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El eclipse de agosto de 2026 revive la Álava astronómica de 1860 y las primeras fotografías de la historia

Campamento instalado por el equipo de Warren de la Rue para estudiar el eclipse de 1860

Rubén Pereda

Vitoria —
5 de abril de 2026 21:32 h

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El 18 de julio de 1860, tuvo lugar un eclipse solar total que se dejó sentir en el nordeste de la península ibérica. Álava, que quedó completamente dentro de la franja de totalidad, fue entonces un avispero de astrónomos llegados desde muchos rincones de Europa para apreciar y estudiar el fenómeno. La Luna cubrió el Sol y el astrónomo inglés Warren de la Rue —que había instalado una base científica en la localidad alavesa de Rivabellosa con observatorio en la cercana Quintanilla de la Ribera— consiguió el hito de tomar una serie de fotografías del eclipse. Ahora, 166 años después, Euskadi se prepara para un nuevo eclipse, que será total en algunos lugares y que permitirá apreciar fenómenos como las perlas de Baily y el anillo de diamante que se asoma justo antes de que la Luna cubra el Sol por completo.

De la Rue, que fue condecorado por sus observaciones con una Medalla Bakeriana concedida por la Royal Society, dedicó su Lectura Bakeriana —la exposición que lee el ganador del galardón— a 'El eclipse solar total del 18 de julio de 1860, observado en Rivabellosa, cerca de Miranda de Ebro, en España'. Relata el astrónomo que tuvo constancia, a través de un colega, desde finales de 1858 de que en verano de 1860 iba a tener lugar un eclipse en España. Eligió en un primer momento Santander como lugar en el que establecer su base de trabajo, pero “por suerte” se decantó finalmente por Rivabellosa, pues las condiciones atmosféricas privaron de la observación a los compañeros que fueron a la capital cántabra. De la Rue tuvo guardadas las espaldas en todo momento por un equipo de colegas conformado por, entre otros, Robert Beckley, J. Reynolds, George Downes, Edward Beck y Joseph Bonomi.

Aunque por la mañana el día amenazó con ser nublado, el cielo, para alivio de todos, se despejó. Dos centenares de personas, según el relato de De la Rue, se agolparon alrededor del puesto de observación. El científico les explicó que necesitaba silencio para poder escuchar los latidos del cronómetro y les indicó que, pese a estar en ese punto instalado el campamento científico, una elevación del terreno cercana era más apropiada para asistir como espectadores. Se hizo entender, cuenta, gracias a “la amabilidad de un caballero de Miranda [de Ebro]” que hablaba francés. También se muestra agradecido en sus palabras a Civilio Guinea, a la sazón alcalde de Rivabellosa, que explicó a aquellos que se quedaron alrededor que el silencio era imperativo.

El Sol, justo en el momento en el que la Luna lo tapó por completo en el eclipse de 1860, captado en las fotografías del equipo de De la Rue

El eclipse se produjo pasadas las 13.30 horas. Como anécdota, cuenta De la Rue que el cronómetro se le había caído y se había adelantado unos pocos minutos al tiempo medio de Greenwich, el del primer meridiano. Esto provocó que una de las fotografías, que se había preparado con la intención de captar el momento del primer 'contacto' de la Luna con el disco solar, se perdiese. Del revelado de las fotografías, que había de hacerse después de que estas quedaran expuestas al fotoheliógrafo (un aparato ideado y diseñado específicamente para captar fotografías del Sol), se encargó Reynolds. De la Rue estaba haciendo unas mediciones cuando le preguntó a su colega si era posible ver en las tomas algo de la totalidad del eclipse. “Al saber, con gran emoción, que la operación había sido un éxito total, no hice más mediciones, consciente de que las podría ejecutar mejor con las fotografías”, añade.

El equipo de De la Rue, con curiosos arremolinados alrededor

En las fotografías de las fases de la parte parcial del eclipse, De la Rue apuntó a un fenómeno “muy curioso”. Según explica en su texto, con sus fotografías de la totalidad se pudo demostrar que las protuberancias observadas —con sus contornos irregulares, que asemejan montañas o nubes vistas desde la distancia— pertenecían al disco solar y no a la Luna.

Otra de las fotografías captadas en Rivabellosa en 1860

La misión de De la Rue no fue la única que optó por estudiar el fenómeno desde tierras alavesas. En la parte alta del barrio de Santa Lucía, al este de la ciudad, existe un punto que desde al menos finales del siglo XIX se conoce como alto de los Astrónomos, por haber allí un monolito que recuerda el emplazamiento de algunos de los observatorios instalados para apreciar el eclipse. “En este terreno se situaron las misiones científicas enviadas por diferentes naciones para estudiar el eclipse total de Sol que tuvo lugar el día 18 de julio de 1860”, se puede leer tallado en piedra.

Monolito que recuerda las misiones desplazadas hasta Vitoria para observar el eclipse de 1860

¿Quiénes se reunieron en ese punto? Desde Estonia llegó Johann Heinrich Mädler, que dirigía un observatorio en la ciudad de Tartu; de Dinamarca, Heinrich Louis d'Arrest, que estaba al frente del Observatorio Real de Copenhague, y Georg Daniel Eduard Weyer, que impartía clases de Astronomía en la Universidad de Kiel, y de Alemania, Schulz y Chuttz. Hubo, asimismo, científicos diseminados por otros puntos de la geografía alavesa, como Ali, Anda, Hereña, Laguardia, Llodio, Peñacerrada y Pobes, con científicos como Áiry, Perrowne, Goodwin, Vignoles, Perr, Poli, Grant, M'Taggart, Pritchard, Scott, Van Fasel y Wright, entre muchos otros.

Perlas de Baily y anillo de diamante

Un eclipse es sencillamente el fenómeno por el que la luz procedente de un cuerpo celeste queda ocultada por otro que se interpone en el medio. Tanto en el caso de 1860 como en el de agosto de 2026, la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra. Así se ha explicado esta semana en el acto de presentación de las actividades que se van a desarrollar en torno al eclipse, que se ha celebrado en el centro Ataria de Vitoria. El consejero de Ciencia, Universidades e Innovación, Juan Ignacio Pérez Iglesias, ha estado acompañado de dos expertas en la materia: Naiara Barrado Izagirre, investigadora del grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad pública vasca (EHU), y Virginia García Pena, integrante del grupo de Astronomía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

La franja de visibilidad de un eclipse, como ha explicado Barrado Izagirre, es muy reducida. El de este año, por ejemplo, se va a ver en su totalidad en Groenlandia, Islandia y varios puntos de España. En Euskadi, se verá en lugares como Arrasate-Mondragón (durante apenas unos segundos), Bizkaia (de Bilbao hacia el oeste, durante minuto y medio), Vitoria (un minuto) y Laguardia y otros puntos de la Rioja Alavesa (hasta dos minutos y veinte segundos). Sin embargo, en una zona mucho más amplia (en la que se incluyen zonas de Gipuzkoa y Bizkaia y también parte de América del Norte y África y prácticamente Europa completa) sí se podrá observar el parcial. ¿Es habitual? Según los datos aportados por esta experta, hay unos dos eclipses solares parciales al año, mientras que los totales se suceden aproximadamente cada 18 meses. La cuestión es que se distribuyen por todo el globo terráqueo, por lo que las posibilidades de ver uno en el lugar de procedencia son mucho menores.

Naiara Barrado Izagirre, el consejero Pérez Iglesias y Virginia García Pena, en la presentación de esta semana

¿Qué se puede disfrutar de un eclipse como el que Euskadi vivirá el 12 de agosto? Sobre las 19.30 horas, se producirá el primer contacto entre el disco de la Luna y el disco solar. Poco a poco, el satélite de la Tierra irá cubriendo el disco solar, según ha explicado García Pena. “A partir de entonces, en todo momento en el que estemos mirando al Sol, necesitaríamos estar con las gafas de eclipse puestas”, ha advertido. La totalidad, cuando la Luna cubra por completo al Sol, se dará a las 20:27. Se da la circunstancia de que, para ese momento, el Sol estará ya bastante bajo, poco antes del anochecer, por lo que es necesario buscar un sitio alto, despejado y sin obstáculos elevados en dirección oeste. “¿Adónde iríamos una tarde de agosto a ver un bonito atardecer? Ese será un buen sitio para ver el eclipse”, ha aconsejado la experta.

Es en ese momento, cuando se produce la totalidad, cuando es ya seguro quitarse las gafas. “Una vez que el Sol se ha cubierto por completo, es el momento de disfrutar del eclipse a simple vista y ver los cambios que se producen: cómo ha bajado la luminosidad, si podemos observar la corona solar, se pueden llegar a apreciar estrellas y algún planeta a simple vista...”, ha enumerado García Pena como atractivos del breve momento. En cuanto vuelve a ser visible el Sol, pasado ese breve interludio, hay que volver a ponerse las gafas. El episodio terminar por completo a las 21.30, aunque no será apreciable, puesto que el Sol ya se habrá puesto por el horizonte para entonces.

¿Qué es lo más bonito de un eclipse como este? Ya de por sí, toda la parcialidad es bonita de observar, según ha indicado García Pena. Pero hay dos hitos justo antes de que se produzca la totalidad. Uno de ellos es el de las conocidas como perlas de Baily. La superficie de la Luna no es llana, pues tiene sus valles y sus elevaciones. “Cuando ya la Luna ha cubierto casi todo el disco solar, la luz del Sol pasa por los valles de la Luna. Se ven como unos pequeños destellos en los bordes del Sol”, ha explicado la integrante de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Y hay otro más: “En el último contacto, se ve como un último rayo de luz, que es lo que llaman el anillo de diamante”. Después de estos dos instantes, llega la totalidad y, ya pasada la totalidad, se vuelven a repetir estos dos hitos, ahora en orden inverso.

Infografía con datos relevantes del eclipse que tendrá lugar el 12 de agosto

“Nos va a permitir conmovernos y al mismo tiempo aprender. Hay un disfrute emocional y uno intelectual”, ha señalado el consejero. Esa misma noche, además, cuando el eclipse ya haya podido disfrutarse y el Sol se haya puesto definitivamente por el horizonte, tendrá lugar la lluvia de estrellas de San Lorenzo, con el pico de actividad de las Perseidas. “Los eclipses no solo son un evento muy bonito de ver, sobrecogedor, sino que también permiten hacer ciencia”, ha añadido Barrado Izagirre. Como ejemplo, ha exprimido el experimento que el astrofísico británico Arthur Eddington llevó a cabo en 1919 aprovechando un eclipse: tomó unas fotografías que permitieron confirmar la teoría de la relatividad postulada por Albert Einstein.

En un plano más accesible para el público general, hay experimentos más sencillos que pueden ejecutarse durante el tiempo que se prolongue el eclipse. Los rayos de Sol, al colarse entre las ramas de los árboles, proyectan el eclipse. En cada uno de ellos, según han explicado las expertas, se puede apreciar un pequeño eclipse. Un resultado similar se puede obtener con una espumadera. “Son juegos muy bonitos para disfrutar mientras dure la parcialidad”, ha señalado García Pena.

Las recomendaciones para disfrutar del eclipse

El Gobierno vasco ha lanzado una serie de recomendaciones para disfrutar lo máximo posible del eclipse. Está disponible, además, la página web eklipsea.euskadi.eus, con información. Antes de que ocurra, es ya importante seleccionar una buena localización. Si la localidad de residencia permite observarlo (se puede consultar en este enlace un visualizador del Instituto Geográfico Nacional con mapas que muestran la evolución del eclipse minuto a minuto), se recomienda no desplazarse a otros lugares para evitar colapsos. En cualquier caso, para apreciar el eclipse, se requiere de un punto con buena visibilidad hacia el oeste, dado que la ocultación se va a producir poco antes de la puesta del Sol. En esa dirección, no ha de haber ningún obstáculo, ya sean edificios o árboles. Además, cuanto más elevado se esté, mejor. Por otra parte, es esencial que en el lugar elegido no vaya a haber nubosidad abundante en las horas del eclipse. La predicción meteorológica de los días anteriores permitirá comprobar si el cielo va a estar despejado en el lugar elegido.

La recomendación más importante pasa por usar gafas especiales. ¿Cómo se puede estar seguro de que son las apropiadas? Han de cumplir con la norma ISO 12312-2 y no pueden estar dañadas. El consejero Pérez Iglesias ya ha anunciado que el Gobierno vasco no las va a suministrar, pero sí sabe —no ha especificado— de alguna entidad que se propone lanzar la posibilidad según se vaya acercando la fecha y cree que habrá “abundancia” de material disponible. “Si acudes con menores, vigila en todo momento que usen correctamente las gafas y que observen el Sol con seguridad”, se advierte. Además, puesto que el eclipse, con sus diferentes fases, durará varias horas, es importante aplicarse protector solar, llevar visera y contar con agua y alimentos.

El Departamento de Ciencia, Universidades e Innovación está trabajando en colaboración con los de Seguridad y Salud. Por una parte, se espera un gran volumen de desplazamientos desde el norte de Europa, lo que dificultará la movilidad durante ese día y las jornadas previas. Según ha indicado el consejero, hay ya un “volumen de reservas importantes” en alojamientos de agroturismo. Por otra parte, es importante que se cumplan las indicaciones de seguridad, como el uso de gafas protectoras.

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