Por qué Noruega está usando uno de sus fiordos más salvajes como vertedero de residuos de minería
El 17 de junio de 2026, poco después del cierre de la Bolsa de Noruega, varias docenas de vecinos de Vevring se reunieron en un colegio en torno a un ordenador portátil. Rodeados por dibujos infantiles y ventanas con vistas al fiordo Førde, los habitantes de esta pequeña localidad de la costa oeste noruega escuchaban las noticias de Oslo. El Tribunal Supremo había fallado contra el Gobierno de Noruega al declarar ilegal el permiso que había concedido para verter residuos mineros directamente sobre el fiordo, tres kilómetros río arriba.
Aquel momento marcó el final de una lucha de 17 años, una de las batallas medioambientales más largas que ha vivido Noruega. Para Ingvild Fonn Asmervik, responsable en Oslo de los proyectos de la ONG Naturvernforbundet [Amigos de la Tierra Noruega], fue una alegría comparable a la de dar a luz a su hijo.
Para la pescadora Anne-Line Thingnes Førsund, hija y nieta de pescadores en Vevring, fue más bien un alivio. “Como si me hubieran quitado un peso de encima”, dice Førsund, que vive a orillas del fiordo y trabaja como voluntaria en la delegación local de Naturvernforbundet.
La euforia no duró mucho. Mientras Førsund y otros vecinos celebraban, un abogado del Gobierno aparecía en un debate televisado exponiendo los planes oficiales de otorgar un nuevo permiso temporal y de permitir que la mina siguiera vertiendo sus residuos directamente al fiordo mientras tanto. Cuatro días después, la empresa de la mina solicitaba un nuevo permiso que a finales de septiembre era concedido por el Ministerio de Clima y Medio Ambiente de Noruega.
“Cuando nos enteramos de que seguiría la contaminación, fue como si nos quitaran el suelo bajo nuestros pies”, dice Førsund. “Hemos respondido a todas las cartas, hemos aportado comentarios en todas las consultas y nos hemos quejado siempre que hemos podido”, añade. “Nos han tumbado tantas veces... Esta podía haber sido la oportunidad para un cambio”.
Cuando tienes un Gobierno que no respeta al Tribunal Supremo, estás cambiando el propio sistema
El Gobierno insiste en que actúa dentro de la legalidad, pero los críticos sostienen que el vertido amenaza con contaminar uno de los fiordos más vírgenes de Noruega. A otras personas les preocupa una carrera por hacerse con minerales esenciales en la que este permiso sea solo el primero de una oleada de autorizaciones para contaminar los fiordos noruegos. “No se trata solo del fiordo, se trata de nosotros y de nuestras vidas, se trata de principios”, dice Førsund. “Cuando tienes un Gobierno que no respeta al Tribunal Supremo, estás cambiando el propio sistema”.
La medida coincide con un momento en que el problema de la contaminación de las aguas en Noruega ya estaba en el candelero. En un informe reciente se detalló la contaminación provocada por las piscifactorías noruegas en los fiordos y otras aguas costeras: el perjuicio anual que generan los nutrientes de estas instalaciones equivale al de aguas residuales sin tratar de decenas de millones de personas.
Mientras tanto, la población de salmón del Atlántico se encuentra en un mínimo histórico para el país: a principios de 2026 se cerraron a la pesca 155 de los aproximadamente 450 ríos de pesca de salmón que tiene Noruega.
El vertido submarino de residuos es una alternativa al vertido en tierra y consiste en bombear al mar rocas trituradas y residuos químicos usando tuberías colocadas cientos de metros bajo el agua. “Vertido en los fiordos”, lo llaman sus críticos en Noruega.
El propio Instituto de Investigación Marina del Gobierno noruego advierte de que el vertido submarino de residuos libera partículas finas con residuos tóxicos que pueden acumularse en los organismos marinos más pequeños y alterar los ecosistemas.
El vertido submarino de residuos está prohibido en Australia, Rusia, Brasil, China, la totalidad de América del Norte y la mayor parte de Europa. Papúa Nueva Guinea, Indonesia y Turquía figuran entre los pocos países que aún permiten la práctica.
En 2006, la empresa Nordic Mining solicitó por primera vez explotar la mina de titanio de Engebø, situada en el fiordo Førde, cerca de Vevring. Menos de diez años después, el Gobierno le concedía permiso para verter residuos en el fiordo.
La ONG Naturvernforbundet interpuso entonces una serie de recursos judiciales por las diferentes instancias del sistema judicial noruego, hasta llegar a la primavera de 2026 con una audiencia de una semana de duración en el Tribunal Supremo.
Mientras se desarrollaba este periplo judicial, la mina ya había entrado en funcionamiento. A finales de 2024 comenzó a verter residuos. Entre los inversores de Nordic Mining figuran la japonesa Iwatani Corporation y las sucursales británicas de Morgan Stanley, UBS y Goldman Sachs. Otros bancos internacionales, como Standard Chartered y como Citigroup, prohíben expresamente financiar proyectos que hagan uso del vertido submarino de residuos.
El periódico The Guardian trató de ponerse en contacto con Nordic Mining, que no respondió a ninguna de las repetidas solicitudes de comentarios. Poco después de la sentencia del Tribunal Supremo, la minera comunicó por las redes sociales que mantendría su método de eliminación de residuos con el respaldo de las autoridades noruegas.
“Se ha dicho que nuestra actividad es ilegal, que tenemos que cerrar, que nuestro trabajo debe detenerse, esa no es la situación”, decía el comunicado, cuyo texto también abogaba por continuar “con la ambición de actuar de forma responsable, respetando los fiordos y las montañas, así como a la comunidad local que nos rodea”.
La disputa jurídica sobre la autorización se centró en la Directiva marco del agua de la Unión Europea, que se aplica a Noruega como país miembro del Espacio Económico Europeo. Esta directiva permite que las actividades industriales contaminen masas de agua solo cuando hay un “interés público superior”.
El Tribunal Supremo dictaminó que los motivos aducidos en la autorización inicial no eran lo suficientemente sólidos. Pero el Gobierno noruego sostiene que esos motivos han cobrado mayor peso desde que en 2020 la Unión Europea añadió el titanio a su lista de “minerales críticos”.
O hay permiso o no lo hay, y la sentencia del Tribunal Supremo es muy clara: el permiso es ilegal. El Gobierno está permitiendo abiertamente que una empresa vierta una gran cantidad de material en un fiordo de forma ilegal
“El Gobierno noruego considera que el proyecto de Engebø tiene gran importancia para Noruega y Europa”, dice un portavoz del ministerio, explicando que “la montaña de Engebø alberga uno de los yacimientos más grandes del mundo del mineral rutilo, que contiene titanio”. “Noruega y Ucrania son los únicos países de Europa con recursos importantes de este tipo”, añade.
Los expertos jurídicos cuestionan esa lógica. “Es incorrecta”, dice Tarjei Ellingsen Røsvoll, profesor asociado de Derecho Constitucional y Administrativo en la Universidad de Innlandet. “O hay permiso o no lo hay, y la sentencia del Tribunal Supremo es muy clara, el permiso es ilegal”.
“El Gobierno está permitiendo abiertamente que una empresa vierta una gran cantidad de material en un fiordo de forma ilegal”, explica. “Es algo que no tiene precedentes; daña la confianza y socava una estructura fundamental del derecho constitucional y administrativo, deberían hacerse responsables de una decisión que no es válida, ni moral ni legalmente”.
La minera Nordic Mining siguió vertiendo residuos en el fiordo de Førde mientras esperaba que le concedieran su nuevo permiso de tres años. En Økokrim, la agencia noruega para delitos económicos y medioambientales, están analizando la posibilidad de investigar la ilegalidad de los vertidos.
Hay pocos estudios exhaustivos sobre el impacto que los vertidos submarinos de residuos generan en los ecosistemas marinos, pero los científicos relacionan la contaminación por metales pesados que aqueja hoy a algunos fiordos con vertidos submarinos de residuos que ocurrieron hace décadas.
En opinión del profesor e investigador del Instituto de Investigación Marina Terje van der Meeren, los residuos son especialmente perjudiciales cuando se trituran en trozos pequeños. “Son como harina”, dice Van der Meeren, uno de los firmantes de la respuesta que el Instituto de Investigación Marina dio a la minera cuando solicitó explotar Engebø.
Según Van der Meeren, que testificó durante la audiencia del Tribunal Supremo, los residuos de Engebø contienen una neurotoxina que se degrada en disulfuro de carbono. “Nos preocupa que este polvo fino se extienda por el resto del fiordo, ¿qué pasará con los [peces] que desovan en este fiordo? No lo sabemos”, dice.
En 2016, Van der Meeren y otros investigadores del Instituto de Investigación Marina viajaron al fiordo ártico de Repparfjord (Hammerfest), en el extremo norte de Noruega. Durante seis años de la década de los setenta, una mina de cobre vertió residuos allí. De acuerdo con una investigación publicada en 2026, los músculos de los abadejos de la zona analizados décadas después tenían niveles de plomo, arsénico y cromo más elevados que los de aguas cercanas. Otros estudios noruegos han detectado contaminación histórica por vertido submarino de residuos en el plancton, en los cangrejos y en las huevas de pescado.
Førsund y otros activistas de Vevring se están preparando ahora para una nueva batalla legal contra el permiso temporal de vertido de residuos, pero lo más probable es que los vertidos continúen mientras se llega a una nueva decisión.
Førsund recuerda con nostalgia las primeras protestas contra la mina. En una foto tomada hace más de diez años se ve a los manifestantes reuniéndose para comer a orillas del fiordo. La hija de Førsund era entonces una niña. Ahora es arquitecta.
“Muchas de esas personas ya han fallecido”, cuenta Førsund. “El fiordo es más grande que nosotros, durante miles de años nos ha dado comida, ingresos, sentido, música, peces y aves”, añade. “Ahora nos da la energía para seguir luchando”.
0