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Minneapolis, el laboratorio de la represión de Trump y de resistencia contra el ICE
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Minneapolis, el laboratorio de la represión de Trump y de resistencia contra el ICE que desgasta al presidente de EEUU

Andrés Gil

Enviado especial a Minneapolis (Minnesota) —
26 de enero de 2026 21:52 h

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Son 3.000. Van enmascarados. Sin identificaciones. En coches sin ningún distintivo. De repente, se paran, bajan de los coches corriendo, agarran a una persona por su color de piel o su acento, y se lo llevan. Sin mediar palabra, solo empujones, golpes y violencia. Y ya van dos personas asesinadas: Renée Nicole Good, el 7 de enero; y Alex Pretti, el 24 de enero. Ambos de 37 años. Ambas personas nacidas en EEUU. Y ambas personas que pusieron su cuerpo ante los abusos de los agentes de fronteras federales que siembran el pánico en las calles de las ciudades estadounidenses.

Aparecen sin previo aviso en cualquier calle de Minneapolis, sin órdenes judiciales. Merodean en los comercios, en las puertas de los colegios, en las cafeterías, en las tiendas de materiales de construcción. Porque saben que ahí es donde pueden encontrar a los migrantes latinos que se han convertido en este momento en su principal foco de represión.

Donald Trump llegó a la presidencia con la migración como obsesión, a pesar de que EEUU sea un país de migrantes y colonos. Incluso a pesar de que el propio Trump viene de familia alemana. Hasta tal punto está obsesionado con eso, que no pierde oportunidad en reprochar a los europeos que están perdiendo su identidad por la migración, y llegan a ser capaces de usar comúnmente un término acuñado por la extrema derecha europea: remigración. Es decir, devolver a los migrantes a sus países de origen para recuperar la pureza nacional. Un concepto que recuerda a lo vivido en Europa hace cien años y que resulta paradójico en un país en el que llevado a su extremo en EEUU sólo quedarían los pocos nativos americanos sobrevivieron a las matanzas de la expansión del hombre blanco.

Los 3.000 agentes federales que atemorizan a los vecinos de Minneapolis duplican la cifra de agentes locales de las ciudades gemelas de Minnesota –Minneapolis y la vecina St Paul–. Y a ellos podrían sumarse otros 1.500 soldados que tiene listos en Alaska el Departamento de Guerra para ser desplegados en Minnesota.

Pero la movilización, las muertes, las quejas de los empresarios de Minnesota, las dudas de algunos pocos cargos republicanos y los vídeos grabados por personas que se juegan la vida para documentar las brutalidades de las fuerzas federales están causando cierto desgaste también en la Administración Trump: es demasiado hasta para ellos –parafraseando la letra del Poder del Arte, de Robe Iniesta–. Además, en unos días vuelve a haber un momento crítico: el 31 de enero termina el plazo para aprobar partidas presupuestarias, y los demócratas no quieren votar las cuentas del Departamento de Seguridad Nacional, del que dependen los agentes de fronteras que están matando estadounidenses en las calles de Minneapolis, y el riesgo es entrar en un nuevo shutdown (cierre de la Administración) como ya ocurrió en octubre pasado.

En este contexto, el presidente de EEUU ha enviado a Minnesota a su zar de fronteras, Tom Homan, en lo que puede leerse como una cierta desconfianza en las tareas de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Además, está previsto que el comandante de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, y algunos agentes abandonen Minneapolis este mismo martes: Bovino es una de las personas más implicadas en las prácticas represoras en las calles de la ciudad.

En paralelo, Trump ha informado de que ha tenido una conversación telefónica con el gobernador de Minnesota, y lo ha comunicado sin echar más leña al fuego, lo cual es poco usual en el presidente de EEUU: “Fue una muy buena conversación y, de hecho, parecíamos estar en la misma sintonía”.

Una de las críticas más significativas a la represión en Minnesota ha venido de un republicano este lunes. El abogado del agente que asesinó a Renée Good se ha retirado este lunes de la carrera para ser gobernador de Minnesota, afirmando que la operación de la Administración Trump en Minneapolis y St. Paul ha ido demasiado lejos: “No puedo apoyar la represalia declarada por los republicanos a nivel nacional contra los ciudadanos de nuestro estado. Ni puedo considerarme miembro de un partido que haría tal cosa”.

En efecto, un número creciente de republicanos está presionando para que se realice una investigación más exhaustiva sobre la represión de los agentes federales en Minnesota. El presidente del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, Andrew Garbarino, solicitó el testimonio de los responsables del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS): “Mi principal prioridad sigue siendo garantizar la seguridad de los estadounidenses”.

Otros congresistas republicanos, entre ellos el representante Michael McCaul (Texas) y los senadores Thom Tillis (Carolina del Norte), Bill Cassidy (Luisiana), Susan Collins (Maine) y Lisa Murkowski (Alaska), también han exigido más información.

Situación única

La situación es única en EEUU, y demuestra que Minnesota se ha convertido en un laboratorio para las políticas represivas de Trump: un lugar puramente demócrata donde dar la batalla cultural en el asunto de la migración –si bien las estadísticas demuestran que la población en situación irregular en Minnesota es residual, del 2%–; con un gobernador que fue muy duro en campaña contra el presidente de EEUU cuando iba de candidato a vicepresidente de Kamala Harris; con una ciudad movilizada desde el asesinato de George Floyd, con una congresista de origen somalí, Ilhan Omar, por la que tiene fijación Donald Trump y con un estado en el que los republicanos perdieron todas las elecciones en 2024 –gobernador, Fiscalía, Senado y Cámara de Representantes de Minnesota–.

“Yo llegué a Minnesota hace 24 años, y las comunidades de color éramos el 5%”, explica una vecina de Minneapolis de origen latino que prefiere no dar su nombre: “Casi 25 años después, las comunidades de color somos el 20%. Y Minnesota es muy distinto a otros estados en ese sentido. Esta es una tierra indígena donde ocurrió el genocidio, donde los blancos escandinavos y alemanes organizaron esto para su subsistencia. Y el influjo de la comunidad indígena siempre ha estado: los Ojibwe, los Dakota, la comunidad latina, la somalí...”

Todo esto tiene mucho que ver con la conformación de comunidad en Minnesota que está articulando la resistencia ante la represión de Trump. Si Minnesota es un laboratorio para el autoritarismo de la Administración, también lo es para resistir y responder a ese autoritarismo: “Este estado tiene mucha tradición de organización comunitaria, de activismo, de organización de bases. Siempre ha estado ahí, y ha estado conectado también a la parte religiosa, a la parte luterana en particular, a las organizaciones han estado articulando las comunidades durante mucho tiempo. Y cuando los latinos empiezan a llegar, empiezan a organizarse en lo económico, en el corredor de la calle East Lake, que estaba abandonado hasta que llegó la comunidad latina... Y luego llegó la comunidad somalí, estaba siempre la indígena”.

Y todo se agita con el asesinato de George Floyd en 2020 a manos de un policía. “Entonces vienen los disturbios con la tortura y asesinato de George Floyd, y se llenó el estado de agentes de personas de otros estados que vinieron a agitar. Veíamos coches por todas partes, sin matrículas o de otros estados, provocadores”.

Uno de los principales ejemplos que a menudo recuerdan los vecinos de Minneapolis como ejemplo de supuestos provocadores infiltrados es el del umbrella man, el hombre del paraguas que rompió un escaparate de una tienda de recambios de automóviles varios días después del asesinato de Floyd y, a raíz de esa acción, se desataron mayores disturbios.

En Minnesota ya había un tejido de organización comunitaria, American Indian Movement había nacido en Minneapolis a finales de los sesenta y tuvo presencia en 2020 con George Floyd: ellos fueron los primeros en empezar a patrullar las calles cuando vieron que se había prendido la mecha.

En 1968 recorrían el barrio de Philips de Minneapolis para contrarrestar los abusos policiales. Y en 2020 volvieron a salir a las calles para cuidar y hacer sentir seguros a los mayores, jóvenes y personas vulnerables de la ciudad a lo largo de la misma avenida Franklin.

“Y entonces empiezan esas patrullas de manera muy organizada por la emergencia ante la amenaza de infiltrados y provocadores que querían causar disturbios; recuerda que fue durante la primera presidencia de Trump”, prosigue la vecina de Minneapolis. “Entonces, aquí se junta que tenemos el American Indian Movement, la iglesia, los latinos, los asiáticos, los somalíes En algún momento llegué a oír que en ese barrio de Philips, que es un barrio pequeño y de los más pobres, se hablaban más de 100 lenguas”.

La tensión en aquel momento se fue aplacando cuando el fiscal de distrito Keith Ellison, actual fiscal general de Minnesota denunciado por la Administración Trump por no colaborar con el ICE, comandó el procesamiento de Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd y logró una condena poco común contra un agente de policía por un homicidio cometido en acto de servicio.

Y aquellas conexiones creadas tras el asesinato de Floyd se han vuelto a activar con el despliegue de las tropas federales de Trump en Minneapolis. “La gente se quedó con esas conexiones, con la manera de organizarse, nunca se apagó. Pero no estaba tan encendido porque no había la necesidad, y la gente siguió haciendo su trabajo regular de organización comunitaria de otras cosas. Y llega el 20 de enero de 2025, la segunda presidencia de Trump y la gente se vuelve a activar y organizar porque la arremetida represiva se preveía fortísima. Y empieza esa reactivación de los lugares, de los organizadores, de todas las comunidades. Y empieza a verse lo que está pasando en Washington, en Nueva York, en Los Ángeles, en Chicago, y empiezan incluso conversaciones de los organizadores comunitarios de acá de Minnesota con organizadores de Chicago”, explica la fuente.

Pero la arremetida fuerte no llega hasta el 1 de diciembre: “Es cuando arranca la operación Metro Surge del ICE en Minneapolis. Empiezan a secuestrar a la gente migrante y a raíz de todo lo que ya se había experimentado durante George Floyd hay lecciones aprendidas sobre cuáles son las mejores prácticas, cómo se hacen las patrullas, cómo se hace la coordinación, como se moviliza un montón de gente anónima. Yo estoy en montones de grupos y a la mayoría de la gente no la conozco y tampoco la mayoría de la gente me conoce a mí”.

Francisco Segovia, director de la entidad humanitaria COPAL, centrada en la comunidad latina de Minnesota, explica: “Nosotros tenemos un autobús que le hemos llamado La Valiente, que viaja por toda la región formando a las personas para ser observadores legales y así incorporar personas que puedan documentar la presencia de los agentes de migración federales. La idea es convertirse en una herramienta en estos momentos en los que sin el video de René y sin el video de Alex, la Administración habría justificado un montón de cosas. De ahí la importancia de estar documentando todo en estos momentos”.

“Yo soy de El Salvador”, prosigue Segovia, “y allí existieron los escuadrones de la muerte, que actuaban bajo la sombra de la noche y en la impunidad. Esta gente aquí se siente con tanta impunidad que lo hacen a plena luz del día y con las cámaras encendidas. nos llaman aproximadamente 400 personas al día: que la migra está por acá; que no puedo salir del hospital... Pero en este momento lo más grande es la necesidad de pagar el alquiler. Y estamos procesando 80 casos de familias a las que se les va a dar 1.000 dólares a cada una: son madres solteras o familias con niños menores de edad o alguien que ha sido afectado porque deportaron a un familiar. Y es un dinero para el casero, que tienen que justificar. Pero ya tenemos otras 150 solicitudes más”.

Uno de los detalles significativos de estas redes de colaboración ciudadana tiene que ver con su estructura tan descentralizada: “En el área metropolitana hay muchísima gente y no hay un líder o una líder. Hay mucha autonomía dentro de cada barrio. Y hay barrios tan grandes o áreas tan grandes que se han tenido que dividir porque son demasiados los ataques del ICE”.

Y en eso también están intentando jugar un papel las instituciones de Minnesota, como el fiscal general del estado, Keith Ellison, quien está encarnando una de las primeras barreras de defensa en contra del autoritarismo de Trump en los juzgados. Ellison, además, es negro, y musulmán. Como la congresista Omar, de origen somalí. Minnesota representa todo lo que el trumpismo detesta: lo colectivo, el preocuparse por el otro, ir contra alguien como el jefe de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, quien transmite una imagen ultra incluso propia de otro momento histórico. “Aquí así se ha parado fuerte. Cuanto más atacan, la gente más responde, más se defiende y más cosas hace. Pero tampoco creo que se van a quedar solamente en Minnesota, van por el país. Lo que a mí me da esperanzas de que podamos resistir es la cantidad de gente implicada, esas 50.000 personas que salimos el viernes a la calle con ese frío [-30C]”.

Sheigh Freeberg, tesorero del sindicato UNITE HERE Local 17, explica: “Estamos muy centrados en ayudar y apoyar a nuestros miembros. Tenemos un programa de ayuda mutua muy importante en el que entregamos una caja de comida para toda la familia cada semana a casi 170 de nuestros afiliados. Y eso está creciendo; son personas que trabajan aquí y contribuyen a nuestra comunidad y ahora tienen demasiado miedo de salir de sus casas por lo que está haciendo ICE”.

Freeberg añade: “La gente está realmente harta. Las calles están vacías. Está destruyendo nuestra economía. Es muy difícil vivir y trabajar aquí en este momento. Todo por los caprichos de Donald Trump y personas de todos los ámbitos, incluidos los empresarios, lo están sintiendo de verdad y por eso tantos negocios han respondido a la convocatoria de huelga del 23 de enero. No se trata solo de la clase trabajadora”.