Aitana reina Mallorca en la segunda jornada del Mallorca Live Occident

14 de junio de 2026 11:59 h

0

Aitana ha paralizado la isla en la segunda jornada del Mallorca Live Occident. La diva del pop ha congregado a fans de todas las edades desde primera hora de la tarde. Las aficionadas más previsoras han ocupado las primeras filas del escenario principal de Estrella Damm para disfrutar del concierto de una de las estrellas del pop, la principal cabeza de cartel del día junto con Cypress Hill, que tocaron justo antes que ella.

La artista, que ha recordado que hizo su primera audición para Operación Triunfo en la isla, ha reconocido que la logística para tocar el repertorio de 'Cuarto Azul' en un festival es compleja y que ha estado enferma en los últimos días, pero que quería venir a Mallorca para deleitar a su público más fiel. Ella ha correspondido a la audiencia tomando una bandera de las Illes Balears en el escenario y agradeciendo un montaje que han hecho de ella con una ensaimada como vestido.

Los seguidores de Aitana se mezclaron con los de Cypress Hill, referentes y míticos del rap estadounidense. Las diferencias generacionales y musicales desaparecieron durante clásicos como Insane in the Brain o Jump Around, capaces de poner a saltar a todo el recinto por igual en una noche en que el festival consiguió hacer sold out.

Mucho más que Aitana

Mientras las primeras filas se iban consolidando para ver a Aitana, el resto de escenarios demostraba que la jornada tenía mucho más que ofrecer que un único nombre propio. La Plaza abrió fuego con Bruz, mientras La Isla apostaba por una mezcla de funk, pop y rock que invitaba al movimiento desde los primeros acordes. En Sa Barca el público se acomodaba con auriculares para disfrutar de una experiencia inmersiva alejada del bullicio general.

Uno de los momentos más inspirados de la tarde llegó de la mano de Pablopablo. Su actuación en el Escenario Mallorca consiguió generar una atmósfera envolvente en la que las nuevas canciones del artista fueron recibidas como auténticos himnos por un público entregado. Al mismo tiempo, Lia Kali congregaba a una multitud en Es Jardí, donde sus temas encontraron una respuesta inmediata entre los asistentes. Más cerca de la calma, la mallorquina Julia Beatloop desplegaba en Sa Barca una sesión de pulsaciones electrónicas suaves y texturas delicadas.

La intensidad fue aumentando con la llegada de Depresión Sonora. Markusiano y los suyos ofrecieron un repertorio que combinó material reciente con canciones ya convertidas en referentes para sus seguidores. En paralelo, Dominiq DMasso, inmerso en una nueva etapa artística tras el final de The Prussians, exhibió en La Plaza una personalidad propia cada vez más definida a través de una sesión electrónica elegante y ambiciosa.

En Es Jardí, Rusowsky apareció escondido tras una estética deliberadamente enigmática, entre peluca, humo y juegos de luces. Mientras tanto, The Wombats aportaban una dosis de energía británica con un repertorio directo y efectivo, y los parisinos Exsonvaldes demostraban en La Isla su habilidad para moverse entre idiomas y estilos sin perder identidad. Allí mismo, Komodo García confirmó que el talento emergente de Mallorca sigue acumulando argumentos para mirar más allá de las fronteras de la isla.

La conexión entre León Benavente y el público mallorquín volvió a hacerse patente una vez más. La banda encontró en Es Jardí a una audiencia fiel, numerosa y plenamente implicada, reafirmando una relación construida a lo largo de los años y consolidada actuación tras actuación.

Ya entrada la noche, el festival reservaba algunas de sus sorpresas más agradables. Arp Frique & The Perpetual Singers, nombres quizá menos conocidos para buena parte del público, protagonizaron uno de los directos más celebrados de la jornada en el Escenario Mallorca. Su combinación de groove, energía y virtuosismo terminó conquistando incluso a quienes llegaban sin referencias previas. En La Isla, Carmen y María aprovecharon la oportunidad de reivindicar su propio espacio. Tras haber brillado como coristas de La Plazuela, demostraron que poseen suficiente personalidad artística para ocupar el centro de la escena.

La recta final quedó en manos de la experiencia. Kaiser Chiefs mantuvieron la temperatura emocional del festival con una sucesión de canciones que ya forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Después llegaron los últimos bailes. Bresh y Adriatique se encargaron de prolongar la celebración hasta la madrugada, mientras Rata clausuraba con electricidad y contundencia una jornada marcada por la convivencia de estilos, públicos y generaciones. Una de esas noches en las que el verdadero protagonista no fue un artista concreto, sino la capacidad del festival para reunir universos musicales muy distintos bajo un mismo cielo.