”, “escuchar al sector sin dejarse capturar” y sin “precipitación”. Ha querido “reconocer especialmente a quienes han trabajado en la CNMC en energía”, con “un escrutinio público como pocos” y “con rigor, con entrega y con una serenidad que no siempre se ha reconocido lo suficiente”.

“He visto cansancio, he visto presión, he visto discrepancias”, ha dicho la presidenta de la CNMC, que ha tenido un cariñoso recuerdo para el fallecido ex vicepresidente Ángel Torres, fallecido en 2023, y ha alabado “a todos los trabajadores” del organismo. “Ellos son la CNMC, no son titulares”. Las instituciones son una “mezcla de inteligencia, paciencia y decencia que permite que un país funcione un poco mejor”.

Con un discurso con referencias a Baltasar Gracián, aragonés como ella (apelando a la “prudencia activa”, que “es pensar antes de decidir”), ha citado también a Quevedo, porque “poderoso caballero es don Dinero”, aunque debe estar sujeto a “reglas”, y a Cervantes: “La libertad como uno de los bienes más preciosos”,

A su sucesor o sucesora le ha pedido “que mantenga la calidad técnica de los servicios” y “eso implica cuidar sobre todo a las personas” porque la competencia para captar talento es “durísima”. Ha pedido que la persona elegida para sustituirla, que el Gobierno debe pactar ahora con los grupos políticos, tenga dos cualidades: “capacidad técnica” y “sentido común”, con “conocimiento de competencia” porque “su función diaria” es la presidencia de esa Sala (la Sala de Regulación la preside la vicepresidencia de la CNMC). Su última día “no sé cuándo será”, ha deslizado, aunque su mandato acaba el próximo martes.

Fernández se ha felicitado de la “victoria” de haber aprobado una mayor desregulación en el sector de las telecomunicaciones tras 30 años de liberalización, y por la mayor competencia en ferrocarril. Ha dicho que deja una CNMC “más sólida, más cohesionada, más internacional, más consciente de su papel y más preparada”, y con un “futuro claro” para las carreras profesionales de su plantilla. Ha definido su mandato como “mi propia odisea”: “No se trata de obtener una recompensa al final del camino porque no la hay”:

“Mi Ítaca”, que “no ha sido un puerto fácil”, era dejar una institución “más fuerte, más útil, más independiente, más respetada, más humana”. “Ha sido un honor inmenso” y la etapa “más intensa, más exigente y más feliz de mi vida profesional”.

Entre los retos de futuro de la CNMC, ha citado continuar el despliegue de la transición energética, la “transformación digital acelerada” o el impacto de la Inteligencia Artificial. Ha lamentado que no se haya revisado la Ley de Defensa de la Competencia en materia de cárteles. Cuando tomó posesión “estaba clarísimo” que se iba a actualizar, pero “a fecha de hoy sigue sin aprobarse”.

Preguntada por cuál sería la decisión que destacaría, ha citado la prohibición, a finales del año pasado, de la compra de la catalana Irab por parte de Curium en el mercado de radiofármacos contra el cáncer. Ha recordado que esta empresa acaba de ser adquirida por un fondo francés especializado en el sector sanitario para desarrollar su negocio de radiofármacos en toda Europa.

Fernández ha sido presentada por Rafael García-Valdecasas, abogado del Estado y juez del Tribunal General de la Unión Europea (1989-2007), que ha explicado cómo le “impactó la inteligencia que mostraba” la hoy presidenta de la CNMC cuando la conoció recién licenciada y cómo en 1994 tuvo “la inmensa suerte” de que aceptara el puesto de jefa de su gabinete cuando él estaba en el TJUE, hasta que en 1997 volvió al bufete Cuatrecasas cuando le ofrecieron ser socia en Barcelona de ese despacho, en el que ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional.

Según García-Valdecasas, “en este puesto tan difícil yo creo que ha sido capaz de controlar con eficacia y con tacto” el funcionamiento de la competencia en un mercado donde hay “operadores con un gran poder”. Y ha confiado en que una vez expire su mandato “el Gobierno sea consciente del potencial de Cani” y “la sitúe en un puesto acorde con su valía”.