Mundial 2030: renunciar es ganar
La Copa Mundial de Fútbol masculino disputada el pasado julio en Estados Unidos, México y Canadá ha atraído la atención de millones de personas. Pero también ha puesto de manifiesto otra realidad: un elevado gasto público, gentrificación, el racismo, denuncias sobre los derechos de la ciudadanía y un debate sobre los oscuros intereses de la FIFA. La fiesta ha terminado, pero la resaca continúa. En Donostia, ante el riesgo de convertirnos en sede de este espectáculo dentro de cuatro años, deberíamos prestarle especial atención.
En México D.F., movimientos populares salieron a la calle para denunciar el encarecimiento de la vivienda y el desplazamiento de los vecinos. Denunciaron que el Mundial agravó problemas ya existentes y relegó las necesidades de la ciudadanía a un segundo plano.
En Canadá, un informe publicado por la auditoría municipal de Toronto identificó deficiencias en materia de transparencia, control del gasto y procedimientos de toma de decisiones. No es admisible que en un macroevento como éste no esté garantizada la responsabilidad institucional ni la transparencia. La ciudadanía debe saber quién asumirá los costes del evento y quién se beneficiará de los ingresos que genere.
En Estados Unidos, por su parte, organizaciones defensoras de los derechos humanos denunciaron que las, practicas autoritarias, duras políticas migratorias y la discriminación aumentaban el riesgo de violación de las normas internacionales de derechos humanos. Además, la cercanía entre la dirección del fútbol internacional y Trump ha generado polémica. En octubre la Federación Noruega de Fútbol denunció ante la FIFA cuestiones de gobernanza, conflictos de intereses y ciertas decisiones.
Auditorías, organizaciones de derechos humanos, movimientos populares y representantes del fútbol han cuestionado el modelo del Mundial. Surge una pregunta común: ¿qué intereses se priorizan?
Desde que se presentó la candidatura de Donostia para 2030, Bizilagunekin ha advertido del riesgo de agravar la turistificación. Las dificultades de acceso a la vivienda, la mercantilización del espacio público, la masificación y los efectos en la vida cotidiana no son hipótesis futuras: ya los sufrimos. El Mundial podría agravarlos.
Además, ha surgido una contradicción. Las instituciones que presentaron la candidatura conjunta de Donostia y Bilbao admiten exigencias inaceptables de la FIFA, según los medios: un elevado coste económico, la obligación de realizar nuevas inversiones, la necesidad de adaptar normativas, la exclusión del euskera, las limitaciones para organizar otros eventos y las exenciones fiscales. Sin embargo, mantienen la candidatura. En las próximas semanas la FIFA visitará Donostia, mientras la candidatura continúa en vigor y sus consecuencias generan preocupación entre los vecinas y vecinos.
¿Por qué? ¿Realmente creen que acoger el Mundial será beneficioso? ¿O les condicionan las presiones de grupos de interés turísticos, hosteleros, deportivos y económicos? Quizá sepan que aceptar las condiciones de la FIFA indignaría a la ciudadanía y la candidatura conjunta les permite mantener el proyecto, dejando a la FIFA la responsabilidad del rechazo final. Es legítimo preguntarlo.
Las instituciones deben decir no a los intereses económicos organizados y anteponer la vida de la ciudadanía a cualquier presión. Donostia necesita aliviar la turistificación, garantizar el derecho a la vivienda y adaptar la ciudad a sus habitantes.
Las instituciones deben decir no a los intereses económicos organizados y anteponer la vida de la ciudadanía a cualquier presión
Entonces, ¿por qué participar en los negocios de la FIFA? Renunciar al Mundial no sería un fracaso, sino anteponer el bienestar ciudadano a los intereses privados. El 5 de diciembre organizaremos el Día contra el Mundial para analizar sus consecuencias y expresar en la calle que debemos rechazar su celebración en Donostia por el grave riesgo de agravar la turistificación. Organicémonos. En el camino hacia el decrecimiento turístico, impidamos que el Mundial de Fútbol masculino 2030 se dispute en Donostia.