ENTREVISTA
María Terremoto, cantaora: “El flamenco sigue siendo un mundo de mucho patriarcado y masculinidad”
Cuando suena el teléfono, acaba de salir de comprar ropa para sus dos hijos. María Terremoto atiende la llamada con prisa, pero con muy buen humor, mientras se pide un café: al día siguiente viajará para inaugurar el Festival Paco de Lucía Mallorca en el Teatre Principal, una cita dedicada al maestro de la guitarra en la que compartirá escenario con Mala Rodríguez en un concierto inaugural que mezcla flamenco y rap.
A sus 25 años, la cantaora jerezana es heredera de una de las grandes sagas del flamenco. Es nieta del legendario Fernando Fernández Monje, más conocido como Terremoto de Jerez, e hija de Fernando Terremoto, dos figuras fundamentales del cante que marcaron la historia reciente del género y cuyo legado pesa, inevitablemente, sobre cualquier paso que da sobre el escenario.
La Terremoto nieta, que pisa el acelerador como un verdadero terremoto, defiende ese peso de la tradición, pero también la necesidad de abrir caminos nuevos. Con dos discos publicados —La huella de mi sentío (2018) y Manifiesto (2025)—, busca su lugar dentro del flamenco tras un renacer artístico y personal que la ha llevado a cuestionar el purismo, reivindicar la libertad creativa de los jóvenes y defender el papel de las mujeres en un flamenco que considera todavía marcado por la masculinidad y el patriarcado.
¿Qué significa para una cantaora jerezana inaugurar un festival que lleva el nombre de Paco de Lucía?
Para mí es un honor enorme, porque la admiración que le tengo —y que le tenemos todos— al maestro es inmensa. Me hace mucha ilusión y tengo muchísimas ganas.
El concierto mezcla flamenco y rap junto a Mala Rodríguez y no parece casual. En otras ocasiones ha trabajado con artistas urbanas como la andaluza Faenna, o Harto Rodríguez, que también estuvo con C. Tangana. ¿Cómo se siente al actuar con una mujer pionera del rap en España? ¿Cómo ha surgido?
Principalmente por eso mismo que comentas: es una pionera del rap español y, sobre todo, es mujer. Ha sido una mujer que siempre se ha atrevido a decir lo que le ha dado la gana, quitando ese estereotipo de que el rap es un mundo muy complicado y muy liderado por hombres. Después, porque también le tengo mucho cariño. Ya colaboré con ella en un concierto que hizo el año pasado en el Palau de la Música Catalana, en Barcelona. Tenía ganas de poder tenerla también en un concierto mío y que esté dentro de Manifiesto, que es lo que vamos a presentar.
Hablando de Mala Rodríguez y del rap, quería preguntar por el otro lado, por el lado del flamenco. Da la sensación de que vive un momento especialmente abierto a mezclarse con otros géneros, muy probablemente por una renovación generacional. ¿Cómo se está viviendo ese momento? ¿Hay realmente una mayor apertura? De hecho, hace poco se lanzó su versión de La Niña de la Escuela.
Yo creo que sí, y sobre todo seguimos en la lucha. Personalmente estoy intentando deshacerme de ciertas ataduras del flamenco puro. Al venir de una casa de cantaores y de una familia flamenca, se me hace más complicado, porque el público que tengo es flamenco y eso no quiero perderlo, por supuesto. Pero sí quiero abrirme un poco y mostrarme a otros oídos y otros ojos. Yo nací en 1999, estoy entre la generación millennial y la zeta, y mis necesidades también son otras.
Creo que estamos en esa lucha. Hay un sector dentro del flamenco más puro que a veces no nos deja sentirnos libres del todo. Yo intento apartarme de eso y no escuchar críticas. La música es muy grande y muy bonita, y está para disfrutarla y hacerla.
Sobre La niña de la escuela, tengo que decir que no me quedé muy conforme con la versión. No se produjo ni se masterizó como yo quería. Desde aquí le tengo que dar las gracias a Miguel Ángel de Black Box Mastering, que fue quien hizo la magia y arregló el tema, porque cuando me lo entregaron era un truño, con perdón. Esas cosas me dan coraje, porque quiero que todo salga impecable, sobre todo en esa lucha por acercarme al mainstream sin olvidar de dónde vengo. Pero bueno, son pasos que doy.
No me quedé muy conforme con la versión de 'La niña de la escuela'. No se produjo ni se masterizó como yo quería. Desde aquí le tengo que dar las gracias a Miguel Ángel de Black Box Mastering, que fue quien hizo la magia y arregló el tema, porque cuando me lo entregaron era un truño, con perdón
Seguro que habrá más oportunidades.
Claro. Dentro de poquito saco single otra vez y también me voy a meter a grabar un nuevo álbum que va a ser muy especial. No puedo decir nada todavía, pero seguro que lo será.
Sobre ese flamenco más purista: en ese debate tan presente, ¿existe realmente la pureza o es más bien un mito?
La pureza existe. Lo que yo no soy es parte del purismo, que para mí es otra cosa diferente. El purismo muchas veces es una cruz que se le echa al flamenco —o en este caso a mí, que vengo de una casa flamenca— y con la que te fustigan: “no te salgas de aquí”, “esto no vale porque no es flamenco”. Pero la pureza la tengo en mi ADN: vengo de una casa gitana, flamenca y cantadora, y eso nadie me lo va a quitar.
Lo que pasa es que necesito explotar mis inquietudes. Creo que mi cante es puro, igual que el de otros compañeros, pero los jóvenes también estamos buscando otros caminos y llegar a otros públicos, sobre todo gente joven. Gracias a esa amplitud que le estamos dando al flamenco, muchos jóvenes que no conocían esta música pueden acercarse más.
En ese debate sobre el purismo muchas veces aparecen sobre todo voces masculinas. ¿Sigue siendo el flamenco un mundo muy marcado por la masculinidad?
Quizás no con las mismas trabas de antes, porque antes la mujer lo tenía muy difícil. Lo he dicho en otras entrevistas y me han llovido críticas, pero me da igual. En mi propia familia ha habido mujeres cantaoras que quizá no lo fueron por el hombre que tenían al lado.
La época también era distinta, pero sí, el flamenco sigue siendo un mundo con mucha masculinidad, y de patriarcado. Y yo también quiero deshacerme de eso, porque la igualdad es de las cosas más bonitas que hay y las mujeres tenemos mucho que ofrecer.
También está la cuestión generacional. En su caso coincide además con la maternidad y una carrera artística ya consolidada. ¿Cómo se compagina todo eso en el día a día? ¿Influye la maternidad en la manera de cantar o crear?
Yo creo que sí y no. Ser madre y trabajadora —en mi caso madre y artista— es complicado. Tienes que estar en constante creación y, de las 24 horas del día, quizá no puedo dedicarle 12 a la música porque tengo dos pequeños que me reclaman. Intento compaginarlo de la mejor manera posible, aunque hay días que termino agotada y no tengo ganas de meterme en el estudio. Tengo un estudio en casa donde intento crear mis paranoias, pero no te voy a mentir: es complicado.
Ser madre y trabajadora —en mi caso madre y artista— es complicado. Tienes que estar en constante creación y, de las 24 horas del día, quizá no puedo dedicarle 12 a la música porque tengo dos pequeños que me reclaman
Muchos artistas jóvenes están protagonizando esa apertura del flamenco. ¿Qué está aportando esta generación al género?
Yo, viniendo de donde vengo, agradezco mucho el esfuerzo de mis compañeros por poner el flamenco en un sitio un poquito más mainstream y acercarlo a los jóvenes.
Es completamente necesario. La pureza siempre se mantiene, pero hay que renovarse o morir. Nosotros tenemos un poco esa llave para acercarlo a gente joven sin despreciar, por supuesto, a los cantaores y cantaoras de los que seguimos aprendiendo.
Entre el primer trabajo y Manifiesto pasaron siete años. En otras ocasiones ha hablado de dudas y de un renacer artístico. ¿Qué cambió en ese tiempo?
Entré en un mundo del que no tenía ni idea. Yo solo quería subirme a un escenario y cantar, que es lo que he soñado desde pequeña. Pero te encuentras con un mundo de gente mayor, con muchas cosas que no entiendes y con preguntas que a veces no te atreves a hacer. Quizá lo de renacer tan joven puede chocar, pero para mí lo ha sido porque me he encontrado a mí misma. Antes iba un poco como pollo sin cabeza, con muchas inquietudes, más rebelde y más salvaje.
Ese tiempo me ha dado tranquilidad para pensar las cosas y dar pasos firmes. Antes no tenía suficiente madurez. Ha sido un tiempo de encontrar mi camino y también de encontrarme como persona.
Una última curiosidad, más bonita: si su padre o su abuelo pudieran verla hoy sobre el escenario, ¿qué cree que dirían?
Mi abuelo seguramente me pondría algunas pegas, porque tenía una mentalidad muy antigua y además era un grandísimo entendido del cante. Pero espero que, desde donde esté, esté orgulloso. Y mi padre sé que me apoyaría en todo: en mis proyectos, en lo que quiero ser y en dónde quiero llegar. Aunque era un flamenco puro y ortodoxo, también tenía la mente muy abierta. Eso es lo que me consuela.