Calma tensa y sentimientos a flor de piel en Hornachos tras confirmarse las peores sospechas
La localidad pacense de Hornachos vive esta jornada marcada por el silencio, una calma tensa y los sentimientos a flor de piel después de confirmarse que los restos hallados ayer en la vivienda de los dos investigados por la desaparición de Francisca Cadenas en 2017 corresponden a su vecina.
Aunque la mayoría de los residentes evita hacer declaraciones a los medios de comunicación, el ambiente en este municipio del sur de la provincia de Badajoz, de unos 3.375 habitantes, es una mezcla de resignación y también de alivio porque se puede poner fin a nueve años de incertidumbre.
En las calle se ve a pocos vecinos y, con el paso de las horas, muchos han ido retomando sus quehaceres cotidianos. Entre ellos, y también entre los familiares de 'Francis', una palabra se ha repetido este jueves, prudencia, a la espera de confirmarse que se está en la dirección correcta.
Los hijos de Francisca Cadenas han reconocido que sienten emociones contradictorias, una mezcla de esperanza y dolor, con el deseo de que, por fin, se esté en el camino adecuado para esclarecer lo ocurrido.
Al mismo tiempo, han admitido no encontrar explicación al tiempo transcurrido hasta llegar a este punto, pero tampoco han dudado en mostrar su apoyo al trabajo realizado por la Unidad Central Operativa (UCO) y la Guardia Civil.
Entre los vecinos el impacto es evidente. Una mujer que regentaba una tienda en la misma calle, visiblemente afectada, confesaba entre lágrimas que no logra comprender lo sucedido. “Estoy en estado de shock, mi cabeza no da para más”, ha manifestado, recordando que conocía tanto a Francisca como a los dos hermanos detenidos por su desaparición.
“Francisca era una mujer buena, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitaba, seguro que a veces llevó comida a estos dos vecinos”, ha expresado Maite Benítez, periodista vecina también de Hornachos. Siente “rabia” y “frustración”, pero también orgullo de su municipio, “un pueblo agradecido como se demostró anoche con los aplausos espontáneos a la Guardia Civil y la UCO”.
El silencio domina especialmente en las inmediaciones de la calle Nueva, donde residía Francisca y donde viven su familia y los dos detenidos. En ella, los equipos de criminalística continúan trabajando, mientras que otros agentes se han desplazado hasta una finca propiedad de los dos hermanos, que también han ido a este lugar -allí han sido increpados por vecinos que les han llamado “asesinos”- para después regresar a la puerta de su vivienda, donde permanecen dentro de un coche policial, lo que ha provocado momentos de tensión y gritos de “¡salid ya!”.
Mientras tanto, en la calle Nueva, otros residentes se aproximan a los medios de comunicación para preguntar por las últimas noticias, mientras los agentes mantienen la vigilancia y algunos vecinos observan la escena con discreción desde las puertas de sus casas.
Entre los pocos que acceden a hablar, algunos ha manifestado que tienen “el cuerpo cortado”, una expresión muy extendida en Extremadura, pues no pueden dejar de pensar cómo la mujer pudo haber estado tan cerca durante todos estos años “y como estas dos personas han podido convivir sabiendo que tenían al lado los familiares con la incertidumbre por no saber el paradero de su madre”.
También han criticado la “sangre fría” de los detenidos por haber defendido hasta el último momento que no tenían nada que ver con la desaparición de Francisca.
Algunos habitantes temen que ahora llegue la parte más dura: la reconstrucción de los hechos. “Será entonces cuando se conozca realmente lo que pasó aquella noche”, han advertido, conscientes de que los detalles que puedan salir a la luz pueden ser especialmente dolorosos.