La “crianza temporal de tortugas” del Mediterráneo: “Vienen de Chipre, Grecia y Turquía por el aumento de temperaturas”
En Cala en Calderer, una playa de difícil acceso en Menorca, la vida empezó para ellas bajo la arena. Veinticinco tortugas bobas (Caretta caretta) rompieron el cascarón en octubre de 2025. Para ellas, sin embargo, sobrevivir a la vida adulta es una tarea compleja. Veinte de aquellas crías han regresado ahora a la misma playa de la que proceden, después de pasar casi un año creciendo lejos del mar, en instalaciones preparadas para protegerlas durante una de las etapas más vulnerables de su vida. Su conservación es muy importante. Se trata de una especie protegida y catalogada como “vulnerable” en el Catálogo español de especies amenazadas.
El regreso es el final de un proceso de crianza controlada. La idea es ofrecer a las tortugas una ventaja antes de devolverlas a su medio natural. “Es un programa que consiste en dar una ventaja inicial a una especie. Se les da una segunda oportunidad”, explica Tomeu Moragues, jefe del Servicio de Protección de Especies del Govern. “El nacimiento del nido de Cala en Calderer forma parte de un acontecimiento más general, que es el desplazamiento de estas poblaciones de Chipre, Grecia y Turquía hacia la cuenca occidental”.
Durante casi un año, los animales permanecen bajo cuidado humano hasta alcanzar un tamaño que les permita afrontar con más posibilidades los primeros peligros del océano. “Lo que hacemos es una crianza temporal de las tortugas, normalmente durante diez o doce meses. Después las liberamos cuando tienen un peso aproximado de un kilo, o quizá algo menos. Lo que buscamos es aumentar sus posibilidades de supervivencia”, detalla Moragues. Las veinte tortugas liberadas en Menorca pesaban alrededor de un kilo y medio de media. Este proceso, además, les permite tener un mayor conocimiento de la biología de esta especie.
Lo que hacemos es una crianza temporal de las tortugas, normalmente durante diez o doce meses. Después las liberamos cuando tienen un peso aproximado de un kilo, o quizá algo menos. Lo que buscamos es aumentar sus posibilidades de supervivencia
Hay que tener en cuenta que, cuando acaban de nacer, tienen “una tasa de depredación muy elevada”, explica Moragues. “De esta manera, conseguimos aumentar su tasa de crecimiento para que puedan llegar a la edad adulta y reproductora”. Solo una de cada cien crías llega a un año de vida y una de cada mil de las que nacen alcanza la edad adulta reproductora. Por eso es importante este proyecto, ya que aumenta la esperanza de vida de las tortugas, precisa Moragues.
El 8 de octubre de 2025, el personal del hotel Vestige Son Ermità alertó de la presencia de una tortuga recién nacida en Cala en Calderer. Los técnicos del departamento de fauna marina del COFIB –dependiente de la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural– acudieron a la playa y localizaron el nido. Allí encontraron 25 crías vivas, cuatro huevos que todavía no habían eclosionado y otros 66 ya abiertos. Las crías fueron trasladadas a las instalaciones del IRFAP-LIMIA (Instituto de Investigación y Formación Agroalimentaria y Pesquera de las Illes Balears - Laboratorio de Investigaciones Marinas y Acuicultura), en Mallorca, para incorporarse al programa. Los cuatro huevos restantes pasaron a una incubadora artificial. De las 25 tortugas que comenzaron la crianza, veinte han llegado a la fase de liberación.
Solo una de cada cien crías llega a un año de vida y una de cada mil de las que nacen alcanza la edad adulta reproductora
No todas han seguido el mismo recorrido. En el programa han colaborado el Centro de Visitantes del Parque Nacional de Cabrera, el Acuario de Sevilla, la Fundación CRAM, el Centro de Recuperación CRAMA de la Fundación Bioparc, en Gijón, y la Fundación Palma Aquarium. Antes de regresar a Menorca, los ejemplares reunidos en el Oceanogràfic de València fueron sometidos el 22 de septiembre a una prueba de sexaje mediante endoscopia. El resultado fue que las veinte tortugas liberadas son machos.
Una supervivencia que todavía hay que comprobar
La crianza controlada no termina cuando las tortugas vuelven al agua. Todos los ejemplares liberados llevan un microchip interno bajo la piel y algunos incorporan también transmisores. Ese marcaje permite identificarlos si vuelven a ser capturados y conocer parte de su recorrido, según narra Moragues. “Los resultados son prometedores. Sabemos que hay ejemplares que han vivido hasta tres años”, asegura.
Pero el jefe del Servicio de Protección de Especies evita presentar esos datos como una demostración definitiva de que el método aumenta la supervivencia a largo plazo. “Debemos ser prudentes a la hora de afirmar que esta técnica aumenta por sí misma la supervivencia. Eso lo iremos comprobando más adelante. Todavía es un poco pronto”, asume.
Una cría por playa frente a decenas en el Mediterráneo oriental
La mortalidad de las crías también tiene que ver con las características de las playas en las que nacen. Moragues explica que en las zonas de reproducción tradicionales del Mediterráneo oriental pueden concentrarse decenas de nidos. Cuando las tortugas eclosionan casi al mismo tiempo, los depredadores no pueden capturarlas a todas. “En las playas de origen de estas tortugas, en la cuenca oriental, generalmente puede haber entre cincuenta y sesenta nidos. Hay una cantidad elevada de puestas y todas las crías nacen a la vez. Entonces, los depredadores no tienen tantas oportunidades de capturarlas”, explica.
En el archipiélago balear, por el contrario, lo habitual es que aparezca un solo nido en cada playa. “Aquí suele nacer un único nido por playa y la cantidad de crías es pequeña, mientras que el número de depredadores es importante. Por eso estos neonatos tienen más dificultades para sobrevivir”. “Se supone que con el paso del tiempo irá aumentando el número de nidos en las playas de Balears y que podrá haber más crías que nazcan al mismo tiempo”, señala Moragues. Entre los depredadores hay aves, como las gaviotas, y peces de gran tamaño, que se comen a las tortugas.
El Mediterráneo se calienta y las tortugas se desplazan hacia el oeste
El desplazamiento de las tortugas forma parte de un fenómeno más amplio de las poblaciones orientales, que se reproduce en lugares como Chipre, Grecia y Turquía, hacia la cuenca occidental del Mediterráneo. La crisis climática está en el centro de las hipótesis. “Los cambios globales, el cambio climático y el aumento de las temperaturas son algunos de los motivos por los que estas tortugas están colonizando la cuenca occidental del Mediterráneo”, afirma.
Además, la temperatura a la que se incuban los huevos influye en el sexo de las crías. Según esta hipótesis, las temperaturas más elevadas favorecen el nacimiento de hembras y las más bajas, el de machos. Moragues sitúa en torno a los 29 grados la referencia aproximada a partir de la cual nacen más hembras. “Si la cuenca oriental está aumentando su temperatura, de alguna manera podría estar feminizando las poblaciones. Y la especie necesita que también haya machos”, explica.
Moragues cita también la migración y los cambios adaptativos en la selección de las playas donde las tortugas realizan sus puestas. Aun así, considera que el calentamiento es el factor principal. “La mayoría de las hipótesis apuntan a que la causa principal es el cambio climático y el aumento de la temperatura del agua”, concluye.