Vitoria mira al cielo 166 años después desde el cerro en el que los astrónomos observaron el eclipse total de Sol de 1860
A falta de menos de dos semanas para el eclipse de Sol que se podrá disfrutar en su totalidad desde diversos puntos de Euskadi, Vitoria ha vuelto al cerro de Santa Lucía (ahora un parque dentro de una zona urbanizada), donde un monolito recuerda que el 18 de julio de 1860 un puñado de astrónomos se reunieron allí para apreciar cómo el disco solar se ocultaba detrás de la Luna. El lugar se conoce desde al menos finales del siglo XIX como el alto de los Astrónomos y la Diputación de Álava, en un proyecto en el que ha colaborado con el investigador Iñaki Armentia y el Archivo Histórico Provincial, ha aprovechado para acompañar el bloque de piedra conmemorativo de una serie de paneles que explican cómo era la ciudad por aquel entonces, desde qué puntos se acercaron los científicos y qué sucedió en el momento en que se ocultó el Sol.
Los eclipses totales de Sol no son frecuentes. Se estima que se puede disfrutar de uno en algún punto del planeta cada año y medio. En puntos concretos, sin embargo, la espera es mucho mayor. Así, Álava no ha vivido uno desde 1860. Armentia, en un cuaderno con información sobre aquella cita que se puede descargar de Internet, ha centrado el relato en Johann Heinrich von Mädler, astrónomo alemán que dirigía el observatorio de Tartu, en Estonia, y al que aconsejaron que eligiese Vitoria como centro de operaciones. Otros, como el astrónomo inglés Warren de la Rue, optaron por Rivabellosa, con observatorio en la cercana localidad de Quintanilla de la Ribera. La oportunidad de aquel día de julio de hace 166 años convirtió Álava en un nido de astrónomos, que, entre otros hitos, consiguieron tomar por primera vez en la historia fotografías de la totalidad, muy útiles para efectuar análisis científicos.
Mädler, que estaba al tanto de las labores de De la Rue y que incluso visitó su campamemento, comenzó a instalar sus aparatos en Santa Lucía, al este de Vitoria, el 14 de julio, cuatro días antes de la fecha marcada en rojo en el calendario. “Se acotó con estacas un terreno de forma circular de 100 pies de diámetro, para colocar en su interior los dispositivos y telescopios. Con esta medida, se impedía el paso de la gente, y los astrónomos podían trabajar con tranquilidad”, explica Armentia. “Dentro del terreno, se construyó una cabaña de madera abierta por su lado sur, se colocaron doce puestos donde atornillar y montar los instrumentos de los astrónomos, y en el centro se colocaron cuatro postes inclinados para colocar un tragaluz artificial, con un espacio libre debajo”, añade sobre el espacio diseñado por el propio Mädler.
El día 18 amaneció con cielos inestables, lo que hizo que el equipo del científico alemán procedente de España oscilase “entre el miedo y la esperanza”. La expectación era máxima, tanto entre los científicos como entre los habitantes de la ciudad, que por entonces no superaban los 20.000. “Por orden de las autoridades militares, 100 hombres de infantería y 20 de caballería rodearon la zona, para evitar cualquier interrupción que impidiera el trabajo de los científicos”, se relata. La expedición científica fue un éxito. En un mensaje de despedida publicado en el Boletín Oficial de la Provincia de Álava, los científicos se dijeron “felices de haber quedado favorecidos el día 18 por la luz inesperada del cielo y dichosos de sus experiencias”. En varias líneas, se deshicieron en elogios hacia las autoridades y los habitantes de la ciudad, a los que agradecieron sus “pruebas de bondad, de afabilidad y hospitalidad graciosa”, según el texto original, recogido por Armentia.
Una “historia científica maravillosa”
La diputada foral de Cultura y Deporte, la socialista Ana del Val, ha alabado el trabajo de Armentia y ha sostenido este jueves que recordar la historia es siempre “positivo”, y más ahora que se va a repetir el mismo fenómeno. “Estamos ante una historia científica maravillosa, estamos encantados de estar aquí”, ha señalado. En cualquier caso, y como ya viene siendo habitual en anteriores citas, ha subrayado la importancia de disponer de gafas especiales homologadas que protejan la vista tanto mientras se esté ocultando el Sol como mientras esté volviendo a asomar. Es “importantísimo” tomar estas medidas, ha recalcado. Por otro lado, el Gobierno vasco, que ya ha recomendado evitar los desplazamientos el 12 de agosto, espera un gran volumen de visitantes llegados de toda Europa, con una “elevada movilidad en la red viaria vasca”.
Las declaraciones se han hecho junto al monolito que en el alto de los Astrónomos recuerda aquel hito. Es un monumento tímido, que se vuelve indiferente al paso de los viandantes y cuya inscripción no puede leerse más que de cerca. La idea, sin embargo, era otra: hubo un proyecto de monumento mucho más lucido, encargado al escultor Carlos Imbert, francés pero afincado en Vitoria. Lo proyectó (el alzado muestra una columna con inscripciones coronada por un globo terráqueo), pero la falta de fondos condujo al Ayuntamiento a descartar una construcción que alcanzaría los 13.000 reales. “Sería deseable que la corporación actual de [Vitoria-]Gasteiz, que no sufre estrecheces económicas, considerara la posibilidad de levantar este monumento en recuerdo de aquel acontecimiento, tal como deseaban nuestros antepasados. La escultura es de dimensiones modestas y su coste sería perfectamente asumible”, escribe Armentia.