Dónde está la española de la Flotilla detenida en Libia: “Fueron al checkpoint a negociar y no volvieron”
“La última vez que mi madre habló conmigo me dijo: 'Vamos a acercarnos al checkpoint un equipo negociador'. Entonces me mandó un audio: 'Nos acercamos, dejo móvil. Será ir y volver en un par de horas'”. Pasadas esas dos horas, no recibió noticias de su madre ni del resto de negociadores, cuenta Bruno Rodríguez Armesto a elDiario.es. “Perdimos la comunicación cuando ellos se acercaron al checkpoint a negociar. Lo que entendemos es que las autoridades les detuvieron en el checkpoint y, en algún momento, se los llevaron de Sirte a Bengasi. Sabemos que no volvieron”, explica.
Llevan cinco días en paradero desconocido, retenidos por las autoridades rebeldes del este de Libia. Además de la madre de Bruno, Alicia Armesto Núñez, española, hay otros nueve activistas detenidos de varias nacionalidades. Formaban parte de un convoy de más de 200 personas procedentes de más de 20 países que pretendían llevar ayuda humanitaria a Gaza, pasando por la frontera de Egipto, pero se quedaron atrapados en el país vecino. Hasta ahora, las familias no saben cuándo ni cómo van a poder regresar a casa.
El convoy terrestre pasaba por Libia en su viaje por el norte de África, en coordinación con la misión marítima de la Flotilla Global Sumud –que fue brutalmente detenida por Israel hace unos diez días–. Los organizadores lanzaron la voz de alarma el 24 de mayo, cuando diez integrantes desaparecieron en un puesto de control de las fuerzas libias en la localidad de Sirte, situada en la línea que separa los dos territorios enfrentados del oeste y el este de Libia. El grupo de diez personas, que ahora permanece en paradero desconocido, era un equipo encargado de negociar con las autoridades el pasaje seguro del cargamento humanitario, que incluía suministros básicos, ambulancias y casas móviles.
La detención de civiles desarmados, en el marco de un proceso previamente acordado, tras repetidos intentos de obtener permisos y facilitar su paso, constituye una violación del derecho internacional humanitario
El 25 de mayo, la Flotilla Global Sumud denunció la detención el día anterior de los diez activistas por parte de las fuerzas de seguridad afiliadas al Ejército Nacional Libio, del general Jalifa Hafter, y que estaban en manos del Gobierno del este de Libia –que le disputa el poder al Ejecutivo de Trípoli, reconocido por la ONU–. El Ministerio de Exteriores afiliado al Gobierno oriental afirmó en un comunicado que los activistas “no habían obtenido las autorizaciones necesarias” para entrar en su territorio, pero que estaban recibiendo un tratamiento “dentro del marco de la responsabilidad legal y humanitaria” correspondiente, según recogió la agencia EFE.
Pero lo organizadores del convoy han asegurado que sí habían hecho todos los trámites burocráticos y que estaban dispuestos, tal y como les exigían las autoridades locales, a transferir la ayuda humanitaria que transportaban a la Media Luna Roja Libia, que se encargaría de llevarla hasta Egipto y, posteriormente, a la Franja. “La detención de civiles desarmados por intentar comunicarse con las autoridades locales y una organización humanitaria, en el marco de un proceso previamente acordado, tras repetidos intentos de obtener permisos y facilitar su paso, constituye una violación del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos”, ha afirmado la Flotilla Global Sumud en un comunicado.
Entre los diez detenidos también se encuentra la ciudadana polaca Laura KwoczaÅa-Alsubaih, de 24 años y activista por los derechos humanos y de los migrantes, que estudia Ciencias Políticas en la Universidad de Varsovia. “Solía escribirme todos los días. El último mensaje fue el 24 de mayo, pocos minutos antes de las 09.00 de la mañana, y me dijo que estaban yendo a negociar”, cuenta a elDiario.es su madre, Sylwia KwoczaÅa.
“Me di cuenta de que Laura podría haber sido detenida cuando la ubicación de su teléfono dejó de actualizarse. Era un domingo, después de las 15.00 horas. Esa noche, me puse en contacto con Alina de la Flotilla Global Sumud en Polonia, quien me confirmó que existía esa posibilidad”, recuerda la madre. “Laura no estaba asustada, era algo que podía ocurrir y estaba preparada” para ello, agrega.
La organización también ha denunciado que los otros participantes, que habían acampado a unos 10 kilómetros de Sirte tras la desaparición de sus compañeros fueron “obligados a evacuar y algunos hombres y mujeres fueron agredidos físicamente”. Por ello, los organizadores han dado por concluida la misión humanitaria terrestre y los activistas empezaron esta semana a regresar a sus países.
“Mi madre está desaparecida”
Las autoridades italianas han confirmado que los dos detenidos de este país, Domenico Centrone (33 años) y Dina Alberizia (67 años), están en un cuartel de la Policía del este de Libia en Bengasi, sede del Gobierno oriental. El cónsul italiano en esa ciudad los pudo visitar el miércoles y pidió una “mejora en las condiciones de detención” no sólo de los dos compatriotas, sino de todo el grupo. Según la agencia ANSA, se abrió así la posibilidad de que los diez puedan ducharse o cambiarse de ropa y ser alojados en un lugar mejor.
El hijo de la española detenida dice a elDiario.es que tiene muy poca información de su madre: “Ahora mismo mi madre está desaparecida”. Relata cómo han sido estos días de gran incertidumbre, sin saber dónde se encuentra retenida la veterana activista ni en qué circunstancias. Bruno Rodríguez Armesto dice que su madre “estaría en algún tipo de instalación en Bengasi”, pero no sabe si es una cárcel. Los detenidos no han podido ponerse en contacto con sus familias y no todos han recibido asistencia consular, ya que no todos los países tienen representación en el este de Libia.
Creemos que la mayor baza que tenemos es la movilización social para ejercer un poco de presión, tanto sobre el Gobierno de España como el de Libia
El hijo de Alicia dice que está en contacto con el vicecónsul de España en Trípoli y pide que el Gobierno español haga todo lo que esté en su mano y que la ciudadanía también se movilice: “Creemos que la mayor baza que tenemos es la movilización social” para que haya “un poco de presión, tanto sobre el Gobierno de España como el de Libia”.
Alicia Armesto Núñez, quien trabaja de secretaria en Madrid, viajó a Libia a principios de mes para participar en el convoy humanitario, cuenta su hijo. Había participado en la Flotilla marítima a Gaza en otoño de 2025 y también fue detenida en esa ocasión, por Israel, junto a activistas más conocidas como Greta Thunberg. “La causa palestina es muy cercana a ella, estaba muy motivada para ir” a Libia, donde “quería compartir su conocimiento logístico y su experiencia” con el grupo que viajaba por tierra. “En ningún momento me comentó que tuviera miedo”, afirma Rodríguez Armesto.
Mi madre formaba parte de un grupo de diez personas que fueron físicamente al checkpoint de Sirte a negociar. Perdimos la comunicación cuando se acercaron al checkpoint, entendemos que las autoridades les detuvieron
“Hasta el martes por la mañana, lo único que supimos eran rumores”. Finalmente, las autoridades consulares españolas le confirmaron “por canal no oficial” la detención de Alicia. Su hijo explica que esta semana es la importante fiesta musulmana del Eid al Adha, por lo que está todo suspendido, incluidos los trámites burocráticos para poner en libertad a los activistas, pero añade con inquietud: “No sabemos si es simplemente un fallo administrativo o si hay algo más”.
Según Italia, los diez activistas deberían ser expulsados del país, después de haber sido acusados de “entrada ilegal” a la zona este de Libia, pero su deportación puede haberse visto retrasada por la festividad de varios días.
Ahora, Sylwia KwoczaÅa explica que está en contacto con los organizadores del convoy y comparten información varias veces al día. También está en contacto con el cónsul polaco en Túnez, porque Polonia no tiene representación diplomática en Libia (muchos países movieron sus legaciones al país vecino tras el estallido de la revuelta y la consiguiente guerra en 2011 y algunos no han regresado por la inestabilidad política y la violencia). “Sin una embajada en Libia, no hay mucho más que hacer”, lamenta.
Sylwia KwoczaÅa asegura que su hija estaba “muy involucrada en el convoy” y que trabajaba mucho. “Recientemente, fue mi cumpleaños. Laura me llamó y me dijo: 'Feliz cumpleaños, mamá. Me tengo que ir, el mundo tiene que ser salvado!'”.