Milei sueña con convertir a Argentina en un laboratorio sin control para la IA
“Que Buenos Aires sea para la Inteligencia Artificial (IA) lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación”, postuló Javier Milei en una columna de opinión en el Financial Times. En el mismo medio británico, el historiador israelí Yuval Noah Harari respondió a la propuesta del presidente ultra –crear empresas sin humanos y desregular el desarrollo de la IA por completo– advirtiendo del peligro de otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA: “Las empresas de IA estarán en posición de convertirse en maestras de las lagunas legales y del arbitraje regulatorio. Y no será fácil disuadirlas de participar en actividades francamente ilegales, porque la sanción última que disuade a los directivos humanos —la cárcel— es irrelevante para las IA”.
Milei, junto a su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, firmaron el artículo titulado Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse en el que prometieron poner en marcha un régimen jurídico sin regulación para que la IA pueda “desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”. El proyecto que el Poder Ejecutivo ya envió al Congreso plantea una profunda modificación de la Ley General de Sociedades, vigente desde 1972.
Entre sus puntos más controvertidos, la iniciativa estipula la creación de una nueva figura legal: la “corporación no humana” (conocidas como DAO: organizaciones autónomas descentralizadas), es decir, “entidades operadas por agentes de IA o robots, con personalidad jurídica plena y responsabilidad limitada”. Expertos consultados por elDiario.es alertan sobre el impacto negativo de esta iniciativa.
Bajo la sombra de Palantir
Para atraer las inversiones tecnológicas, el Ejecutivo argentino además anunció una baja tasa de impuestos y un “entorno fiscal competitivo”. El abogado Pablo Serdán señala a elDiario.es que el proyecto apunta a atraer data-centers y empresas automatizadas con beneficios fiscales, pero sin exigir reinversión local. Menciona a Palantir, cuyo cofundador, Peter Thiel, compró una mansión en la ciudad de Buenos Aires y comparte ideología ultra con el mandatario.
La reforma propone que la Argentina compita con las Islas Marshall, las Caimán o Dubái para radicar empresas automatizadas. Es decir, anotarse en el club de los paraísos fiscales
“Milei y su equipo, guionado de alguna manera por Peter Thiel como representante de una oligarquía tecnológica, buscan blindar la responsabilidad de los inversores en una tecnología riesgosa, como es la inteligencia artificial. Se pretende dotar a la inteligencia artificial de una personalidad jurídica para que ella misma, a pesar de ser una tecnología, un agente, asuma las responsabilidades por los daños que pueda generar, incluidos los ambientales”, sostiene el especialista en Administración Pública.
Harari señala en su columna del Financial Times que reconocer a empresas creadas por algoritmos funcionaría como una “llave maestra” que permitiría a sistemas de inteligencia artificial interactuar de manera autónoma en ámbitos financieros, económicos y políticos. Milei espera convertir a Buenos Aires en una nueva Ámsterdam, pero corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia, dice el autor de Sapiens. “Cuando la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales capturó Jayakarta [nombre histórico de Yakarta] en 1619, la incendiaron y construyeron una nueva ciudad en su lugar. La llamaron Batavia, y se convirtió en la sede de un extenso imperio asiático administrado por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales”, ejemplifica.
"¿Quién es responsable cuando ChatGPT le recomienda a un joven un método de suicidio y el joven se suicida? ¿El programador de ChatGPT que no filtró eso? ¿La empresa misma?
Serdán agrega otro factor polémico: la idea de que vengan capitales de riesgo a la Argentina, siempre desvinculados del sector productivo y con incentivos fiscales. “La reforma de la Ley de Sociedades propone que la Argentina compita con jurisdicciones como las Islas Marshall, las Islas Caimán o Dubái para radicar empresas automatizadas. Es decir, anotarse en el club de los paraísos fiscales”.
“Supervisión y responsabilidad humana”
Natalia Zuazo, politóloga y especialista en tecnología, señala que el Gobierno se basa en la ideología del tecnooptimismo, y alerta sobre los riesgos de la iniciativa: “La supervisión y la responsabilidad humana en IA son esenciales, tanto ética como jurídicamente, durante todo el ciclo de vida del sistema. La regulación no impide la innovación; ejemplos como China y Europa lo demuestran. No se debiera otorgar personalidad legal a las IA, ya que la responsabilidad debe recaer en personas o empresas, lo que genera confianza y garantías para usuarios e inversores. La ideología del tecnooptimismo prioriza innovar antes de regular, pero esto puede traer consecuencias negativas”.
Las inteligencias artificiales son capaces de vulnerar las reglas y generar daños irreparables. “¿Quién es responsable cuando ChatGPT le recomienda a un joven un método de suicidio y el joven se suicida? ¿El programador de ChatGPT que no filtró eso? ¿La empresa misma? En su artículo, Hariri señala que a la IA no le va a importar si la mandas a la cárcel, pero a una persona sí le va a importar. Ahí hay un punto determinante”, opina Zuazo.
Milei propone una desregulación de la IA a contramano del mundo y luego de que el papa León XIV llamara en su encíclica Magnifica Humanitas a tener una “tecnología más humana”. En ella, el Papa advirtió sobre el uso irresponsable de “herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones”.
El Ministerio de Capital Humano del Gobierno argentino presentó el mes pasado el programa Gemelo digital social, que utilizará la IA para procesar grandes volúmenes de datos provenientes de organismos públicos y del sector privado, despertando alarmas sobre la protección de los datos personales. Voces expertas señalaron la similitud con algunos de los programas desarrollados por Palantir, e incluso especularon sobre la posible participación de la empresa de Thiel.