Las islas Svalbard, la otra disputa abierta en la carrera por el control del Ártico tras Groenlandia
A medida que se acelera la carrera de las potencias mundiales para controlar el Ártico, las islas Svalbard se están convirtiendo en un lugar cada vez más importante. Este archipiélago situado cerca del Polo Norte representa una anomalía en el tablero geopolítico. Técnicamente, las Svalbard pertenecen a Noruega, pero también rige un tratado único desde la Primera Guerra Mundial que permite a casi cualquier persona, de casi cualquier país, establecerse en ellas sin necesidad de un visado.
Las amenazas de Estados Unidos sobre Groenlandia han servido para poner en alerta a otros países con presencia en el Ártico, como Noruega. En las islas Svalbard no temen una invasión norteamericana, pero sí que cunde el miedo de que las ambiciones de la Administración Trump sirvan de inspiración para la codicia de otras potencias que ya están presentes en las Svalbard, como Rusia y China.
En el caso de Groenlandia, EEUU ha estado celebrando negociaciones de manera regular con Dinamarca en los últimas semanas para expandir su presencia militar en la isla, según se ha conocido esta semana. EEUU busca abrir tres nuevas bases en el sur de Groenlandia tras la crisis política desatada por Donald Trump.
Durante décadas, el archipiélago ártico de Svalbard ha sido conocido por albergar una población de osos polares que duplica a sus habitantes (2.500 personas), y por su estación internacional de investigación. Pero ahora Noruega está haciendo gestos para reafirmar su soberanía en un contexto en el que crece la incertidumbre y la inseguridad en el ártico.
Rusia quiere más libertad de movimientos
Las islas Svalbard pertenecen a Noruega gracias a un acuerdo sellado en 1920 que garantiza a los países firmantes del tratado (14 naciones originalmente), poder llevar a cabo actividades económicas y científicas en el territorio. Esto se ha traducido en que Rusia ha sido el único país (aparte de Noruega) que ha mantenido una presencia permanente en una parte de las islas durante más de un siglo, mientras que China abrió su propia estación científica hace unos años. El tratado internacional también recoge que las Svalbard es una zona desmilitarizada, por lo que no se pueden realizar acciones bélicas ni ejercicios militares.
Pero en una nueva era marcada cada vez más por la geopolítica agresiva, en Noruega se teme que el estatus soberano inusual de las Svalbard se haya convertido en un riesgo, y una intromisión de Moscú y Pekín para aumentar su poder en el territorio. “Por ahora no cuestionan la soberanía, pero Rusia presiona para tener la mayor libertad de movimientos posible en las Svalbard, sin que Noruega se lo permita”, explica a elDiario.es Arild Moe, investigador del Instituto Fridtjof Nansen.
La forma de presionar de Moscú es “retorcer la interpretación de los antiguos tratados de soberanía y aumentar su presencia, lo que ha provocado varios incidentes”, explica Moe. Por ejemplo, Rusia considera que Noruega viola la cláusula de “zona desmilitarizada” cuando la Guardia Costera del país nórdico controla el tráfico marítimo en la zona, donde hay una gran presencia de buques rusos. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso acusa también a Noruega de restringir su actividad económica y científica en las Svalbard aplicando restricciones medioambientales, según explicaba el medio especializado The Barents Observer.
Por su parte, Noruega intenta en los últimos años repeler la influencia foránea retirando el derecho a voto a las personas extranjeras en las elecciones locales y bloqueando la venta de tierras a compradores de otros países. Al mismo tiempo, desde Oslo se ha reforzado el control sobre los investigadores internacionales que llegan a las Svalbard, a la vez se reclama la propiedad del lecho marino de las islas a lo largo de cientos de kilómetros.
Acceso a la flota nuclear rusa
A diferencia de Groenlandia, en el subsuelo de las islas Svalbard no se encuentran grandes reservas de preciados minerales como las tierras raras. De todos modos, Rusia mantiene abierta una mina de carbón en el enclave de Barentsburg desde los tiempos de la Unión Soviética para justificar su presencia en las Svalbard, a pesar de que hace años que su explotación dejó de ser rentable.
Con todo, las islas Svalbard quedan estratégicamente situadas en medio de las rutas marítimas que, con el deshielo por el cambio climático, tienen el potencial de ahorrar significativamente tiempo de navegación entre continentes.
Pero, según explica el investigador Arild Moe, el interés de Rusia en las Svalbard es otro, ya que para el Kremlin “se trata de mantener abierto el acceso atlántico a través del mar de Barents a su flota de submarinos nucleares situados en la península de Kola”, dice. “Para Rusia es muy importante mantener a las Svalbard desmilitarizadas, pero no hay duda de que en caso de que estallara un conflicto en la región, Rusia querría claramente tomar el control de las islas”, apunta.
“La disputa en Groenlandia es un regalo para Rusia”
“La disputa de Estados Unidos por Groenlandia se ha convertido en un regalo para Rusia”, reflexiona Moe. “En primer lugar, por la ruptura creada dentro de la OTAN, que genera incertidumbre en el paraguas de seguridad de las naciones árticas y, en segundo lugar, porque puede justificar un razonamiento similar al que tiene Trump en Groenlandia para argumentar, eventualmente, tomar posesión de las Svalbard”.
El último informe sobre amenazas publicado a principios de año por el Servicio de Seguridad de Noruega (PST) menciona que las islas Svalbard “se han convertido en el objetivo de la inteligencia rusa”, que puede intentar llevar a cabo acciones de espionaje, sabotaje y guerra híbrida.
[La presencia de China es] un ejemplo flagrante de plantar la bandera y de ejercer el poder a través de la ciencia
A pesar de que para Noruega la amenaza geopolítica principal continúa siendo Rusia, el informe del PST también menciona que el creciente interés de China en el Ártico puede complicar el panorama de seguridad. Por el momento, la presencia del país asiático en las Svalbard se concentra en su centro de investigación Polar, que para algunos científicos “supone un ejemplo flagrante de plantar la bandera y de ejercer el poder a través de la ciencia”, según explica Torbjørn Pedersen, investigador de la Universidad de Bodø.
Desde Estados Unidos se ha acusado a Noruega de tener “poco control” sobre la actividad científica de China en las Svalbard, al considerar que podría esconder intereses militares detrás. En julio, el Centro Universitario de Svalbard gestionado por el Gobierno noruego restringió por primera vez la entrada a estudiantes chinos. La agencia de inteligencia noruega justificó la medida señalando que los estudiantes chinos podían constituir un riesgo para la seguridad.