Redescubren en Gales unas pinturas rupestres que podrían estar entre las más antiguas de Gran Bretaña

Vista oriental de la entrada de la cueva y el canal de Bristol

Ada Sanuy

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Un conjunto de pinturas localizadas en la cueva de Bacon Hole, en la península de Gower, al sur de Gales, podría situarse entre las manifestaciones de arte rupestre más antiguas conocidas hasta ahora en Gran Bretaña. Así lo plantea un estudio publicado en la revista Quaternary, cuyos autores han redescubierto unas marcas pintadas que fueron identificadas por primera vez en 1912, posteriormente consideradas una formación natural y relegadas al olvido durante décadas. El nuevo análisis combina técnicas de identificación de pigmentos y datación de las capas calcíticas que cubren parcialmente las figuras para determinar su antigüedad.

La historia del hallazgo resulta tan llamativa como las propias pinturas. Hace más de un siglo, el geólogo William Sollas y el prehistoriador Henri Breuil describieron en una cámara lateral de la cueva un panel formado por una serie de líneas horizontales pintadas en rojo. En aquel momento interpretaron las marcas como arte paleolítico y llegaron a considerarlas el primer ejemplo conocido de este tipo de manifestaciones en las islas británicas. Sin embargo, las dudas sobre su origen crecieron con el paso del tiempo y, hacia finales de la década de 1920, la comunidad científica había abandonado esa interpretación.

Ubicación del Agujero del Tocino (cortesía de OS Open Source).

El redescubrimiento de unas pinturas olvidadas

Las pinturas permanecieron prácticamente olvidadas hasta septiembre de 2022, cuando un equipo internacional volvió a localizar el panel durante una inspección arqueológica. La revisión permitió confirmar la presencia de las antiguas líneas descritas por Sollas y Breuil y detectar, además, otras posibles manifestaciones realizadas con pigmento rojo. Entre ellas aparecieron formas geométricas, líneas, puntos realizados con los dedos y concentraciones de pigmento que los investigadores consideran compatibles con la aplicación intencionada de pintura sobre la pared de la cueva.

Uno de los principales objetivos del estudio era determinar si aquellas marcas eran realmente producto de la actividad humana. Para ello, los investigadores analizaron muestras de pigmento mediante técnicas espectroscópicas. Los resultados identificaron hematita, un óxido de hierro utilizado ampliamente como pigmento rojo en numerosos contextos prehistóricos. Según los autores, la composición observada respalda la hipótesis de que las pinturas fueron aplicadas deliberadamente sobre la roca y no son el resultado de procesos geológicos naturales.

Fotografía de WL Morgan del panel en 1913 ( foto de la izquierda ); foto filtrada con D-Stretch en 2024 ( foto de la derecha ).

La difícil tarea de datar las pinturas

La cuestión clave era establecer cuándo fueron realizadas. Para aproximarse a esa fecha, el equipo recurrió a la datación por uranio-torio de las costras de calcita que cubren parte de las pinturas. Como esas formaciones minerales son posteriores a la aplicación del pigmento, permiten calcular una edad mínima para las imágenes. Los primeros análisis realizados en 2023 identificaron una muestra que situaba la formación de una de esas capas hace unos 17.000 años, lo que sugiere que la pintura situada debajo podría ser todavía más antigua. Los autores consideran que este resultado es compatible con una cronología del Paleolítico superior final, aunque subrayan que será necesario seguir investigando para precisar la antigüedad del conjunto.

La investigación también incorporó una segunda campaña de muestreo en 2024 para contrastar los resultados iniciales. En esta ocasión, algunas dataciones ofrecieron edades mínimas de entre unos 2.700 y 3.200 años antes del presente. Los investigadores explican que la compleja formación de las costras calcíticas obliga a interpretar los datos con cautela y que las distintas fases de crecimiento mineral registradas en la pared pueden reflejar episodios separados en el tiempo. Por ello, el trabajo no presenta una fecha definitiva para todas las pinturas, aunque mantiene abierta la posibilidad de que parte del conjunto sea mucho más antiguo.

Distribución de los puntos de muestreo del panel de la cueva Bacon Hole.

La relevancia del descubrimiento radica también en su contexto geográfico. El arte rupestre paleolítico es extremadamente escaso en Gran Bretaña. Hasta ahora, las evidencias más conocidas procedían de lugares como Church Hole, en Creswell Crags, donde se documentaron grabados de animales datados entre hace 13.000 y 11.800 años, o de Cathole Cave, otra cavidad situada a pocos kilómetros de Bacon Hole que conserva el grabado de un cérvido atribuido al Paleolítico superior. Si se confirma la interpretación propuesta por el estudio, las pinturas galesas pasarían a ocupar un lugar destacado dentro de ese reducido conjunto de manifestaciones artísticas prehistóricas.

Los autores sostienen que el redescubrimiento obliga a revisar una controversia arqueológica que parecía cerrada desde hace casi un siglo. Más allá de la antigüedad exacta que puedan confirmar futuras investigaciones, el trabajo recupera para el debate científico unas imágenes que durante décadas fueron consideradas irrelevantes y que ahora vuelven a situarse entre las candidatas a formar parte del arte paleolítico más antiguo conocido en territorio británico.

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