Descarbonizar, reutilizar y digitalizar: así está cambiando la gestión del agua

À. Monreal

Bajo el asfalto de las ciudades late un sistema de infraestructuras clave para el equilibrio urbano. Históricamente, las redes hídricas han cumplido la función de transportar agua hacia los hogares e industrias. Sin embargo, la emergencia climática actual exige un cambio profundo en la esencia del negocio. La transición desde el transporte del recurso hacia la protección activa del planeta redefine la propuesta de valor de las entidades gestoras, que ya no actúan solo como prestadores de servicios, sino como socios críticos para la mitigación de riesgos ambientales y la resiliencia territorial.

Para materializar esta transformación no bastan las declaraciones de intenciones; se requiere una arquitectura operativa rigurosa y verificable como la que ha puesto en marcha Aqualia, empresa especializada en la gestión del ciclo integral del agua. Y lo ha hecho mediante un sistema de gestión integrado con más de 25 años de evolución, capaz de garantizar la trazabilidad de los datos ambientales en los 19 países en los que opera. Este marco de gestión cristaliza en el Plan Estratégico de Sostenibilidad (PESA) 2024-2026, una hoja de ruta articulada en 43 objetivos concretos para alcanzar la neutralidad climática total en el año 2050 y en sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.

Descarbonización en marcha

Para asegurar el compromiso con la sostenibilidad, la empresa ha desarrollado una red de infraestructuras de dimensión global: Aqualia gestiona hoy en día 934 depuradoras, 273 potabilizadoras, 11 desaladoras, 3.285 depósitos y 1.625 estaciones de bombeo en todo el mundo. Una arquitectura industrial que se apoya en 50.245 kilómetros de conducciones de abastecimiento y 41.503 kilómetros de alcantarillado. En conjunto, unas infraestructuras a gran escala que facilitan la implantación continua de proyectos de investigación e innovación aplicada al ciclo integral del agua.

Así, el 44,7% del consumo energético global ya proviene de fuentes renovables propias —como energía fotovoltaica, biogás y cogeneración—, un avance hacia la descarbonización respaldado por los sellos CÁLCULO y COMPENSO del Ministerio para la Transición Ecológica. Este desempeño climático y en seguridad hídrica se ve respaldado por la obtención de la calificación B (nivel de 'Gestión Avanzada') en la evaluación independiente del Carbon Disclosure Project (CDP), informe que la compañía ha presentado por primera vez de manera independiente.

En esta estrategia global de descarbonización sobresale la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Lleida. Desde el año 2020 la instalación ha recortado sus emisiones un 24,2% mediante la producción de biogás, el autoconsumo fotovoltaico y la compra de energía limpia. Y este cambio de rumbo le ha valido la certificación de Huella de Carbono Cero bajo la norma PAS 2060 de AENOR, el primer servicio hídrico con esta distinción en España.

Biofactorías e IA para no desperdiciar agua

La sostenibilidad real implica superar el esquema lineal de extraer, usar y desechar. En este sentido, Aqualia ha iniciado la conversión de las depuradoras en biofactorías que transforman los residuos en recursos de alto valor agrícola y energético. Bajo este modelo de economía circular, la compañía se ha fijado como objetivo estratégico alcanzar la valorización del 98% de los lodos de depuración para el año 2026, transformándolos en subproductos de alto valor mediante procesos de digestión anaerobia.

La innovación tecnológica también permite obtener bioproductos de valor añadido. Iniciativas como el proyecto CHEERS en Lleida aprovechan residuos cerveceros, mientras que las plantas de Jerez y Algeciras impulsan la producción de hidrógeno verde a partir de agua regenerada. Asimismo, la infraestructura verde integra soluciones basadas en la naturaleza, como el humedal urbano de Las Tablas en Madrid y los sistemas ecológicos en Algeciras (Cádiz), Benalmádena (Málaga) y Talavera de la Reina (Toledo).

La gestión eficiente del agua es una condición imprescindible para el desarrollo humano y la estabilidad del clima. En este ámbito, la plataforma Aqualia Live combina inteligencia artificial (IA), aprendizaje automático y procesamiento de grandes volúmenes de datos para no desperdiciar agua. La herramienta conecta los centros de control con más de 855.000 contadores inteligentes, lo que permite detectar fugas de forma precoz, predecir la demanda y optimizar las presiones de agua en la red. 

Impacto social

El compromiso ambiental de Aqualia se materializa en la propia escala del ciclo hídrico. Cada año, la potabilización de 1.157 millones de metros cúbicos de agua y la depuración de 1.550 millones de metros cúbicos de aguas residuales devuelven el recurso a los ecosistemas en condiciones óptimas. A esta regeneración directa de la naturaleza se le añade la distribución de más de 93 millones de metros cúbicos de agua reciclada para riego agrícola, usos industriales y servicios urbanos, una aportación clave para cerrar el círculo de la sostenibilidad.

Esta responsabilidad con el entorno abarca también la cohesión social y el desarrollo comunitario. En España, los mecanismos de equidad —como los fondos de solidaridad y las tarifas bonificadas— garantizan el acceso al agua a más de 364.000 clientes vulnerables. Al mismo tiempo, la transferencia internacional de conocimiento impulsa iniciativas locales como las Escuelas del Agua en Colombia, la mejora de redes en centros infantiles de Georgia o proyectos participativos en la República Checa. De este modo, el hilo azul del agua une la vanguardia tecnológica con el progreso ético y social de los territorios.