Cuando Logroño aprendió a morder: 35 años de La Ratilla, el fanzine que lo cambió todo
A principios de los noventa, mientras España se afanaba en proyectar su imagen más moderna al mundo, en un Logroño que todavía no tenía universidad propia y quedaba al margen de los grandes focos culturales, el ruido era otro. La generación de jóvenes vivía la resaca de los 80, de la movida y el rock radical vasco y decidió sacudirse el complejo de ciudad que pasa desapercibida. El ímpetu de unos chavales llenos de inquietudes puso en marcha en la Escuela de Artes de Logroño el fanzine 'La Ratilla', que supuso el despertar cultural en La Rioja y que todavía mantiene vivo su espíritu.
Un fanzine es una revista (o magazine, de ahí el nombre) creada por fans para los fans. Y este grupo de jóvenes de Logroño a los que les gustaba la música, el cómic y la literatura pensaron que era el mejor canal para hacerse escuchar. “Teníamos muchas ganas de hacer cosas”, recuerda Enrique Cabezón, uno de los fundadores, que prepara la exposición que homenajeará los 35 años de La Ratilla en una exposición dentro del festival 'Oh! Comics Fest Logroño'. Encontraron el apoyo del director de la Escuela de Artes, Ricardo González y de la responsable del centro de información, Piedad Valverde, y se pusieron a fotocopiar.
“El nombre ya lo decía todo: pequeña, veloz, capaz de colarse por los agujeros que los medios convencionales dejaban sin cubrir”, apunta Cabezón. La publicación mezclaba política, la situación social de momento, viñetas, ilustraciones, crónicas de conciertos, humor ácido, grafiti... “Todo lo que era algo alternativo y que no había llegado todavía a La Rioja, esto sirvió de puerta”. La Ratilla siempre fue lugar de muchas voces y muchas manos, una diversidad que era la razón de ser del proyecto: “Logramos aunar a varias generaciones, por un lado, los chavales que lo habíamos montado, Teo Hernández (conocido como Elreydespaña), Dioni Muñiz, David Lapeña o Jorge Ochagavía y otros más mayores, como Pedro Espinosa, César Galiano, Roberto Iglesias, Carlos Villar Flor, nombres que en otro contexto habrían resultado inaccesibles, pero que en el ecosistema de los fanzines solían apoyar”.
Incluso Rafael Azcona llegó a firmar en este fanzine logroñés. “Nos envió varios artículos”, recuerda Cabezón, que cuenta que siempre tuvo mucha relación con este grupo de jóvenes. “Creo que se sentía muy identificado con cierto desenfado y temeridad que teníamos todos de jóvenes para hacer cosas. Además, yo creo que le gustaba que en Logroño hubiese ese tipo de iniciativas y que se sintió un poquito cerca”, considera este fundador de la publicación.
La Ratilla fue creciendo y haciendo ruido y en el 95 saltó de la fotocopiadora a la imprenta, con tiradas más largas, y del papel al espacio físico: con motivo de la publicación del número doble 6-7 organizaron el que fue el primer macroconcierto de la región, con nueve grupos de la escena underground local, entre los que estaba el Piperrak de los inicios. Este fanzine empezó a estar presente también en festivales como el Salón Internacional del Cómic de Barcelona o ARCOmadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de España.
La eclosión cultural que inició La Ratilla fue retrato del momento. “No sé si tiene más importancia el fanzine que la existencia y el acierto en el momento”, reflexiona Cabezón, quien señala cómo los cambios sociales de entonces fueron claves para ese despertar de cultura. “Las generaciones anteriores se iban de Logroño y en este momento, ya con universidad, se empezaron a quedar. Y el que tienen inquietudes musicales crea un grupo y necesita un sitio de tocar. El que tiene inquietudes teatrales, lo mismo. Y final se genera un caldo de cultivo en la ciudad muy chulo”.
La Ratilla llegó a publicar 9 números, los últimos reflejan la madurez del proyecto “que había crecido sin perder el nervio original”, con firmas muy reconocidas, textos ambiciosos y una calidad gráfica que demostraba la evolución. Y en 30 de abril de 1997 murió La Ratilla fanzine por todo lo alto con dos conciertos de despedida. “Muerta la rata no se terminó la rabia”, dice la próxima exposición sobre este fanzine en el Oh! Comic Fest Logroño. De hecho, ya se había puesto en marcha lo siguiente, el inicio de un legado que continúa porque lo que puso en marcha La Ratilla no ha parado.
Los creadores del fanzine dieron paso a la Asociación Cultural Planeta Clandestino y su revista 'Pasaje al Planeta Clandestino', que editó varios números. “Nuestro espíritu era siempre crear una especie de escena alternativa en la ciudad”, reitera Cabezón. De esa matriz, nació Ediciones del 4 de Agosto, que ha publicado 280 libros, en un formato grapado que recuerda a aquellos fanzines y también el festival Agosto Clandestino, que lleva veinte años reuniendo a poetas y elaborando esos cuadernos. “Muchos de los colaboradores de La Ratilla representan hoy lo mejor de la cultura local”, resalta Cabezón, con ejemplos como Julián Lacalle, fundador de Pepitas de Calabaza; el director de cine César Velasco, estaba aquí colaborando también o José Ignacio Foronda.
“Da gusto pensar que lo que uno ha hecho ha puesto piedritas para que las cosas sucedan”, señala recordando a aquellos jóvenes llenos de ganas dibujando, recortando, fotocopiando en la Escuela de Artes. De la tierra que parecía no importar en el foco cultural, a una región con multitud de sellos editoriales, de destacados dibujantes y escritores, de festivales... De un momento en el que se iban los jóvenes con ansias culturales al que se quedaban para aportar a hacer más grande esa contracultura local. “No sé si tenemos la culpa o no, pero estábamos en el momento justo, en el lugar adecuado. Tuvimos el don de la oportunidad o la maldición de la oportunidad”. Este fundador de La Ratilla no sab por qué pero sí sabe que aquello “fue un momento irrepetible que no se ha vuelto a dar”.
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