Trump está tocado y no sabe por dónde tirar

6 de marzo de 2026 21:27 h

0

Crece en la élite política e intelectual norteamericana y europea la sensación de que Donald Trump se ha equivocado y de que la aventura iraní podría terminar mal para EEUU. La falta de una explicación clara del porqué de esta guerra, las constantes contradicciones entre las argumentaciones del presidente y las de sus ministros al respecto, y el convencimiento cada vez más sólido de que Trump no tiene un plan para el día después, un programa para dar nuevos pasos tras la etapa de los bombardeos, generan una inquietud creciente que se refleja de forma abierta en los medios más influyentes de ambos lados del Atlántico.

“Hay demasiadas declaraciones y señales contradictorias de Trump y sus secuaces como para que cualquier estadounidense, salvo el más fanático de Trump o los patrioteros, confíen en que esto saldrá bien”, declaraba esta semana en el New York Times un conocido periodista y profesor universitario. “Trump ha abogado por un levantamiento popular contra el gobierno iraní, pero ahora dice estar dispuesto a hablar con sus miembros supervivientes y dejar que se mantengan en el poder. Nada de eso cuadra”.

La impresión de algunos de los más prestigiosos analistas es que Trump ha perdido el control de los acontecimientos. Que, sobre la base de un análisis oportunista y apresurado, decidió atacar sin prever la capacidad de reacción que podía tener Irán. Que cuando esta se ha evidenciado, y de qué manera, Trump se ha quedado colgado del aire y su proyecto de una guerra exitosa de pocos días aparece ahora como ridículo.

Hay demasiadas declaraciones y señales contradictorias de Trump y sus secuaces como para que cualquier estadounidense, salvo el más fanático de Trump o los patrioteros, confíen en que esto saldrá bien

EEUU y sus aliados no se enfrentaban a un ataque inminente por parte de Irán. No estaba justificada una guerra preventiva. Y tampoco, como Trump ha dicho —con una mentira que recordaba la de las armas de destrucción masiva de Irak de George W. Bush— Irán estaba cerca de desarrollar misiles que pudiesen alcanzar Estados Unidos. Por otra parte, los mediadores de Omán rechazan la afirmación de Trump de que los negociadores iraníes no estaban dispuestos a ceder.

Por tanto, se ha montado una guerra sobre argumentos falsos. Seguramente porque respondía únicamente a una decisión caprichosa de un hombre que se cree superior y, en consecuencia, infalible. Lo de que EEUU desencadenó el ataque porque lo iba a hacer Israel es una falsedad que solo puede convencer a los fanáticos más crédulos. Porque de existir esa presión, cualquier presidente estadounidense la habría anulado de un plumazo.

Esto escribe Edward Luce en el Financial Times: “Dejando de lado el ataque inicial de Israel, el momento de mayor poder de Trump fue su decisión de declarar la guerra a Irán. A partir de entonces, Trump perdió el control sobre el desarrollo de la guerra. Muchos otros, y no solo los iraníes, ahora tienen voz y voto sobre su dirección [...] Cualquiera que diga saber donde irá esta guerra, incluido Trump, está fanfarroneando. Sin embargo, entre los posibles resultados, la transferencia pacífica del poder es de los menos probables”.

La guerra se extiende

El panorama es bastante más que preocupante. La guerra se ha extendido a muchos puntos del Mediterráneo oriental. Casi 700.000 personas han abandonado sus hogares a consecuencia de los graves enfrentamientos entre Israel y Hezbolá. El estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado y cientos de barcos, no solo petroleros y metaneros, están bloqueados en las cercanías. Por cierto, las aseguradoras han revelado que la promesa de Trump de pagar los costes de los seguros que se derivaran de ese bloqueo es otra fanfarronada del presidente: porque eso costaría 352.000 millones de dólares y el fondo destinado a asumir ese coste no tiene más que 154.000.

Las aseguradoras han revelado que la promesa de Trump de pagar los costes de los seguros que se derivaran del bloqueo del estrecho de Ormuz es otra fanfarronada del presidente

Otro dato inquietante: las monarquías del Golfo acaban de reunirse para estudiar como van a deshacer inversiones y proyectos millonarios de inversión en el resto del mundo, incluidas sus participaciones en actividades deportivas que, por ejemplo, dominan el panorama del fútbol profesional europeo y norteamericano.

Y la guerra va a continuar. Por lo menos unas cuantas semanas más. Y si hasta ahora, excepción hecha del gas, su impacto no ha sido muy fuerte en el petróleo y la inflación, gracias, sobre todo, a las grandes reservas acumuladas por la mayoría de los países productores, una prolongación del conflicto cambiaría sustancialmente ese panorama. Algunos analistas dicen que el problema podría devenir incluso en una crisis financiera.

No es razonable hacer predicciones, dicen los expertos más respetables, como el columnista del New York Times Ross Douthat: “Si se elimina el instinto puro de Trump, su creencia de que ha medido el mundo de la misma manera que antaño midió al establishment republicano, la coalición proguerra –que ya es minoría en el país, según la mayoría de las encuestas— se desmoronaría mañana”. En definitiva, Trump es mucho más débil de lo que sugiere su apariencia.