Eibar hizo historia en 1931
Estoy convencido de que lo sucedido en la ciudad de Eibar en la madrugada del 14 de abril de 1931 no fue fruto de la casualidad. Los valores y principios socialistas y republicanos se encontraban profunda y sólidamente enraizados entre los eibarreses y las eibarresas de la época. Aquella madrugada, la actual plaza de Unzaga, frente al Ayuntamiento, se llenó de hombres y de mujeres convencidos y convencidas de que el cambio estaba en sus manos, de que otro país era posible y de que vivir bajo el paraguas de los ideales republicanos estaba, por fin, al alcance de sus manos.
Uno de mis 'aitxitxas' (el otro falleció siendo yo aún muy joven como para interesarme por este tema), socialista y republicano, me contó que aquella madrugada la noticia corrió por Eibar como la pólvora. De casa en casa, de taller en taller. Aquí no hacía falta un periódico para enterarse de lo que estaba pasando. Mi 'aitxitxa' recordaba con entusiasmo la agitación de la casa en plena madrugada, sus padres hablándose en susurros, ruido en las calles, la gente saliendo a la calle, el bullicio de la proclamación, la alegría del objetivo conseguido…
Esa madrugada Eibar proclamó la Segunda República, antes que Madrid, antes que Barcelona, antes que nadie. En nuestra plaza. Con nuestra gente. Una proclamación impulsada por los vecinos y por las vecinas de la ciudad animados por los resultados de las elecciones celebradas pocos días antes. Desconozco si fue algo planificado o surgió sobre la marcha. Lo que sí tengo claro es que los hechos de ese día de abril de 1931 fueron el reflejo de la idiosincrasia de esta ciudad, de su carácter audaz y valiente, de su ideal progresista, de sus ansias de cambio y del anhelo por vivir bajo los valores universales de la República.
La ciudad de Eibar hizo historia esa madrugada de 1931. Por desgracia, esa II República duró un lustro escaso y si bien Eibar se mantuvo fiel al orden republicano hasta sus últimas consecuencias, tuvo que claudicar ante la nueva realidad que el ejército sublevado fue imponiendo en todo el estado.
De 1936 en adelante, la guerra civil, la dictadura, el miedo, la represión, se cebaron con la ciudad y sus gentes. Hubo quien tuvo que esconderse. Quien fue a la cárcel. Quien tuvo que abandonar su hogar e irse. Hubo quien no regresó. Y la memoria se fue guardando en cajones, en fotos escondidas detrás de la cama, en conversaciones a susurros para que nadie las escuchara. Se fue guardando y callando, pero nunca olvidando.
Y mi 'aitxitxa', que con entusiasmo me narraba lo sucedido en Eibar el 14 de abril de 1931, siempre eludió hablar de lo que vino después, de lo que vivió durante la guerra civil y la dictadura. Su incomodidad era evidente, como si tuviera miedo a verbalizarlo, por lo que tampoco insistí. Nunca quise ahondar en una herida que, a todas luces, no había cicatrizado y creo que nunca lo haría.
Sin embargo, para bien, la memoria de la ciudad de Eibar es tozuda. Porque aquí nos conocemos todos y todas (o casi) y, precisamente por eso, es más difícil olvidar. Se sabe que el vecino del tercero perdió a su abuelo. Que la señora de la tienda guardó durante años un pañuelo republicano en el fondo del armario, recuerdo, posiblemente, de alguien que jamás volvió. Sabes que en aquel taller nunca se quiso colgar la bandera que tocaba. Y eso no se olvida.
Hoy, 14 de abril de 2026, 95 años después de la épica proclamación, la ciudad de Eibar es declarada Lugar de Memoria Democrática. Un reconocimiento justo y necesario que elogia la valentía de los vecinos y de las vecinas de la ciudad de Eibar que proclamaron la segunda república antes que nadie aquel 14 de abril de 1931 y que permanecieron fieles a la misma hasta sus últimas consecuencias. Unos vecinos y unas vecinas que de 1936 en adelante, como otros muchos españoles y españolas, pagarían caro, muy caro, sus ansias de libertad, de igualdad, de justicia social, de un estado laico o de una educación pública para todos y todas. Porque eso era, entre otras muchas cosas, la República que ellos y ellas ayudaron a instaurar.
La declaración de Eibar como Lugar de Memoria Democrática representa, en definitiva, un ejercicio de dignidad y de orgullo. Y es que, en verdad, no podría estar más orgulloso de aquellos hombres y de aquellas mujeres que hoy, hace exactamente 95 años, hicieron historia en nuestra ciudad.