El reparto de cruceros de Ibiza para evitar colapsos: “El problema no es solo el barco, sino la acumulación sobre la isla”
A las diez de la mañana, un goteo constante de turistas comienza a bajar del crucero Wind Star en el puerto de Palma. En apenas unos minutos, cerca de 200 pasajeros se dispersan por la ciudad tras atracar en la ampliación de Poniente Norte, operativa desde hace medio año. Es una escena cotidiana en temporada alta: llegadas concentradas, visitas rápidas y una ciudad que absorbe, en pocas horas, el impacto de un turismo que no pernocta en la isla. Se acercan con atuendo sencillo y delator hacia La Seu: gafas de sol, gorra o sombrero y, más que cámara de fotos, un smartphone que sirve para capturar cualquier monumento que se ponga de por medio.
“Hace unos años fuimos a Málaga y desde allí hicimos una ruta en coche por los pueblos blancos, pero así es mucho más fácil”, cuenta José Luis, chileno, que recorre el Mediterráneo junto a su mujer. En este viaje han pasado por enclaves como Ronda, Fuengirola, Valencia, Barcelona o Cartagena, además de hacer escala en la antigua ciudad internacional de Tánger. El recorrido continuará fuera del barco: tras regresar a la ciudad condal, volarán a Casablanca para iniciar una ruta por Marruecos con paradas en Chefchaouen, Fez y Marrakech.
La lógica del viaje es la de todos los cruceros que surcan aguas mediterráneas especialmente a partir de estas fechas: ver mucho en poco tiempo y cargando con poco o nada de equipaje. “Es más cómodo porque no tienes que ir moviendo las maletas”. Al principio, el plan de José Luis y Rosa María era solo viajar a España, pero finalmente decidieron extender la aventura por el país vecino. En total, tres semanas de unas vacaciones antes de poner rumbo a Chile.
No solo en Palma, sino en el conjunto de Balears, la llegada de cruceros concentra en pocas horas miles de visitantes en destinos ya sometidos a una fuerte presión en temporada alta. En Eivissa, este verano se espera que lleguen a coincidir, en algunos días, hasta tres barcos de gran envergadura, según informaciones de la autoridad portuaria balear.
Pero la misma idea de comodidad y de acceso rápido a distintos destinos no solo la albergan turistas atraídos por el atractivo del archipiélago. También sucede a la inversa: ciudadanos que padecen el problema ven a veces en los cruceros una posibilidad de impulso para el comercio local palmesano y eligen ellos mismos esta experiencia en otros destinos.
“Nosotros -de Mallorca- hemos elegido muchas veces este tipo de viaje y nos ha parecido una buena experiencia”, valora Maria Antonia Riera, de 61 años, a elDiario.es. Su marido, desde hace años, tiene aerofobia, por lo que es una alternativa de viaje que les permite visitar muchos sitios sin pegarse la paliza de conducir largos kilómetros.
El modelo de turismo responde a una dinámica más amplia. Guillermo Inacio, otro viajero asiduo con formación en Relaciones Internacionales, sitúa los cruceros dentro de las expresiones más intensas del turismo global: permiten visitar varios destinos en poco tiempo, pero concentran en pocas horas grandes volúmenes de personas en lugares ya muy demandados. Roma, Marsella, Venecia o Dubrovnik son algunos ejemplos.
Infraestructuras colosales para atracar
Mientras los ocupantes del Wind Star descubren los tesoros arquitectónicos de Palma hasta las 16 horas -el barco tiene previsto partir hacia la costa catalana a las 17 horas-, el crucero permanecerá amarrado en el puerto de Palma. Durante las maniobras, el atraque o la estancia, los buques generan emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx), óxidos de azufre (SOx), partículas finas y COâ, contribuyendo a la contaminación en entornos portuarios.
Lo hacen, además, en un contexto en el que la zona portuaria despierta interés entre más de cuarenta empresas internacionales, nacionales y locales -42 se han presentado al concurso convocado por la Autoridad Portuaria de Baleares (APB)- para redactar un importante plan de transformación: el Plan Maestro de integración puerto-ciudad, que establecerá las bases de la reordenación del recinto portuario en las próximas décadas.
El proceso de licitación se articulará en dos fases: en la primera -con un plazo máximo de tres meses-, la APB seleccionará un máximo de cinco equipos entre las trece candidaturas presentadas. En la segunda fase, los equipos seleccionados deberán elaborar un anteproyecto técnico y económico en el que planteen distintas soluciones para la reorganización del puerto.
El proyecto forma parte de las iniciativas impulsadas por la entidad para redefinir la relación entre el puerto y la ciudad y prevé la reordenación de aproximadamente 400.000 metros cuadrados del recinto portuario. Mientras tanto, en la vecina Eivissa, el puerto de Vila, de menor tamaño, se prepara para recibir esta temporada un total de 205 escalas de cruceros con una nueva planificación que pretende evitar los episodios de saturación derivados de la coincidencia de varios buques. En cuando al puerto de Palma espera este año 517 barcos y el de Alcudia, dos.
Más de 3.000 cruceristas a la vez
La autoridad portuaria ha establecido un escalonamiento de las entradas para evitar flujos de más de 3.000 pasajeros por hora, una medida que busca garantizar la movilidad en el entorno portuario y reducir la presión sobre los servicios de transporte. Ya que la llegada simultánea de pasajeros desde los cruceros se traduce en una presión inmediata sobre taxis, autobuses o el bus náutico que conecta distintas zonas del puerto. Desde el sector del taxi, Toni Roig, presidente de la Federación Insular del Taxi de Eivissa y Formentera (FITIE), recuerda al ser preguntado por elDiario.es que esta situación es un problema recurrente en la ciudad de Eivissa. Una portavoz de la APB ha especificado a elDiario.es que únicamente habrá 14 días en los que coincidirán tres cruceros y uno, el 7 de julio, coincidirán cuatro, si bien uno iría al muelle adosado y tres de ellos son cruceros de pequeño porte.
Roig explica que cada vez que coinciden varios cruceros se dispara la movilidad y circular por las principales vías de acceso a la ciudad o hacia la zona de Marina Botafoch —conocida como la Milla de Oro de la pitiusa— se complica. El año pasado se aplicó una medida para escalonar los horarios de llegada y descarga de pasajeros, lo que permitió aliviar parcialmente la situación. Sin embargo, el volumen sigue siendo “muy elevado” y se concentra exageradamente en el núcleo urbano de Vila, muy limitado.
A ello se suma un efecto indirecto: el impacto en el servicio en otros municipios, donde se producen retrasos como consecuencia de la concentración de la demanda: “Está claro que todo lo que sea trabajo es positivo, pero somos una isla, el territorio es el que es y sufrimos una congestión y una densidad de tráfico brutal”.
Está claro que todo lo que sea trabajo es positivo, pero somos una isla, el territorio es el que es y sufrimos una congestión y una densidad de tráfico brutal
El plan: llegadas más escalonadas
Con esta nueva planificación, la autoridad portuaria balear -ha explicado la entidad en un comunicado- busca evitar esos picos de concentración y repartir la llegada de pasajeros a lo largo del día. El objetivo es reducir el impacto inmediato que generan los desembarcos simultáneos y facilitar una circulación más fluida tanto dentro del puerto como en su entorno.
Para ello, se ha establecido que los cruceros accedan a partir de las 11.30 horas —salvo excepciones autorizadas—, con la intención de no coincidir con los momentos de mayor actividad de las líneas regulares que conectan Eivissa con otros puntos del archipiélago y la península. El tráfico de cruceros seguirá concentrándose en el puerto de Botafoch —pantalanes, dique y muelle adosado—, mientras que el resto de muelles continuará destinado al transporte regular.
La previsión es que, en la mayoría de jornadas, el puerto reciba uno o dos cruceros. La coincidencia de tres buques quedará limitada a días concretos y se gestionará mediante la distribución horaria de las llegadas y el uso de distintos puntos de atraque. Solo en casos excepcionales podría superarse esa cifra, generalmente cuando alguno de los barcos es de menor tamaño o realiza escalas en horarios diferenciados.
En la mayoría de jornadas, el puerto de Eivissa recibirá solo uno o dos cruceros
Desde la APB defienden que este sistema permite compatibilizar la actividad turística con el funcionamiento del puerto y la movilidad de la ciudad, en un contexto en el que el tráfico de cruceros ha ido ganando peso en Eivissa en los últimos años. La planificación, en cualquier caso, es flexible y podrá ajustarse en función de necesidades operativas o cambios en los itinerarios de las navieras, añaden.
Los isleños por su parte ponen en tela de juicio la capacidad real de la isla para absorber estos volúmenes. “Aunque se adopten medidas para reducir el impacto, el territorio tiene límites”, dice Sandra, una residente. A su juicio, la llegada de tres cruceros simultáneos —con miles de visitantes por hora— supone una presión difícil de asumir en un contexto ya marcado por la saturación turística y una escasez hídrica preocupante que ha dejado estos días (cuando los hoteles se preparan para abrir y llenan sus piscinas) a un centenar de vecinos sin agua, como publicó Diario de Ibiza.
La presión territorial, al límite
El Informe de Sostenibilidad de 2024 de Ibiza Preservation ya advertía de que el tránsito en carretera, la demanda hídrica y los sistemas de depuración funcionan al límite durante la temporada alta, por lo que la incorporación de visitantes de un solo día añade una carga adicional sobre infraestructuras ya tensionadas.
“En Eivissa necesitamos hablar menos de cómo absorber más presión y más de cuáles son los límites ecológicos y territoriales que no deberíamos seguir sobrepasando”, señala ante elDiario.es la portavoz de la organización medioambiental, Inma Saranova.
Entre ellos, preocupa el impacto sobre la biodiversidad marina, sobre todo sobre fauna, hábitats frágiles y áreas protegidas. En un entorno como el de Eivissa, donde el litoral y el ecosistema marino son especialmente vulnerables, el ruido submarino, la introducción de especies a través del agua de lastre o la contaminación marina -señalados por la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA) o la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) como presiones relevantes- adquieren un peso añadido. Así como la incorporación de nuevas fuentes de vertidos en zonas costeras muy transitadas de un Mediterráneo muy afectado ya por la contaminación.
A esto se le suma la presión territorial provocada por la llegada simultánea de miles de pasajeros. “El problema no es solo el barco, sino el efecto acumulativo sobre un territorio con límites ecológicos claros”, afirman desde Ibiza Preservation. Esta saturación, aunque se concentre en pocas horas, se suma a la carga total que soporta la isla y reta su capacidad real para seguir absorbiendo determinados modelos turísticos.