Extremadura conmemora el Día del Pueblo Gitano con una llamada a la “igualdad real” y el fin del antigitanismo

El pueblo gitano ha clamado hoy por su dignidad en la Asamblea de Extremadura y ha dejado claro que “el tiempo de la espera ha terminado”, que “no bastan las declaraciones institucionales, ni el reconocimiento simbólico”, pues ya “es imprescindible transformar las palabras en hechos” y “los compromisos en políticas públicas”.

El Parlamento regional ha acogido, un año más, el acto institucional del Día Internacional del Pueblo Gitano con un acto en el que se ha leído un manifiesto consensuado por las organizaciones gitanas en Extremadura y que ha concluido con una magistral interpretación de la cantaora Nuría Clavería del himno “Gelem Gelem”, acompañada al saxofón por Francisco Miguel Suárez.

El manifiesto ha sido leído por Bibí Salazar, de la Federación de Asociaciones del Pueblo Gitano en Extremadura (Fapugex), y por Flora Muñoz, de la Fundación Secretariado Gitano, tras las intervenciones del alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna; la secretaria general de Igualdad y Conciliación, Ara Sánchez; y el presidente del Parlamento extremeño, Manuel Naharro.

Bibí Salazar ha destacado que el 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano, es una fecha de “memoria, reconocimiento y compromiso”, para reivindicar que “no hay futuro posible sin raíces profundas” y denunciar que “persisten desigualdades que son el resultado de siglos de discriminación acumulada”.

Por ello, ha hecho una “llamada de responsabilidad colectiva a las instituciones” para que trabajen por la igualdad real y por superar “el desconocimiento que alimenta los prejuicios”, así como a los hombres y mujeres gitanas para “seguir avanzando sin renunciar a lo que somos”.

Flora Muñoz ha considerado necesario “alzar la voz”, porque su pueblo, según ha dicho, 600 años después de su llegada a la península ibérica, “no puede seguir siendo espectador de decisiones que afectan directamente a su vida” ni consentir que “nacer gitano o gitana suponga partir en desventaja”.

Muñoz ha abogado por reconocer la diversidad como “una riqueza colectiva” y, en ese sentido, ha reivindicado “una educación que no segregue, que no etiquete, que no expulse”, sino que valore “la cultura gitana como parte de conocimiento común y que ofrezca a niños y niñas oportunidades reales de desarrollo, combatiendo el abandono escolar desde la comprensión y no desde el prejuicio”.

De igual forma, ha pedido “un mercado laboral donde se valoren las capacidades y el esfuerzo y donde el origen no sea una barrera invisible que limita oportunidades”, así como “la erradicación del antigitanismo en todas sus formas” y el derecho a participar activamente en la vida política, social y cultural, para “poder decidir sobre nuestro presente y nuestro futuro” y “convertirnos en protagonistas de nuestro propio destino”.

Flora Muñoz ha reclamado también una financiación “justa, estable y continuada” para las asociaciones gitanas, como motor de transformación social; el derecho a la salud, “entendido de manera integral”, especialmente para las personas mayores, y ha considerado inaceptable, en ese sentido, que la esperanza de vida del pueblo gitano siga siendo menor que la del resto de la sociedad, “una injusticia -ha dicho- que exige respuestas urgentes”.

El manifiesto aboga, asimismo, por viviendas dignas para este colectivo y por el fin del chabolismo y deja claro que el pueblo gitano, “un pueblo con plena ciudadanía”, “no pide favores, exige derechos”, por lo que “avanzar en el conocimiento y el reconocimiento del pueblo gitano no es una opción, es una necesidad democrática”.

Manuel Naharro ha defendido que “una sociedad que reconoce su diversidad es una sociedad más justa” y ha destacado que “cuando avanzamos juntos, avanzamos mejor”.

Ara Sánchez ha alabado los valores del pueblo gitano y ha reclamado “cambiar los términos del discurso: no hablar de integración, sino trabajar hacia la aceptación y el reconocimiento; entender que la sociedad verdaderamente libre y democrática tiene la responsabilidad de adaptar su mirada y de proporcionar oportunidades reales de desarrollo”.

Tras el acto en la Asamblea de Extremadura, se ha llevado a cabo el lanzamiento de pétalos desde el Puente Romano de Mérida y el encendido de velas en memoria de las víctimas del “Samudaripen”, el intento de exterminio del pueblo gitano durante el Holocausto.

El alcalde de Mérida, que ha intervenido también en el acto ha anunciado que se llevará a cabo, igualmente, un reconocimiento al Tío Enrique en el cementerio por una vida dedicada a la defensa de la dignidad de su pueblo.