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Los tres factores que amortiguan la subida de la energía por el ataque a Irán
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Los tres factores que amortiguan la subida de la energía por el ataque a Irán: la primavera, los embalses y las renovables

Álvaro Celorio

3 de marzo de 2026 23:19 h

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Han pasado solo cuatro años desde que el corte del suministro de gas ruso a Europa tras la invasión de Ucrania provocara el mayor shock inflacionario en cuatro décadas y una subida de los precios de los alimentos que hacía insoportable cada visita a un supermercado. Y ahora, como un ‘déjà vu’, el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% de la energía del mundo, tras el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán amenaza con crear una situación similar.

Similar, pero no igual, advierten los expertos. Han pasado pocos días del conflicto armado y hay dudas de cuánto durará el conflicto. Desde la Casa Blanca apuntan a semanas, pero la división en el movimiento MAGA, la propia gestión volátil del presidente Donald Trump o las expectativas de cara a las elecciones de medio mandato de finales de año podrían acortar la disrupción y acotar los efectos económicos.

“Desde el punto de vista energético, seguimos igual de vendidos”, responde la directora de Análisis Económico y de Mercados de Afi, María Romero, durante un encuentro con medios de comunicación para valorar las consecuencias del conflicto en Oriente Medio. La razón: España no cuenta con gas ni petróleo, dos materias primas fundamentales que ha de exportar sí o sí. Y aunque España apenas importa productos energéticos del Golfo Pérsico –representan un 5%, de acuerdo con los cálculos del Gobierno–, recortar de golpe un 20% de la oferta global de energía disparará igual los precios.

Otra derivada de la situación bélica tras el ataque a Irán es la presencia de inversores de los países de la zona como accionistas de referencia de algunas de las mayores empresas energéticas españolas, que ahora ven cómo la inestabilidad geopolítica está presente en su propio capital. Por ejemplo, Qatar Investment Authority, el brazo emisor del país, es el primer accionista de Iberdrola, con casi el 8,7% del capital, según los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Mientras, Moeve, la antigua Cepsa, está controlada por Abu Dhabi, a través de Mubadala, el fondo soberano del pequeño emirato.

El 50% de la energía de España ya es renovable

Ahora bien, a diferencia de hace cuatro años, España cuenta con tres colchones fundamentales que pueden amortiguar un primer impacto de la subida de los precios energéticos: el despliegue de las renovables, que cada vez pesan más en el mix energético; la capacidad de los embalses en máximos; y la llegada de la primavera, con más horas de luz y temperaturas más suaves.

“España parte de una mejor posición porque más del 50% de la electricidad procede ya de fuentes renovables y tenemos una menor dependencia del gas ruso y mayor diversificación”, apunta José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea. “Pero el petróleo sigue siendo clave en transporte y logística y la inflación energética se transmite igualmente vía precios internacionales”, señala a renglón seguido.

Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide, responde rotundo que el despliegue de renovables “es una cuestión de autonomía estratégica”. El también investigador del centro de pensamiento EsadeEcPol defiende que las energías limpias son fundamentales para reducir el efecto de las oscilaciones como esta en Oriente Medio. “Siempre intento explicar a la gente que da igual si cree o no en el cambio climático. En una economía como la nuestra, que importaba el 95% de sus recursos energéticos cuando eran fósiles, las renovables reducen ese impacto”, subraya.

“El precio del sol sigue siendo hoy el mismo que hace una semana y el mismo que será la próxima, ajeno a conflictos y tensiones políticas”, defiende Xan López, responsable del área de análisis económico de Instituto Meridiano. “España, con su enorme potencial renovable, especialmente solar, está llamada a liderar la transición verde europea y a blindar su economía frente a futuras perturbaciones y presiones externas”, subraya.

Por su parte, la analista de energía del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA), Ana María Jaller-Makarewicz, subraya que este episodio es “una llamada de atención más” para Europa: “Una vez más, la seguridad energética del continente se ve amenazada por interrupciones en el suministro, dependencias de importación, volatilidad de los precios e incertidumbre de los mercados. La solución ya está clara: sustituir el consumo de gas por energías renovables y mejorar la eficiencia energética es la clave para reducir esta dependencia de la energía importada”.

Los embalses, al 83%

En el Gobierno se muestran convencidos de que el factor renovable permitirá una contención en los precios, a pesar del reto que supone la inversión en las redes de distribución. Más después del apagón del año pasado. “Creo que es una apuesta acertada. Se demostró durante la guerra de Ucrania y ahora se vuelve a demostrar. Seguiremos apostando por ello”, dijo la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, este martes en los pasillos del Senado. Otro ministro, el de Economía, Carlos Cuerpo, aseguró que están “preparados para reaccionar”, aunque la responsable de Energía apunta que es todavía pronto para hablar de medidas que alivien estos incrementos.

Una de cada dos veces que activamos el interruptor de nuestros hogares, la luz procede de fuentes de energía renovables. Una de ellas, fundamental, es la hidroeléctrica. “Las reservas hídricas están en la estratosfera y la capacidad de generación hidroeléctrica está ahí disponible”, dice Romero, de Afi. Las semanas de lluvias con las que hemos arrancado el año han disparado a máximos la cantidad de agua embalsada –ronda el 83%–, lo que, a su vez, dota de muchísima capacidad al sistema energético para reducir la entrada de gas en la generación. El sistema de fijación de precios, por el que la energía más cara que entra en el sistema marca el precio de la electricidad, da muchísimo peso a los ciclos combinados, que queman gas. Y ante su subida, la disponibilidad de agua es clave.

El tercer factor es más circunstancial, como es la llegada de la primavera. La mayor disponibilidad de luz natural, y las temperaturas más suaves, permiten un menor gasto energético tanto en iluminación como en calefacción. Una circunstancia, dice Romero, que beneficia al consumidor medio, aunque alivia menos a las grandes industrias electrointensivas, que todavía no se habían recuperado al 100% del bache que supuso el shock inflacionario de la invasión de Ucrania.

“La transición energética que estamos haciendo es verdad que está en velocidad de crucero. Las reservas hídricas nos favorecen de alguna manera… Pero, ¿vamos a ser ajenos al incremento de la inflación? Probablemente no. Será la primera variable en actuar: primero los carburantes, luego la electricidad y después algunos bienes, sobre todo los agrícolas y otros intermedios”, aduce la experta.

Con todo, estos tres factores son un primer colchón, que no evitarán el efecto de un potencial shock de precios a través de la cesta de la compra, las cadenas de suministros o la desaceleración que provoque una potencial subida de los tipos de interés para luchar contra la inflación. “España puede amortiguar mejor el golpe, pero no queda al margen de una crisis energética global”, zanja el profesor Corrales.