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Farruco Sesto: "La oposición en Venezuela rechazó la vía electoral para intentar cambiar el gobierno"

El ex ministro bolivariano, profesor, arquitecto y escritor gallego cerró la Semana Galega de Filosofía dedicada a la revolución. "No se hace una revolución para el pueblo, sino que es el pueblo quien la hace", dice.

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Farruco Sesto

Farruco Sesto

La vida de Farruco Sesto (Vigo, 1943) traza una línea recta entre Galicia y Venezuela, un enlace que desde la década de los sesenta acerca los dos países. Hace falta recordar a este respeto sus poemarios, publicados a partir de la década de los sesenta (y, en ellos, por ejemplo la Pandeirada do Che), su relación con Celso Emilio Ferreiro, y su actividad política y cultural de oposición al franquismo desde lo otro lado del océano Atlántico. Nieto del pedagogo Juan Novás Guillán, e hijo del intelectual galleguista Xosé Sesto, emigró con la familia a Venezuela con 18 años, donde estudió arquitectura.

Ya décadas más tarde participó intensamente y desde el primero del proceso político bolivariano, siendo ministro de Cultura desde el primer gobierno de Hugo Chávez y ocupando posteriormente el Ministerio de Vivienda y otras carteras. Mantiene permanentemente actualizado su blog personal, Con Farruco. El pasado viernes cerró, presentado por Xosé Luis Méndez Ferrín, la XXI Semana Galega de Filosofía, dedicada en este 2014 a la Revolución.

El otro día escribía yo erróneamente que en esta Semana de la Filosofía el único que había protagonizado realmente una revolución, más allá de aportaciones teóricas, había sido Otelo Saraiva de Carvalho, pero usted lleva quince años viviendo en primera persona una revolución. ¿Cuáles son a su juicio los principales logros del proceso político iniciado por Chávez y continuado ahora por Maduro?

Voy a partir de una definición de revolución. Hacer una revolución es hacer un cambio irreversible en las relaciones humanas. Es un hecho cultural, aunque trasciende a lo económico, a lo político, a todos los aspectos de la política. Lo más importante es el crecimiento de la conciencia del pueblo, el pueblo es protagonista de la revolución. No se hace una revolución para el pueblo, sino que el pueblo es quien la hace. Lo más importante es esa recuperación de la dignidad en un pueblo de mucha diversidad cultural, hay que recordar que Venezuela tiene otras treinta lenguas además del castellano. Eso, frente a la Venezuela que protagonizaba la política anteriormente, la Venezuela de las élites que vivía de las rentas petroleras. Venezuela es un país que está en una transformación profunda, que además se conectó con otros países de Sudamérica y el Caribe, lo que hizo que toda la región viviera un cambio notable. Tratamos de construir una región de paz, que contrasta con la cultura belicosa de Europa. También derrotamos prácticamente la pobreza crítica, según las cifras de la ONU, que constatan el avance radical que estamos viviendo.

¿Qué falta por hacer? ¿Cuáles son los grandes problemas a los que tiene que hacer frente Venezuela?

Dentro del diseño de la economía mundial, a Venezuela le tocó el papel de país exportador de materias primas, de petróleo y de minerales. Eso coincidió con la consolidación de una burguesía parasitaria y no productora, que vivía de las rentas del petróleo y no creó industria. Hay un reto, que es económico pero también es cultural, y que consiste en transformar la economía rentista en una economía productiva, y no es fácil. Estamos sufriendo una guerra económica y una guerra mediática, unida a la acción de grupos de ultraderecha que quieren provocar el caos para forzar una intervención externa. Es realmente impresionante como mienten la mayor parte de los medios de comunicación y dan una imagen completamente irreal de Venezuela.

Da la impresión de que la oposición cada vez radicaliza más sus posiciones, y los sectores más extremistas de López o Machado se van imponiendo a los más moderados de Capriles...

Con la enfermedad del presidente Chávez estos sectores tenían puestas sus esperanzas en que la muerte de Chávez les iba a permitir conseguir el poder. Chávez gana en 2012 con millón y medio de votos de diferencia, muere, y en las elecciones de abril de 2013, a pesar de casi no hacer campaña, Maduro vuelve a ganar. Eso sí, con una diferencia muy pequeña. La oposición se frotó las manos, pensando que el chavismo estaba acabándose. La oposición les dio a las elecciones municipales de diciembre un carácter plebiscitario, pero la revolución volvió a ganar, y ampliando la diferencia de nuevo hasta el millón de votos y llevando dos de cada tres municipios. Les dimos una paliza. La oposición descartó entonces la vía electoral para intentar cambiar el gobierno y los sectores de extrema derecha salieron a la calle. El resto de la derecha, aunque es más moderada,  fue siguiendo la misma estrategia. Venezuela es ahora un país en el que protestan los ricos, y la mayoría del pueblo se contiene para no crear el caos.

Incluso su nuera fue agredida en la calle...

Sí, fue agredida por esta gente cuando llevaba sus dos hijos pequeños. Felizmente el ataque no tuvo consecuencias, pero en otros casos sí que hubo muertos o heridos.

¿Hay miedo a que pueda haber algún tipo de golpe militar o de intervención militar exterior?

No creo que vaya haber un golpe. La amenaza exterior sí está ahí, si algunos países deciden que Venezuela es un estado fallido, producto de este intento de generar el caos en las calles. Sin embargo, una diputada de extrema derecha llevó a la OEA una propuesta de intervención exterior; Panamá hizo la propuesta, que sólo fue apoyada por Estados Unidos y Canadá, frente a 29 países, de signo político muy distinto, que votaron en contra.

La revolución sobrevivió a Chávez. Pero, ¿su muerte dejó a cielo abierto fricciones internas dentro del PSUV, sobre todo entre Maduro y Diosdado Cabello, o con los sectores chavistas de base?

No, no. Lo que hay es un liderazgo colectivo y no hay boquetes en este equipo. Las críticas vienen de estas personas o grupos situados más a la izquierda. Siempre hay una impaciencia para acercarse lo antes posible al horizonte de construcción de una sociedad distinta. Pero dentro del Gobierno y entre los distintos partidos que forman el Polo Patriótico hay una coherencia absoluta. Y también hay unidad en las fuerzas armadas.

¿Cómo es la relación de la revolución bolivariana con la comunidad gallega en Venezuela? ¿Son todos los gallegos tan críticos con el gobierno?

La realidad es que una parte importante de los gallegos que fueron allá son muy conservadores, montaron negocios, hicieron dinero... La misma Galicia que es conservadora aquí, es conservadora allá, temerosa de perder esas propiedades. Hay que recordar que Celso Emilio Ferreiro, cuando volvió de Venezuela escribió Viaxe ao país dos ananos (Viaje al país de los enanos), y los enanos eran esa gente temerosa, conservadora, franquista. Y ahora siguen igual, ya no son franquistas porque no está de moda apoyar dictaduras, pero mantienen ese espíritu conservador. Ahora, yo conozco muchísimos gallegos en Venezuela, intelectuales, profesionales o comerciantes, que no son así, y que apoyan el proceso bolivariano.

¿Sigue habiendo enanos, por lo tanto, tanto en Venezuela, como en Galicia?

Sí, sobre todo en los sectores de segunda y tercera generación de emigrantes italianos, canarios, gallegos..., que forman esa clase media que no acepta la revolución. A veces da la impresión que no sólo es una posición de clase, sino también un desprecio al pueblo, al pueblo que los acogió, sintiéndose por encima de los demás, incluso con un cierto racismo. Pero no se puede generalizar.


Hoy lo presenta Méndez Ferrín, la quien conoce desde hace décadas. ¿Cómo es su relación?

Ferrín es uno de los grandes, una referencia, como ciudadano, como intelectual y como narrador y poeta. Como poeta es extraordinario. Yo lo admiro mucho y le tengo un gran cariño. No es que nos escribamos todos los días, pero siempre estamos un pendiente del otro. Fue una persona luchadora, consecuente y hizo suya esa frase de Martí de 'con los pobres de la Terra quiero yo mi suerte echar', que al final es lo que le da sentido a la política.

Ya para finalizar, veo que sigue usted escribiendo y publicando, pero ya no en gallego, ¿erdad?

No, no en los últimos años. Yo escribí mucho en gallego porque la emigración es siempre un arrancarte de un sitio, y yo sentía una cierto deber con Galicia, una necesidad de seguir haciendo algo por ella, y lo hice a través de la poesía. Puedo hablar en gallego, pero no soy tan ágil como en castellano, que es la lengua en la que hablo habitualmente desde hace más de 50 años. Pero el gallego está ahí y no descarto volver a escribir en gallego.

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