Cientos de personas toman Sóller, epicentro de la turistificación en Mallorca: “Somos un pueblo, no una inversión”

Esther Ballesteros

Mallorca —
8 de agosto de 2026 12:37 h

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Enclavado entre el mar y la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Sóller es uno de los municipios de Mallorca que con mayor intensidad sufre los efectos de de la presión turística, la proliferación de pisos de alquiler turístico, la escalada de los precios de la vivienda, la especulación inmobiliaria y la saturación de las carreteras. Este sábado, apenas dos semanas después de la multitudinaria -e histórica- protesta llevada a cabo en Palma contra la turistificación, los ciudadanos se han echado a las calles de esta localidad para denunciar las dificultades de los residentes para acceder a una vivienda, defender el comercio local y reclamar una mejora de la calidad de vida. La manifestación ha reunido a unas 2.500 personas, según los organizadores -unas 1.000, según la Delegación del Gobierno-.

Bajo el lema “Sóller al límit”, la marcha ha recorrido el centro histórico con la vivienda como una de sus principales reivindicaciones, pero también con el comercio de proximidad, la saturación turística y la pérdida de espacios para los residentes en el centro del discurso. Los convocantes sostienen que el acceso a un hogar se ha convertido en uno de los principales problemas derivados del actual modelo económico y que ya no afecta únicamente a los jóvenes que intentan emanciparse, sino también a trabajadores y familias que encuentran cada vez más dificultades para permanecer en el municipio.

Convocada por el Moviment Jove de Sóller y la plataforma Menys Turisme, Més Vida, la movilización -que ha contado con un amplio respaldo del tejido asociativo, con 80 adhesiones entre entidades sociales, culturales, ecologistas, sindicales y vecinales de Mallorca- ha arrancado a las 10.00 horas desde la plaza dels Estiradors y ha avanzado por la calle Sa Lluna, una de las arterias comerciales más transitadas del municipio.

El recorrido a lo largo de esta vía ha convertido el propio paisaje urbano en parte del mensaje de la protesta: mientras cientos de manifestantes avanzaban, numerosos escaparates mostraban rótulos exclusivamente en inglés dirigidos al visitante extranjero. En apenas unos metros podían leerse reclamos como “Best specialty coffee”, “Local artisan cakes”, “Fine Majorcan wines” o anuncios de degustaciones de jamón ibérico, quesos y vinos en varios idiomas, evidencia de la transformación progresiva del centro histórico hacia un comercio cada vez más orientado al turista.

Entre las pancartas podían leerse mensajes como “Idealista: 6.581 €/m². Això és violència” (“Esto es violencia”), mientras otras resumían el malestar con lemas como “Qui estima Mallorca no la pot pagar” o “Sense sostre, sense poble”, en referencia a la dificultad de acceder a una vivienda en el municipio. Los manifestantes también han exhibido carteles que reclamaban preservar una “vida normal” frente a la “luxuria assassina” o que advertían de que “vivimos del turismo” pero que el agua, los alimentos y los ecosistemas constituyen la verdadera base de la vida.

Lejos de presentar la protesta como un rechazo frontal al turismo, algunas de las pancartas trataban de romper esa identificación. Una de las más llamativas enumeraba profesiones como camareros, cocineros, taxistas, recepcionistas, médicos, maestros, abogados, agricultores, pescadores o periodistas bajo el lema “També som”, reivindicando que quienes trabajan directa o indirectamente para el turismo también sufren las consecuencias del actual modelo y forman parte de la protesta.La dimensión internacional del fenómeno también estuvo presente. Entre los carteles escritos en inglés podía leerse “This paradise has problems. Don't contribute”, un mensaje dirigido expresamente a los visitantes extranjeros para pedirles que sean conscientes de los efectos de la masificación turística sobre la vida cotidiana de los residentes.

La manifestación ha concluido a los pies del Ayuntamiento, en la plaza de la Constitució, donde los organizadores han leído un manifiesto con el que han vinculado la crisis de la vivienda con el peso creciente de las segundas residencias y la inversión inmobiliaria y han denunciado que casi la mitad del parque residencial balear no se destina a residencia habitual. El documento defiende la necesidad de intervenir el mercado, movilizar vivienda vacía y limitar determinadas operaciones especulativas para garantizar el acceso a la vivienda.

El texto también ha enlazado la convocatoria de Sóller con la gran manifestación del pasado 26 de julio en Palma, a la que, según los convocantes, asistieron más de 70.000 personas. Los organizadores han denunciado la “criminalización” del movimiento contra la turistificación, han condenado la actuación policial durante aquella protesta y han asegurado que esos hechos no frenarán las movilizaciones. “Que quede bien claro que no nos harán miedo ni harán retroceder un movimiento ciudadano y pacífico”, han aseverado.

El manifiesto ha concluido con un llamamiento a mantener la movilización en todas las islas para defender “el derecho a una vida digna” y con un mensaje dirigido a las instituciones y a la ciudadanía: “Ninguna economía puede considerarse un éxito si obliga a su propia gente a abandonar su casa”. La lectura terminó entre aplausos con una proclama que resumió el espíritu de la convocatoria: “Quien ama esta tierra no la vende, la defiende. Quien ama Sóller no lo explota. Quien ama Mallorca no la destruye”.

La convocatoria llegaba precedida de semanas de tensión y debate en el municipio. El paso de la marcha por el carrer de Sa Lluna había despertado las reticencias de parte del comercio local, preocupado por el impacto que pudiera tener la protesta en plena campaña de verano. Sin embargo, los organizadores decidieron mantener tanto el itinerario como el horario inicialmente previstos, argumentando que precisamente ese eje comercial simboliza los efectos que, a su juicio, la turistificación está provocando sobre el tejido económico tradicional de Sóller. En los días previos insistieron en que el objetivo no era perjudicar a los establecimientos, sino visibilizar que muchos comercios históricos están desapareciendo como consecuencia del incremento del precio de los alquileres comerciales y de un modelo orientado cada vez más al consumo turístico. También defendieron que el paso por la calle sería puntual, de aproximadamente una hora, tras la cual la actividad recuperaría la normalidad, como así ha sucedido.

La manifestación también ha dejado espacio para expresiones culturales. En un cajero automático de la calle Sa Lluna aparecía pegado un poema del escritor Miquel M. Pou Al dedicado a la naturaleza y a la crítica de un modelo centrado únicamente en el beneficio económico. Sus versos invitaban a no olvidar “de qué están hechas nuestras batallas” ni que “existen otros mundos con solo bajar la mirada”.