La cara oculta de la economía española
Un suponer: imaginemos que en España todos los empresarios pagasen a Hacienda. Imaginemos que todos los trabajadores cotizasen en la Seguridad Social, con sus papeles y sus contratos en regla. Imaginemos que el notario dejase de ausentarse en cada firma de una compraventa de una casa porque ya no se moviesen los fajos de billetes de 500, y que el fontanero nos entregase una factura con su IVA, su base imponible, su NIF y su canesú. Imaginemos, en resumen, que España dejase de ser, también en esto, la excepción en Europa; que la ingente economía sumergida que se mueve en las sombras del dinero negro saliese a la luz; que Hacienda fuésemos todos y no sólo los tontos asalariados. Sería bonito. Si la cara B de nuestra economía a niveles adelgazase hasta niveles algo más presentables para un país que aspiró a entrar en el G8, el déficit público prácticamente desaparecería, incluso en años tan malos como el que acabamos de pasar.
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