Tres excusas para la pijo borroka
La patrona de Pozuelo es la Virgen de la Consolación. “El porqué se ha perdido en la historia”, cuenta un diario local, lo cual me extraña. Vistos los festejos y sus consecuencias en uno de los municipios más ricos de España, queda claro que aquí el que no se consuela es porque no quiere. Lo único bueno de que la chavalería pozuelera encuentre entretenimiento en asaltar la comisaría es que la anecdótica gamberrada ha permitido a nuestros políticos lucirse en sus declaraciones a la prensa, sacar lo mejor que hay en ellos. Tres ejemplos, en orden de cercanía.
Empecemos por el alcalde de Pozuelo, Gonzalo Aguado (PP). La culpa fue de “un grupo de energúmenos de fuera”, se disculpa el primer edil, que argumenta que casi todos los detenidos son de otros municipios. La curiosa estadística la desbroza un vecino en la televisión: “Es que a éstos les pillaron porque se metieron por una calle cortada, y los de aquí ya se lo saben”.
Segunda explicación, la de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ha sido obra de “alborotadores profesionales”, afirma Esperanza Aguirre; aunque basta con ver los vídeos que la pijo borroka ha subido a Internet para que sea obvio que, más que gamberros profesionales, nos encontramos ante auténticos niñatos amateurs.
Menos mal que la teología nos ilumina allá donde no llega la sociología de barra de bar. “¿Qué pasaría si las familias de Pozuelo rezasen todos los días el Rosario a la Virgen?”, se pregunta Rouco Varela. El representante en zona del portavoz de dios en la Tierra se responde a sí mismo: “Estoy seguro de que no habría ocurrido lo que pasó”. Y Rouco tiene razón: en Teherán rezan más que aquí, y estas cosas no pasan.