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Las 'hagmar', la temida unidad del Ejército de Israel compuesta solo por colonos: “Tienen carta blanca”

Emma Graham-Harrison / Quique Kierszenbaum

Jerusalén —
11 de febrero de 2026 22:57 h

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El Ejército de Israel se ha convertido en un instrumento al servicio de los colonos violentos en su campaña contra los palestinos por toda la Cisjordania ocupada. De acuerdo con Naciones Unidas, y según el testimonio de activistas y miembros del Ejército israelí, las unidades de voluntarios integradas por colonos actúan como milicias justicieras.

Las unidades de defensa regional, llamadas hagmar, se comenzaron a crear por toda Cisjordania a partir de octubre de 2023 para suplir a los miembros del ejército regular que se iban a la guerra de Gaza.

Miles de colonos recibieron del Ejército armas y autoridad para formar unidades militares dentro de sus comunidades, que ejercen ese poder con escaso control. El Estado israelí paga los salarios de las hagmar, que en la práctica operan en paralelo a los batallones regulares.

Yaakov (nombre ficticio) sirvió dentro del Ejército regular en la Cisjordania ocupada durante 2024. “[Son] milicias armadas que hacen lo que quieren”, dice de las hagmar. “Formalmente, están bajo las órdenes del comandante del batallón y de su segundo, pero en el terreno les dan carta blanca”, añade. “El alto mando mira para otro lado cuando hay incidentes, no responden ante ningún oficial”, denuncia.

A la unidad regular de Yaakov solían llamarla por teléfono activistas israelíes que precisaban su intervención para defender a los palestinos en algún incidente. Por lo general, cuando llegaba la unidad, los voluntarios colonos de los hagmar ya estaban en el lugar. En ocasiones, participando de los ataques contra los palestinos.

El alto mando mira para otro lado cuando hay incidentes, no responden ante ningún oficial

“La mayoría de las veces, cuando ocurría algo, los hagmar llegaban antes que nosotros... A veces llegábamos junto con ellos, era muy inusual que llegásemos nosotros antes”, dice Yaakov. “En el mejor de los casos, los hagmar no participan cuando llegan; en el peor, se ponen del lado de los colonos”.

Yaakov señala que ha presenciado episodios diarios de violencia, desde actos de vandalismo contra las casas, los árboles, o los frutales y productos agrícolas, hasta robos de ganado, intimidaciones y manejo descuidado de armas. En otras zonas de Cisjordania, los hagmar se han visto implicados en actos de violencia más extremos, como el asesinato en 2025 de un anciano palestino o el atropello de otro palestino por un vehículo todoterreno.

Según Nadav Weiman, director de la ONG para veteranos del Ejército israelí Breaking the Silence, el sistema de los hagmar ha creado, en la práctica, “milicias de colonos dentro de las propias filas de las IDF [siglas en inglés de las Fuerzas de Defensa de Israel, la denominación que recibe el ejército]”. “Estos soldados-colonos se guían por una violenta ideología de todo o nada y cuentan con toda la autoridad de los soldados regulares de las IDF para ponerla en práctica”.

El Ejército israelí admite “incidentes en los que los voluntarios de las unidades de defensa regional actuaron de forma contraria a las normas”, pero añade que esos incidentes “no representan a la mayoría de los voluntarios en las unidades de defensa regional”. Varios voluntarios han sido destituidos y se han abierto investigaciones penales contra otros, según un portavoz.

De acuerdo con la ONG por los Derechos Humanos Yesh Din, solo ha habido seis acusaciones contra soldados israelíes en la Cisjordania ocupada desde que se crearon los hagmar en octubre de 2023: tres por delitos violentos y tres por delitos contra la propiedad. Un período durante el que los israelíes mataron a más de 1.000 palestinos. La última ocasión en que un homicidio dio lugar a una acusación formal fue en 2019 por un tiroteo.

La colaboración estrecha entre colonos y Ejército israelí viene de hace tiempo. Las unidades militares desplegadas en Cisjordania han herido y matado a civiles, también a niños, sin hacer cumplir las leyes que protegen a los palestinos de la violencia de los colonos.

Pero el despliegue de estas unidades formadas por colonos ha supuesto un profundo cambio estructural. Como dice Yehuda Shaul, cofundador de Breaking the Silence y codirector de Ofek (un grupo de expertos contra la ocupación israelí), “el Ejército y los colonos están unificados desde el 7 de octubre [de 2023]”. “Los colonos son las IDF y las IDF son colonos, no hay ninguna separación”.

“Ya no es que las IDF se queden de brazos cruzados mientras los colonos agreden, ni siquiera de que uno o dos soldados se sumen a las agresiones de los colonos; el nivel de complicidad va más allá de todo lo que hemos visto antes”, añade Shaul. “Para entender su impacto solo hay que ver cuántas comunidades palestinas habían sido trasladadas forzosamente por la violencia de los colonos antes del 7 de octubre y cuántas se han tenido que trasladar desde entonces”.

Según datos de la ONU, desde octubre de 2023 las agresiones de colonos han forzado el desplazamiento de 29 comunidades palestinas. Más de una al mes, de media. Durante todo 2022 y los primeros nueve meses de 2023, cuatro comunidades fueron desplazadas forzosamente. En promedio, una cada cinco meses.

Estos soldados-colonos se guían por una violenta ideología de todo o nada, y cuentan con toda la autoridad de los soldados regulares de las IDF para ponerla en práctica

“El fenómeno creciente de los ‘colonos-soldados’ [...] está difuminando todavía más la línea de separación entre la violencia estatal y la violencia de los colonos”, advirtió en enero la ONU. Según un informe de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, los colonos han expulsado a los palestinos de sus hogares y destrozan comunidades a base de matar, destruir propiedades y terminar con sus medios de vida.

El informe concluye que la creación de las unidades hagmar ha facilitado estos ataques, lo que “ha consolidado aún más” la impunidad de los responsables. Como se cambian constantemente de ropa, pasando del atuendo civil al uniforme militar, “no queda claro si los agresores israelíes actúan como parte del Ejército o a título personal”.

Gracias a la intermediación de Breaking the Silence, The Guardian ha podido hablar con Moshe (nombre ficticio). Se trata de un soldado que en 2025 sirvió en la Cisjordania ocupada con el Ejército regular. En su opinión, la irregularidad en el código de vestimenta de los miembros de las unidades hagmar amplifica la “sensación de justicieros”.

“Los hagmar con uniforme son bastante fáciles de identificar porque son los únicos [que lo llevan] aparte de nosotros”, dijo Moshe. El problema es que no siempre visten uniforme, añade, aunque estén en misiones militares. “En Cisjordania hay una mezcla muy confusa de personas, algunas con uniforme completo, otras con uniforme parcial, pero que portan armas largas o llevan puestos pantalones de estilo militar sin ser necesariamente un uniforme”.

Elyashiv Nahum se identificó en Masafer Yatta como miembro de una unidad hagmar para pedir a unas activistas internacionales que le mostraran sus pasaportes en septiembre de 2025. Como conducía un vehículo civil y vestía de civil, las activistas le preguntaron con qué autoridad exigía sus documentos. Nahum se cambió y llamó por teléfono a un comandante. “No importa su aspecto, es un soldado y tiene la autoridad”, dijo la voz al otro lado de la línea.

Las irregularidades con el uniforme y la proliferación de armas en Cisjordania desde octubre de 2023 hacen que hasta los miembros del ejército regular israelí tengan problemas para identificar la jerarquía de mando entre los colonos armados. En los asentamientos de colonos se entregan rifles de asalto a los miembros de los hagmar y a los de los grupos de seguridad “de primera defensa”. El Gobierno israelí también ha flexibilizado las leyes sobre la concesión de licencias de armas.

Según una publicación en la red social X del ministro de Seguridad Itamar Ben-Gvir (de extrema derecha), durante el primer año de guerra se repartieron unas 120.000 armas a “ciudadanos israelíes”.

Límites difusos entre civiles y militares

Yaakov recuerda un día en que los llamaron para intervenir en un incidente donde un conocido colono, ataviado con pantalones militares, blandía un arma militar de manera descuidada y agresiva. Yaakov no sabía si el hombre era de una unidad hagmar, miembro de un grupo de primera defensa con un rifle de asalto o un civil al que le habían prestado un arma.

Según el Ejército israelí, los voluntarios hagmar “están obligados a operar con uniforme y a seguir procedimientos claros bajo la supervisión de las unidades regionales”. También están obligados a seguir todas las órdenes y normas de combate de las Fuerzas de Defensa de Israel. “Cualquier desviación de estas normas es objeto de investigación”, dice un portavoz del ejército.

Los dos exsoldados regulares que han hablado con The Guardian dicen que mientras estuvieron destinados en Cisjordania no se les dio información sobre los miembros de los hagmar ni sobre la división de funciones militares entre las unidades de la zona. “[Algo] muy inusual cuando hay otras fuerzas en la misma zona en la que tú estás”, dijo Moshe.

Pero tras meses de despliegue, los soldados regulares terminaban conociendo a muchos de los colonos de servicio. Los dos grupos establecían relaciones que, según Yaakov, “iban más allá de lo operativo”. En todos los asentamientos hay un lugar acogedor con galletas y café para los soldados. Además de eso, los miembros de los hagmar acostumbraban a invitar a los soldados, que estaban aburridos y solos, a ver un partido de fútbol o a cenar los viernes, lo que estrechaba los vínculos.

Las unidades hagmar no son una idea nueva. Su estructura fue creada hace décadas, pensada como una línea de defensa en apoyo de los kibutz y de las comunidades fronterizas que se activaría en caso de guerra o situaciones de especial amenaza.

Pero tras los ataques liderados por Hamás el 7 de octubre de 2023, mientras Israel se preparaba para enviar a los reclutas y oficiales de carrera del ejército permanente a combatir en Gaza, se movilizó a los voluntarios hagmar a una escala y duración sin precedentes en la historia de Israel.

Miles de voluntarios hagmar fueron incorporados a unidades en comunidades de frontera, según un portavoz militar israelí. Aunque desde ese momento el número se ha reducido en un 85%, cientos siguen desplegados. En su mayor parte, en la Cisjordania ocupada.

El ejército de Israel se ha negado a dar cifras exactas, pero según los medios israelíes 7.000 colonos fueron movilizados inicialmente en estas unidades. En diciembre de 2025, al menos 500 seguirían destinados en asentamientos agrícolas ilegales.

Los soldados que han hablado con The Guardian señalan que la presencia de los colonos sobre el terreno es mucho más notable que la del Ejército regular, aunque la de este fuera más numerosa. Su mejor conocimiento del terreno hace que muchos soldados regulares busquen su consejo o acaten sus decisiones. “Ni siquiera los oficiales superiores saben realmente lo que está pasando, por lo que tratan a los hagmar como gente que conoce la zona y sabe cómo manejar las cosas”, dice Moshe.

En ocasiones, los hagmar llegan a tener autoridad efectiva sobre los reservistas del ejército regular. Nahum, el colono grabado mientras se cambiaba de uniforme, llevó en agosto en su camioneta a varios reservistas a una pequeña comunidad beduina, aunque viajar en un vehículo civil estando de servicio suela contravenir las normas militares israelíes. Según un activista israelí presente en la zona y un soldado que prestaba servicio allí, Nahum iba vestido de civil. Cuando llegó con los reservistas del Ejército regular a la comunidad comenzó a darles órdenes para que registraran las propiedades palestinas y buscaran activistas internacionales.

“No diría que daba órdenes como un comandante del Ejército, pero estaba al mando”, dice el activista, que habla bajo condición de anonimato por temor a que defender a los palestinos le repercuta negativamente en el trabajo. “Se veía que hablaba con los soldados y con los oficiales y, al final, pasaba lo que él quería”, describe. Siguió siendo así cuando llegó al lugar un teniente coronel como oficial de rango superior. “[Era] obvio que este tipo decía a los soldados qué hacer y qué decir, incluso al teniente coronel”.

Israel ha tomado a algunos de los colonos más extremistas, en algunos casos personas condenadas por agresiones contra palestinos, y los ha integrado en el ejército israelí. Les ha dado el poder para llevar la voz cantante en la zona donde viven, de cumplir sus planes, sueños y fantasías

Según Yaakov, que también sirvió en Cisjordania antes de los hagmar, la presencia de estas unidades ha recrudecido los ataques contra los palestinos, contra sus hogares y contra sus propiedades. “Era muy evidente que la tensión era mayor, y que era mucho más intensa la tensión entre los palestinos y las unidades hagmar, que son algo nuevo desde el 7 de octubre”, dice.

En su opinión, está claro que el recrudecimiento había sido provocado por los israelíes. “No es que los palestinos fueran al asentamiento, sino que el asentamiento fue a ellos”, indica. “Los colonos llevaban las ovejas a pastar a la zona de la aldea [palestina]; era muy evidente que los palestinos eran los que no podían defenderse”, añade.

En ese momento, Yaakov no sabía que los soldados israelíes tenían autoridad para arrestar a ciudadanos israelíes. Solo había sido testigo de la detención de palestinos. “La conducta violenta solo provenía de un lado; arrestarlos [a los israelíes] habría detenido los pogromos, los palestinos ni estaban armados ni eran violentos, el riesgo para la vida provenía de los colonos”, afirma.

Entre los reclutas de los hagmar hay hombres con antecedentes penales por violencia respaldados ahora por la autoridad del Estado israelí, según Shaul. “Israel ha tomado a algunos de los colonos más extremistas, en algunos casos personas condenadas por agresiones contra palestinos, y los ha integrado en el Ejército israelí. Les ha dado el poder para llevar la voz cantante en la zona donde viven, de cumplir sus planes, sueños y fantasías a través del servicio formal en el ejército israelí”, denuncia.

Traducción de Francisco de Zárate