Una historia de polémicas raciales en la piscina: del ácido en Florida a la reciente cancelación para niños negros en Berlín
Se trataba de una actividad para niños negros de Berlín y sus familias, ofreciéndoles una tarde exclusiva en una piscina al aire libre habilitada por un teatro local.
Sin embargo, los planes, previstos para principios de este mes, tuvieron que cancelarse después de que voces de ultraderecha y conservadoras los aprovecharan para generar indignación, obligando a los organizadores a defenderse de correos electrónicos y amenazas racistas.
El teatro Volksbühne de Berlín declaró que había extendido la invitación con la esperanza de derribar algunas de las barreras que normalmente impedían a estos niños acceder a la piscina. Si bien otros grupos habían sido invitados a usar el recinto de forma exclusiva sin incidentes, la idea de que niños negros disfrutaran de una tarde en una piscina pública resultó controvertida para algunos.
“Berlín es una ciudad habitable, diversa, vibrante y libre. ¿Por qué necesitamos espacios seguros?” La política local demóccristiana Aileen Weibeler lo expresó en redes sociales, mientras que la colíder del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, Alice Weidel, lo describió como un “apartheid” en el que “a las personas blancas se les niega temporalmente el acceso”.
Este es el último de una larga lista de incidentes entre las piscinas y el racismo. En Norteamérica y Europa, las piscinas han servido con frecuencia como foco de tensiones y exclusiones raciales.
Incidentes durante décadas
A principios de este verano, un lago al aire libre en la ciudad de Halle, al este de Alemania, fue noticia tras negar la entrada a bañistas que no hablaban alemán. En los Países Bajos, el Instituto de Derechos Humanos dictaminó recientemente en contra de una piscina tras descubrir que había sometido a un niño negro a un control de identidad.
La lista de controversias se extiende durante décadas. En 2013, la ciudad suiza de Bremgarten restringió el acceso de los solicitantes de asilo a las piscinas. En Bulgaria, la comunidad romaní ha denunciado la discriminación que sufre en las piscinas públicas, mientras que en 2022, una piscina en Rumanía fue multada con poco más de 2.000 euros por prohibir la entrada a niños romaníes.
Las piscinas son espacios íntimos a nivel visual, físico y social, y creo que eso sigue avivando la ansiedad social de la gente
Según el autor de Contested Waters: A Social History of Swimming Pools in America, Jeff Wiltse, parte de la asociación entre el racismo y las piscinas probablemente se deba a la intimidad de estos espacios. “Son espacios íntimos a nivel visual, físico y social, y creo que eso sigue avivando la ansiedad social de la gente”, afirma.
Wiltse lleva mucho tiempo estudiando las piscinas en Estados Unidos, reinterpretándolas como lugares que reflejan las tensiones sociales más amplias de cada época, desde que en 1964 James Brock vertió ácido clorhídrico en una piscina exclusiva para blancos en Florida donde nadaban hombres negros, hasta que en 2015 un policía de Texas inmovilizó a un adolescente negro desarmado en el suelo y desenfundó su arma mientras intentaba disolver una fiesta en la piscina.
En Estados Unidos, “durante gran parte del siglo XX, las piscinas eran espacios homogéneos”, señala. “Existía una segregación racial explícita en las piscinas públicas”.
A finales de la década de 1940, cuando las piscinas públicas en Estados Unidos comenzaron a desagregarse racialmente, empezaron a proliferar las piscinas privadas, sobre todo en los suburbios, que eran casi exclusivamente para blancos. Muchas personas llegaron a ver las piscinas como “un tipo de espacio social donde todos los asistentes comparten características sociales similares”, afirma Wiltse, quien aboga por abordar el problema aumentando la inversión pública en piscinas comunitarias que puedan reunir a personas de diferentes orígenes étnicos y raciales.
La brecha racial en el nado
La historia racializada de las piscinas —y su legado actual— ha contribuido a generar una marcada división racial también en cuanto a la habilidad para nadar, con consecuencias fatales. En Estados Unidos, la tasa de ahogamiento mortal de niños negros y afroamericanos es tres veces mayor que la de los niños blancos.
Las estadísticas son aún peores en Inglaterra, donde datos recientes revelan que los niños de comunidades negras, asiáticas y de minorías étnicas tienen 3,5 veces más probabilidades de ahogarse que sus pares blancos. Cifras recientes de Sport England sugieren que el 95% de los adultos negros y el 80% de los niños negros no saben nadar.
En 2022, Katrice Rodrigues se propuso cambiar esta situación con el lanzamiento de Unity Swimming, una organización comunitaria que imparte clases semanales dirigidas a las comunidades negras y asiáticas.
“La gente se enfada con eso y dice: ‘¿Cómo puede ser inclusivo si solo es para las comunidades negras y asiáticas?’”, comenta Rodrigues, quien también es ponente principal sobre diversidad en los deportes acuáticos. “Mi objetivo es hacer que la natación en general sea más inclusiva creando estos pequeños espacios seguros que animan a más personas a nadar”.
Existe el mito y el estereotipo de que las personas negras no pueden flotar ni nadar. No es cierto, pero he tenido que corregir a dos instructores de natación experimentados que creían que sí
El éxito del programa se ha basado en que Rodrigues y su equipo hayan superado la amplia gama de barreras culturales que impiden a las minorías acceder a la piscina, desde padres que le tienen pánico al agua hasta la preocupación por sentirse fuera de lugar, vestirse con modestia o proteger el cabello afro.
Otras barreras han demostrado ser más persistentes. “Existe el mito y el estereotipo de que las personas negras no pueden flotar ni nadar”, dice. “No es cierto, pero he tenido que corregir a dos instructores de natación experimentados que creían que sí”.
A medida que los veranos se vuelven más calurosos en todo el mundo, llevando a más personas a buscar alivio en ríos, lagos y piscinas, se ha vuelto imperativo asegurar que la mayor cantidad de personas posible sepa nadar, afirma Rodrigues.
“Es el único deporte que salvará vidas”, asegura. “Si tienes conocimientos de seguridad acuática, podrías ayudar a salvar la vida de otra persona, así como la tuya y la de toda tu familia. Esto tiene un efecto multiplicador en las familias, en las comunidades y durante generaciones”.