Madrid–Monfortinho–Lisboa: ¡Prioridad Nor‑Extremeña!
Hágase una cumbre con Portugal si es necesario. Hablen, acuerden y dejen de marear la perdiz. Cada cual que cargue con sus penitencias por acción u omisión y asuma el resultado de las urnas, en la eterna construcción de la denominada Autovía de la Esperanza.
No nos vengan con campañas de 'Habla, Extremadura', 'Fulanito te escucha' y similares. El movimiento social lleva clamando en el desierto desde hace muchos años. En esta ocasión, el relato y la razón ya los ha ganado una reclamación ciudadana: la movilización del 20 de mayo en Monfortinho. Una llamada de atención para que, desde las atalayas de los despachos —y especialmente desde quienes deberían haberla impulsado— se apueste por adivinar el futuro. Es hora de que la política forme parte del proceso y de su final. El mejor relato son los hechos, con presupuesto y calendario.
La terminación de la autovía entre Moraleja y Castelo Branco ha entrado, por fin, en foco. Seis meses para formar gobierno deberían ser suficientes para plantear sin tibieza esta prioridad. Para esta parte de Extremadura, la prioridad está clara: solo 18 kilómetros, que deberían haberse contemplado en cualquiera de los presupuestos autonómicos de la última década.
Estamos tan focalizados en el AVE Madrid–Lisboa que somos incapaces de conjugarlo, copulativamente, con otras demandas de infraestructuras que necesita nuestra comunidad. Apenas queda un doce por ciento de autovía por concluir entre territorio portugués y español en un enlace internacional Madrid–Lisboa pasando por Monfortinho. No se trata solo de reducir tiempos por ferrocarril entre las dos capitales, también por carretera.
Un diario extremeño señalaba recientemente cómo, en la capital regional, el cruce entre la Aâ5 y la Aâ66 está generando sinergias logísticas, empresariales y de empleo. Pues bien, el norte de Extremadura reclama —no por capricho— favorecer con la encrucijada Aâ66 y ExâA1 las mismas oportunidades para un territorio que necesita conexiones con Portugal, en una zona transfronteriza donde la densidad de población se reduce a pasos agigantados, agravado por el envejecimiento demográfico.
Hay que celebrar la petición de reunión de Álvaro Cotrina a la presidenta María Guardiola. Sería deseable que, más allá del protocolo, permitiera un marco de entendimiento sobre la movilidad de los extremeños, donde tanto el gobierno central como la comunidad autónoma tienen responsabilidades. Algo similar a lo que fue en su día el Pacto Social y Político por el Ferrocarril, arropado por todos los partidos de la Asamblea. Extremadura nunca ha conocido un incremento tan notable de inversiones como el que trajo aquel pacto. Sobran razones para proponer y apoyar un pacto por las infraestructuras que se mantenga en el tiempo, gobierne quien gobierne.
Las infraestructuras son esenciales en la lucha contra la despoblación. El Instituto Nacional de Estadística predice para 2050 una caída demográfica del 3,6% en Extremadura, mientras que España crecerá un 10,5%. Puede que haya llegado el momento de plantear, como región, la concreción del pago de la deuda histórica en forma de inversiones e infraestructuras.
Menos hablar de la España vaciada y más obras para evitar la Extremadura a vaciar. Resulta incomprensible que, en un contexto de fondos europeos destinados a generar movilidad en zonas fronterizas, 18 kilómetros de autovía supongan una amenaza para políticos miopes, instalados en tacticismos partidarios. ¿O nos están diciendo que Moraleja, Coria, Plasencia o Ambroz, Gata y Hurdes pertenecen a una división regional sin preferencia? O quizá los dioses que habitan en Emérita Augusta se hayan vuelto locos y nos quieran ciegos, mudos y emigrados.
Como diría José Sacristán: “Lo importante es antes”.