Inhibición del deseo sexual: ¿por qué aparece y cómo combatirla?

Hay momentos en que los deseos de practicar relaciones sexuales son escasos o nulos. Y eso es normal. Pero hay casos en que esa “deficiencia o ausencia de pensamientos o fantasías eróticas y de deseo para la actividad sexual” se transforma en persistente o recurrente. Es entonces cuando se habla de inhibición de la actividad sexual o -en términos más específicos- de trastorno de deseo sexual hipoactivo (TDSH), y así lo definió el Consenso de la Cuarta Consulta Internacional sobre Medicina Sexual, realizado en Madrid en 2015.

Se trata de un problema que causa angustia a quien lo padece. “Es una de las enfermedades que más lesiona la calidad de vida de las pacientes y es una fuente permanente de conflictos en pareja”, afirma Francisco Cabello Santamaría, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología, en un artículo publicado en la Revista Internacional de Andrología.

Cabello Santamaría habla en femenino porque el problema se presenta con mucha más frecuencia en mujeres, y entre ellas es la disfunción sexual más frecuente. Las estimaciones sobre el porcentaje de mujeres que lo sufre varían mucho de acuerdo con las fuentes consultadas. Mientras unas afirman que sería de un 5%, otras sugieren que supera el 30%.

El propio Cabello señala que, a menudo, los números aparecen incrementados porque se confunde este problema con otros distintos, como la aversión sexual u otras fobias, las cuales provocan ansiedad, nervios, angustia o miedo ante la intimidad o la sola expectativa de las relaciones sexuales.

En los hombres, por su parte, la prevalencia del TDSH es menor, y cambia mucho de de acuerdo con el rango de edad: afecta al 6 % en el rango de edad 18-24 años y solo al 1,6% de entre 24-44 años, pero hasta al 41% en los mayores de 66 años. Así lo indica el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, una obra de referencia editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Causas de la inhibición del deseo sexual

Existen dos tipos de TDSH: situacional y generalizado. El primero implica un deseo inhibido con la propia pareja pero no con parejas ocasionales; el segundo se manifiesta en un bajo deseo para cualquier tipo de actividad sexual. Los factores que suelen motivar el trastorno situacional se relacionan con la rutina, el aburrimiento, problemas de comunicación, discusiones y peleas, poco tiempo compartido, sensación de pérdida de afecto.

Otros elementos que pueden contribuir con ambos tipos de inhibición son las enfermedades y ciertos medicamentos, sobre todo si ocasionan una sensación de malestar general, fatiga o dolor. Las situaciones de depresión o de estrés también afectan de manera notoria el deseo sexual, así como ciertos cambios hormonales. Estos últimos se hacen notar, por ejemplo, en la menopausia y la andropausia, y también durante el embarazo; por eso algunas mujeres sufren una inhibición del deseo durante esa etapa, aunque en este caso en general se trata de una situación pasajera.

También existe la posibilidad de que la persona sufra otros problemas vinculados con la actividad sexual, y que la inhibición del deseo sea consecuencia de ellos. En las mujeres, esos problemas pueden ser sentir dolor durante el coito o la dificultad para llegar al orgasmo, en tanto que en los hombres pueden ser problemas de erección o eyaculación retrasada. Estas situaciones a menudo se asocian con la sensación de fracaso, y pueden hacer que el deseo disminuya o se pierda.

Por último, como apunta un documento del Centro Médico de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, también pueden contribuir con la inhibición factores vinculados con la propia historia de cada persona. Haber recibido una educación sexual muy rígida y represiva durante la infancia y la juventud, o haber sido víctima de situaciones traumáticas, como abusos o violaciones, pueden desempeñar un papel muy importante para el surgimiento de estos trastornos.

Los TDSH se clasifican también en otros dos grupos: primarios y secundarios. Los primarios aparecen desde el comienzo de la actividad sexual, por lo cual esas personas mantienen un deseo bajo durante toda su vida. Como para ellas es lo normal, ese deseo bajo no les genera angustia.

Una posible explicación para esta clase de TDSH -como apunta un estudio de científicos cubanos publicado el año pasado- es “la existencia de sucesos traumáticos anteriores a su capacidad de recordar, o tan intensos que, como mecanismo de defensa, son depositados en el olvido”. Los mismos investigadores, no obstante, aclaran que “estas ideas no tienen soporte en la evidencia”.

¿Cómo tratar la inhibición del deseo sexual?

El tratamiento del deseo sexual hipoactivo consiste esencialmente en descubrir y actuar sobre las causas que lo producen. Pero no es sencillo: según los expertos de la Universidad de Maryland “los trastornos de deseo sexual con frecuencia son difíciles de tratar, y parecen ser incluso un desafío mayor en los hombres”.

El consejo es acudir, en primer lugar, a un especialista en terapia sexual y de pareja. En muchas ocasiones, la búsqueda de resolver conflictos sobre cuestiones que no tienen nada que ver con el sexo (y aprender cómo resolverlos en el futuro) resulta un primer paso necesario. Luego sí es importante trabajar sobre las relaciones sexuales propiamente dichas: dedicar más tiempo, analizar la forma de acercarse el uno al otro, el modo de declinar las propuestas de la otra persona, etc.

Por lo demás, ante las causas relacionadas con cambios hormonales, “los tratamientos provenientes del campo de la farmacología, hoy por hoy, dejan mucho que desear -apunta Francisco Cabello Santamaría-, exceptuando el uso de andrógenos en las indicaciones precisas, es decir, mujeres con hipoandrogenismo”. El mismo especialista añade que el tratamiento de estos trastornos “alcanzará su esplendor” cuando se disponga de fármacos útiles para incrementar el deseo de forma combinada con una terapia sexual en pareja.

¿La inhibición del deseo sexual se puede prevenir?

Los médicos afirman que se pueden tomar algunas medidas para evitar llegar a ese punto. Una de las principales, según el documento de la Universidad de Maryland, es “reservar tiempo para la intimidad no sexual”, como conversar, salir en pareja u otras actividades que hagan juntos y sin nadie más. Ese tiempo, además, debe ser de calidad: no a última hora del día, cuando el cansancio hace más difícil poder disfrutarlo de manera plena. De este modo “mantendrán una relación más estrecha y es más probable que sientan interés sexual”.

Para ciertas personas, las novelas o películas románticas y eróticas representan un incentivo que ayuda a mantener vivo el deseo sexual, así como la consulta de materiales acerca de cómo dar masajes a la pareja u otras actividades para practicar en la intimidad. Por otra parte, también es valiosa la recomendación de separar el sexo del afecto, para evitar que cualquier demostración de cariño sea vista como una invitación sexual y, por lo tanto, levante barreras invisibles entre ambas personas.

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