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'Elephant in the room'

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Existe en inglés una expresión, con una profunda carga irónica, que reza 'elephant in the room'. Traducida literalmente, significa 'un elefante en la habitación'. Ésta es una expresión metafórica que se utiliza cuando hay algo escandalosamente evidente que es ignorado. Constituye algo, además, sobre lo que nadie quiere discutir.

La escena gráfica que dibuja la expresión es espectacular. Sería imposible pasar por alto la presencia de un elefante en una habitación y, sin embargo, las personas que comparten estancia con el animalito fingen que éste no está ahí, de forma que se evitan –por cobardía, por desinterés, por incomodidad o por lo que sea- tener que lidiar con el problema.

Eso es lo que ocurre con muchas iniciativas políticas e institucionales sobre las más diversas materias: precios de alquiler de viviendas, precio de la energía, planes renove, movilidad sostenible, etc. Y es lo que pasa, exactamente, con el plan de movilidad presentado por el gobierno municipal donostiarra bajo la denominación 'Datorren Donostia'.

Este plan, que constituye un valorable esfuerzo técnico y político por reducir el tráfico en el centro de la capital guipuzcoana, establece itinerarios para dificultar que el coche privado pase por el centro urbano para atravesar la ciudad, y propone un sistema de cámaras y autorizaciones específicas para acceder a determinadas zonas. Sugiere, asimismo, cambios en los recorridos tanto del transporte público urbano (Dbus), como interurbano (Lurraldebus).

El impulso de esta clase de fórmulas -que seguro que, en mayor o menor medida, estará trabajándose en las otras capitales vascas- está motivado por dos factores principales: Por un lado, la posibilidad de recibir fondos europeos con este tipo de proyectos, enfocados en “zonas de bajas emisiones”; y, por otro lado, la demanda ciudadana de más espacios amigables y sin coches, así como la creciente preocupación por el cambio climático.

El noble objetivo de reducir el tráfico en el centro urbano choca frontalmente, sin embargo, con el desarrollo y con los planes que, durante décadas, se han implantado en muchas ciudades y que se materializaron en la construcción de aparcamientos soterrados en el centro que necesitan a los coches.

Las plazas de aparcamiento en superficie en el centro de Donostia son casi inexistentes y no dan juego, por lo tanto, a la articulación de medida eficaz alguna para afrontar un problema de este calibre

La afluencia masiva de turismos, debido a la gran oferta de aparcamiento, ha generado un tráfico que es el principal problema. Ahora, nuestras autoridades quieren solucionar la cuestión de forma imaginativa, pero sin mencionar 'al elefante' que son los parking de rotación que están en el centro y que precisan, para su viabilidad, del acceso de coches.

Las plazas de aparcamiento en superficie en el centro de Donostia son casi inexistentes y no dan juego, por lo tanto, a la articulación de medida eficaz alguna para afrontar un problema de este calibre. El gran reto sólo se puede abordar a través de las concesiones administrativas que inundan el centro. Estamos hablando de cerca de 3.000 plazas de parking que, a lo largo de un día —y más intensamente los fines de semana y en verano—, se llenan varias veces.

La solución a este problema, generado durante décadas, ni es sencilla ni puede basarse en el reproche al adversario político. No podemos obviar que se trata de concesiones administrativas de parking de muy larga duración, que requirieron inversiones millonarias pendientes aún de amortizar. Por eso, si realmente existe conciencia sobre el cambio climático y sobre la movilidad sostenible y se quiere actuar con coherencia, la respuesta del gobierno municipal a esta cuestión requerirá grandes consensos y soluciones imaginativas.

No plantear, analizar, estudiar y pelear por superar este problema sería un error y representaría un fracaso para la ciudad

Para ser eficaces en la transformación de la realidad, esos consensos y esas soluciones deben reconocer, para empezar, que en la habitación hay un 'elefante' en forma de aparcamientos soterrados.

Habrá que poner, metafóricamente, el elefante sobre la mesa y buscar soluciones a medio y largo plazo, soluciones que podrían contemplar la habilitación de otros usos como plazas para residentes, espacios seguros para el aparcamiento de bicicletas, áreas para el desarrollo de un nuevo modelos de logístico en la ciudad o incluso parques infantiles cubiertos.

No plantear, analizar, estudiar y pelear por superar este problema sería un error y representaría un fracaso para una ciudad que, simplemente, terminaría haciendo un ejercicio de 'gatopardismo' con este bienintencionado plan de movilidad, porque el elefante seguiría ahí

Existe en inglés una expresión, con una profunda carga irónica, que reza 'elephant in the room'. Traducida literalmente, significa 'un elefante en la habitación'. Ésta es una expresión metafórica que se utiliza cuando hay algo escandalosamente evidente que es ignorado. Constituye algo, además, sobre lo que nadie quiere discutir.

La escena gráfica que dibuja la expresión es espectacular. Sería imposible pasar por alto la presencia de un elefante en una habitación y, sin embargo, las personas que comparten estancia con el animalito fingen que éste no está ahí, de forma que se evitan –por cobardía, por desinterés, por incomodidad o por lo que sea- tener que lidiar con el problema.