Arqueólogos encuentran bajo Notre Dame un yacimiento que recorre 1.700 años de historia parisina
A apenas unos metros de las largas colas de visitantes que cada día esperan para entrar en Notre Dame, un grupo de arqueólogos trabaja en una excavación que está revelando casi dos milenios de historia de París. Los trabajos, impulsados por el proyecto de remodelación de la plaza situada frente a la catedral, han permitido documentar una secuencia arqueológica excepcional que abarca desde la época romana hasta la Edad Media. Los investigadores han recuperado cientos de objetos y estructuras que ayudan a reconstruir cómo evolucionó el corazón histórico de la capital francesa a lo largo de unos 1.700 años.
La intervención se desarrolla en la Île de la Cité, la isla del Sena donde nació París. La excavación ocupa una parte del atrio de Notre Dame y alcanza una profundidad de unos cuatro metros. Aunque el objetivo inicial era preparar el terreno para la futura transformación urbanística de la plaza, la necesidad de excavar y documentar los restos conservados bajo el subsuelo antes de iniciar las obras ha convertido el lugar en uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes abiertos actualmente en Francia.
Los arqueólogos explican que la estratigrafía del yacimiento permite recorrer cronológicamente distintas etapas de la historia de la ciudad. Bajo los niveles medievales han aparecido silos de almacenamiento de cereal pertenecientes a los periodos merovingio y carolingio, entre los siglos VI y X. Más abajo se conserva un barrio romano datado entre los siglos IV y V, una época en la que la antigua Lutecia atravesaba profundas transformaciones asociadas a la crisis y posterior desaparición del Imperio romano de Occidente.
Monedas, cerámicas y enigmas medievales
Uno de los hallazgos más destacados es una moneda del siglo IV con la efigie del emperador Constantino. Aunque pueda parecer un objeto modesto, los especialistas destacan su importancia porque ayuda a fechar con precisión las distintas capas arqueológicas. Este tipo de piezas permite establecer una cronología fiable para los depósitos excavados y reconstruir los cambios experimentados por la ciudad en momentos para los que las fuentes documentales son limitadas.
Las excavaciones también han proporcionado una gran cantidad de materiales medievales. Entre ellos destacan recipientes cerámicos completos recuperados en antiguas letrinas y vertederos domésticos. Según los arqueólogos, este tipo de hallazgos resulta poco habitual porque la mayoría de los objetos cerámicos suelen aparecer fragmentados. En este caso, las condiciones de conservación dentro de los pozos permitieron que numerosas piezas llegaran prácticamente intactas hasta nuestros días.
Entre los descubrimientos más enigmáticos figuran varios fragmentos de cerámica decorados en su cara interior con inscripciones o marcas pintadas en color rojizo. Los especialistas han detectado los mismos signos en diferentes piezas, pero por el momento no han logrado determinar su significado. La repetición de estos motivos ha despertado el interés de los investigadores, que continúan analizando los fragmentos para intentar comprender su función y contexto.
Cuatro metros bajo la plaza de Notre Dame
Los restos romanos constituyen otra de las claves del yacimiento. Durante la excavación ha aparecido, por ejemplo, un umbral reutilizado que originalmente pertenecía a un edificio romano de mayores dimensiones y que posteriormente fue colocado invertido para formar parte de una vía. Para los arqueólogos, este tipo de reutilizaciones refleja cómo los habitantes de la ciudad reaprovecharon materiales antiguos durante los siglos en que la población se concentró progresivamente en la Île de la Cité, reforzando su carácter defensivo tras la desintegración del poder romano.
La intervención continuará mientras avanza el proyecto de renovación de la plaza de Notre Dame, que prevé la plantación de 160 árboles y nuevas medidas destinadas a reducir el impacto de las altas temperaturas en el centro de París. Entretanto, los investigadores esperan seguir profundizando en los niveles más antiguos del yacimiento. Su objetivo es alcanzar estratos anteriores a la presencia romana y obtener nuevas evidencias sobre los galos que habitaron la isla donde nació la ciudad y dieron a París su primer nombre. Si lo consiguen, la excavación no solo habrá documentado 1.700 años de historia parisina, sino que podría empujar aún más atrás el conocimiento arqueológico sobre los orígenes de la capital francesa.
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