Paulino Gómez Beltrán, el socialista encargado del abastecimiento de los exiliados vascos por la Guerra Civil que creó un sistema de cartillas
Paulino Gómez Beltrán (1892-1963) fue director general de Comestibles Sólidos, dentro del Departamento de Comercio y Abastecimientos del Gobierno de Euzkadi. Nació en Bilbao, aunque hijo de alaveses; sus apellidos, en realidad, eran Gómez de Segura y Beltrán de Heredia, compuestos alaveses. Expuesto a la lucha sindical desde una edad temprana, colaboró en una campaña electoral del PSOE con 13 años y se afilió a las Juventudes Socialistas con 16. Sostiene el libro que su cercanía a Indalecio Prieto le permitió acelerar “su ascenso dentro de los escalafones del partido y de la UGT”. Participó en la creación de dos sindicatos, uno de Panificación y Confitería General y otro del Ramo de Alimentación; el segundo llegó a tener más de 1.500 afiliados. Escaló, siempre de la mano de Prieto, y fue designado secretario del PSOE bilbaíno. Se dice en la obra que esta designación era parte de “una estrategia para involucrar a las nuevas generaciones para que amortiguaran la más que probable ruptura que provocaría la Tercera Internacional”, la comunista.
Con varias participaciones en la ejecutiva de la UGT en Bizkaia, de la que llegó a ser uno de los miembros de mayor influencia, también tuvo actividad en la política local y fue concejal de Bilbao por el distrito de Bilbao la Vieja. No intervino mucho, pero sí aprovechó para denunciar injusticias laborales. En todo momento, recuerda el libro, compaginó su desempeño político con su lucha sindicalista y su actividad profesional de panadero. Fue detenido junto con otros miembros del Ayuntamiento por celebrar un pleno sobre la cuestión autonómica. No fue la única vez que estuvo en prisión: ya lo había estado antes por portar una pistola cargada y por participar en la huelga general republicana de 1930, y volvería apenas quince días después por su participación en la revolución de octubre.
Candidato por el Frente Popular en las elecciones de 1936, no obtuvo escaño de diputado. Ya en plena Guerra Civil, fue designado director general de Comestibles Sólidos, dentro del Departamento de Comercio y Abastecimientos, encabezado por el consejero Ramón María Aldasoro. No solo estuvo a cargo del abastecimiento, sino también de repartir ropa. Disponía de una vivienda en Bilbao en la que guardaba parte de los víveres, lo que provocó que fuera víctima de varios asaltos cometidos por ladrones. Tildado de “indudablemente muy listo”, huyó de Bilbao. La represión franquista lo acusó de ser, según el libro, “un individuo peligroso por sus actividades e ideología y uno de sus principales enemigos”. Se le impuso una multa que ascendía a medio millón de pesetas.
Estuvo un tiempo en Francia, pero Aldasoro le encomendó ser delegado del Gobierno de Euzkadi en Barcelona. Allí, se encargó de abastecer a los exiliados vascos y creó un sistema de cartillas. El lehendakari, José Antonio de Aguirre, lo bautizó como “Concierto Económico Alimenticio”. Fue elegido presidente del Comité Central Socialista de Euskadi, lo que lo convirtió en interlocutor de los socialistas con Aguirre. La ocupación nazi de Francia lo obligó a huir y acabó en un campo de internamiento, aunque recobró la libertad con la liberación de Francia en 1944. Negoció, de forma intensa según el libro, con Aguirre lo que se convertiría en el Pacto de Baiona, que mantuvo a las diferentes formaciones vascas unidas contra el franquismo. En 1949, Aguirre volvió a confiar en él y lo nombró consejero de Seguridad Social del Gobierno vasco. Falleció en la ciudad francesa de Toulouse en 1963, a los 70 años.