Los tres errores de Trichet
El presidente del Banco Central Europeo abandonó ayer su despacho repitiendo el mismo error que ha marcado su mandato. Y ya es la tercera vez. La primera equivocación de Jean Claude Trichet fue en julio de 2008. A las puertas de la mayor recesión del siglo, el BCE pronosticó que el verdadero problema era la inflación, así que subió los tipos de interés para ralentizar la economía. Trichet se equivocó. Tardó en rectificar más de cuatro meses, que en Europa salieron muy caros.
Su segundo gran error llegó en abril y julio de 2011, hace unos meses. De nuevo Trichet y su equipo volvieron a pronosticar que el peligro era la inflación –provocada por el precio del petróleo, más que por la leve actividad económica–, y no esa amenaza de una nueva recesión que ya asomaba. Trichet decidió subir los tipos de interés (dos veces). Se equivocó de nuevo.
El tercer error llegó ayer. Cuando el riesgo de una nueva recesión atenaza a Europa y hasta el FMI pide quitar el freno de mano, Trichet decidió mantener el precio del dinero, en vez de rebajarlo. El tipo no cede ni en su despedida.
Los errores de Trichet son muy caros porque el BCE maneja la herramienta más potente para reactivar la economía: esos tipos de interés que actúan como el pedal del acelerador de un coche, subiendo las revoluciones del motor. Trichet también se ha pasado de ortodoxo al atajar, tarde y mal, los ataques contra la deuda soberana. Sin embargo, es injusto culpar sólo al piloto. La UE, en una de sus decisiones más estúpidas, decidió construir un BCE al estilo alemán, con el “objetivo principal” de vigilar la inflación, más que el crecimiento económico (en contra de lo que hacen Estados Unidos o Reino Unido). Así nos va. Es como pedir a Fernando Alonso que gane la Fórmula 1 sin pasar de la tercera marcha.