El juez, el último en el estreno
En Occidente, los aviones no se caen. Y cuando se caen, no lo hacen en excelente estado de salud; no son cosas que pasan. No es mala suerte. Es la causalidad, no la casualidad, la que rige la seguridad en un aeropuerto europeo. Y cuando pasa lo que ha pasado, sólo una concatenación de errores humanos -dentro o fuera del avión- sumada a otra ristra de problemas técnicos puede explicar que un MD-82 “en condiciones optimas para el despegue”, según Spanair, se estrelle contra el suelo.
Nadie puede pretender que a las pocas horas del desastre, una foto finish, como en los Juegos, revele los secretos del mayor accidente aéreo de España desde que forma parte de la UE. Sólo han pasado cuatro días y es pronto para responder a esas preguntas que tanto inquietan: ¿cuáles fueron las causas del accidente? ¿Quiénes fueron los responsables? Las respuestas no sólo se deben a los familiares de los fallecidos, también a toda la sociedad. Si no descubrimos lo que pasó, ¿cómo sabremos que no volverá a pasar?
Por eso es tan importante la gestión de la información en este suceso, donde no hay urgencia por saber pero cada dato erróneo alarma y duele. Por eso no es aceptable que el juez que lleva el caso, y también los familiares de los fallecidos, conozcan una de las pistas clave en la investigación, el vídeo del despegue, porque lo publican los diarios que a su vez se enteran porque se lo cuentan los políticos.
Antes de que el juez supiera siquiera de su existencia, el vídeo fue visto por el rey, la reina, el presidente del Gobierno, la vicepresidenta, varios ministros, el alcalde de Madrid, la presidenta y el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, alguno de sus consejeros y varios directivos de AENA... que se sepa. Menos mal que el juez decretó el secreto de sumario. Si no, lo mismo el vídeo acaba antes en YouTube que en el juzgado.