Qué opina la gente en Gaza de la polémica “Junta de paz” de Trump: “Lo peor en la vida es cuando alguien decide por ti”
“Lo peor en la vida es cuando alguien que ni siquiera te conoce, la dirige y decide por ti”, dice a elDiario.es Saad al Din Jarour ante la incertidumbre de la llamada “Junta de Paz” que presentó Donald Trump la semana pasada. “¿Quién conoce Gaza mejor que nosotros? Somos su gente y entendemos nuestra sociedad”, agrega el hombre de 48 años que lo ha perdido todo. Era vendedor de coches, tenía su negocio y su casa y mantenía a una familia numerosa.
Su casa familiar en el barrio de Al Zeitun de Ciudad de Gaza fue bombardeada dos de sus hijos —de 25 y 30 años— dentro y sus mujeres e hijos. Todos fueron asesinados, un total de 11 personas.
El hombre huyó entonces al centro de la Franja con su esposa, dos hijos y dos hijas, pero un nuevo ataque provocó un incendio en el campo de desplazados en el que se asentaban en Al Bureij y acabó con la vida de su mujer y sus hijos, excepto uno de los varones. Jarour y el hijo que sobrevivió sufrieron quemaduras de tercer grado.
“Toda mi familia se ha ido, sólo mi hijo más joven está conmigo”, lamenta. “Ya no tengo pasión por la vida, ya no me queda esperanza”, agrega Jarour. El hombre siente que los organismos que van a decidir su futuro desde el exterior no significan nada para los que lo han perdido todo como él ni para los demás gazatíes, que quedan excluidos de la toma de decisiones sobre su propio futuro.
¿Quién conoce Gaza mejor que nosotros? Somos su gente y entendemos nuestra sociedad
Trump ha creado este organismo para supervisar la reconstrucción de la Franja y decidir su futuro. Además, un comité integrado por palestinos se encargará de administrar el territorio devastado por la brutal ofensiva israelí, siempre bajo las directrices de la Junta, aunque de momento lo hará desde el exterior.
Los residentes de Gaza esperan las primeras decisiones y actuaciones de la Junta de Paz y del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés), sin saber qué harán ni cómo para mejorar las duras condiciones de vida en la Franja, donde la mayoría de los más de dos millones de habitantes ha perdido sus hogares, a miembros de sus familias, sus trabajos y todas las formas de sustento.
Para algunos, el plan de Trump para Gaza y los organismos creados para aplicarlo son la última oportunidad; para otros, es una continuación de las decisiones que les han sido impuestas desde fuera una y otra vez, sin que los gazatíes tengan voz ni voto.
“Somos rehenes del hambre mientras otros deciden nuestro destino”
Por su parte, Wissam Abu Kallub ve los nuevos organismos con otra perspectiva: tiene todas sus esperanzas puestas en la reapertura del paso fronterizo de Rafah, entre Gaza y Egipto, que el líder del NCAG, Ali Shaath, prometió la semana pasada durante el lanzamiento de la “Junta de Paz” —estaba prevista en el plan de Trump, pero depende fundamentalmente del visto bueno de Israel—.
El hombre de 46 años originario de Ciudad de Gaza está separado de cuatro de sus cinco hijos desde que Israel tomó el control de Rafah y lo cerró, en mayo de 2024. Su esposa y los hijos menores de edad habían salido de Gaza a Egipto tras el comienzo del asalto israelí, en octubre de 2023, porque ella necesitaba tratamiento contra el cáncer que padecía.
Finalmente, la mujer falleció y los cuatro hijos que la acompañaban se han quedado en el país vecino con la familia materna. “Mis hijos están en Egipto y yo en Gaza. Nuestra única esperanza es reunirnos”, dice a este periódico Abu Kallub, que se ha visto desplazado en varias ocasiones junto al único hijo que está con él dentro de la Franja.
No hay nadie más que pueda poner solución al asunto del paso fronterizo de Rafah, sino la Junta de Paz
Para el palestino, la aplicación del plan de Trump y las decisiones de los nuevos organismos no son algo abstracto, sino una cuestión que afecta directamente a su vida y que se está debatiendo en estos días, en los que se espera la apertura de Rafah. “El cruce de Rafah es fundamental para mi vida”, asegura, y agrega: “No hay nadie más que pueda poner solución a este asunto, sino la Junta de Paz”.
Las presiones de la comunidad internacional no han funcionado hasta ahora e Israel no ha abierto el paso fronterizo de Rafah para la salida y entrada de los gazatíes, algo que podría permitir próximamente, aunque de forma limitada. “La esperanza siempre existe, no la hemos perdido en todo este tiempo”, concluye Abu Kallub.
También Muatasim Abu Asr está muy pendiente de las noticias sobre el paso de Rafah, por el que salieron su mujer y sus hijos hace dos años para recibir tratamiento médico fuera de Gaza. En noviembre de 2023, la familia fue víctima de un bombardeo contra un edificio en el que se había refugiado en Deir al Balah, en el centro de la Franja.
El hombre de 38 años resultó herido y su cuerpo quedó parcialmente paralizado. Desde entonces, depende de sus hermanos para todo, por lo que la guerra no le arrebató su vida, pero sí su autonomía.
Los palestinos somos rehenes del hambre y el desplazamiento, mientras otros deciden nuestro destino
Abu Asr trabajaba en la fabricación de ventanas de aluminio, no ganaba mucho dinero, pero lo suficiente para tener una vida digna en Ciudad de Gaza junto a su esposa y sus hijos de 3, 4 y 6 años. Ahora, no sólo está separado de su familia, sino que depende de los demás para sus necesidades más básicas. “Ya no siento nada, he perdido la esperanza en cualquier cosa, incluso el deseo de vivir”, dice a elDiario.es.
Afirma que no le interesa la “Junta de Paz” ni el comité tecnócrata palestino, sólo le importa que abran el paso de Rafah para poder abandonar la Franja. “Sólo quiero irme de Gaza para recibir tratamiento médico”, insiste. Sin embargo, expresa una gran impotencia respecto a los que se han erigido en nuevos gobernantes de Gaza y que van a tomar las decisiones excluyendo a los directos implicados: “Los palestinos somos rehenes del hambre y el desplazamiento, mientras otros deciden nuestro destino”.
Abu Asr explica que no rechaza el plan de Trump por motivos ideológicos, sino porque ese plan no aborda la realidad en la que se encuentra él y los demás habitantes de Gaza. “Somos personas que amamos la vida y queremos vivir con dignidad. Somos seres humanos”, concluye.
Promesas de reconstrucción y esperanzas
A pesar de que la “Junta de Paz” y el plan de Trump les son impuestos por EEUU, Said Abu al Abbas dice a elDiario.es que sólo quiere que “esta pesadilla termine, incluso si es a través de decisiones no palestinas”. El hombre de 43 años y padre de cuatro hijos sigue de cerca los desarrollos sobre los nuevos organismos, que no rechaza de antemano.
“Los palestinos están excluidos de todas las decisiones políticas y es una injusticia profunda”, asegura, pero eso no quita que tenga esperanzas en las promesas de reconstrucción y recuperación hechas por el equipo de Trump.
Admite que no hay garantías de que el plan del presidente estadounidense sea aplicado, pero, después de más de dos años de genocidio en Gaza, ansía recuperar unas condiciones mínimas de vida. Abu al Abbas señala que, incluso antes de octubre de 2023, la vida en la Franja dependía de las circunstancias políticas –el territorio estaba sometido al control israelí y a un rígido bloqueo desde 2007, cuando Hamás tomó el poder–.
Los palestinos están excluidos de todas las decisiones políticas y es una injusticia profunda
Con la ofensiva de castigo que lanzó el Gobierno de Benjamín Netanyahu tras los ataques del 7 de octubre de 2023 de Hamás, las condiciones empeoraron notablemente y Abu al Abbas perdió lo que para él representaba la seguridad y la estabilidad: el edificio de viviendas propiedad de su familia fue dañado por un bombardeo al principio de la guerra y, más tarde, fue totalmente destruido.
Desde hace más de dos años, vive con sus hijos en alojamientos temporales: “Lo que más me ha dolido es perder mi hogar, el sentimiento de seguridad”, dice.
Es difícil encontrar a un gazatí que confíe en los organismos creados ad hoc para ejecutar el plan de Trump, pero hay quien cree que es la única oportunidad de volver a tener una vida normal.
“Me siento motivada por el comité tecnócrata y la ”Junta de Paz“, creo que pueden llevarnos de vuelta a una buena vida”, dice Fatima Jalil, de 33 años y madre de cuatro hijos adolescentes. La mujer originaria de Jan Yunis, una de las localidades más castigadas por los bombardeos y las operaciones terrestres israelíes, admite que los palestinos no tienen un papel en las nuevas entidades, pero espera que eso cambie en el futuro: “Sé que los palestinos no tienen un rol efectivo y que otros controlan todo, pero las cosas cambiarán”.
Nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos no está en nuestras manos, pero no vamos a dejar de intentarlo
Ella era maestra de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), que ofrecía educación a unos 300.000 niños y niñas de primaria antes de la guerra. Durante el asalto israelí, siguió intentando dar clases a los alumnos a través de internet, a pesar de las muchas dificultades. El sistema educativo colapsó en la Franja, al igual que el sanitario y que todos los servicios básicos, que tendrían que ser restablecidos en los próximos meses por el Comité Nacional para la Administración de Gaza.
La familia de Jalil tuvo que huir de su casa por los bombardeos en la primavera de 2024 y, desde entonces, ha vivido en una carpa en diferentes zonas costeras de Gaza, donde se hacina la mayoría de los desplazados.
La joven mujer dice que la guerra les ha quitado prácticamente todo, pero no la esperanza: “Lo hemos perdido todo, pero todavía tenemos esperanza de que la vida vuelva a ser la que era”. Para ello, se muestra confiada en los nuevos organismos y en la segunda fase del plan de Trump, al mismo tiempo que reconoce tener miedo respecto al futuro debido a la falta de certezas. “Nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos no está en nuestras manos, pero no vamos a dejar de intentarlo”, asegura.
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