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La solidaridad se hace fuerte con un “café pendiente” en Alcalá: “Aquí ayudamos a todos por igual”

Guillermo Martínez

Alcalá de Henares —
10 de agosto de 2026 21:25 h

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Existe en Alcalá de Henares la posibilidad de ayudar sin saber a quién, pero con la certeza de que esa solidaridad la recibirán aquellas que más lo necesitan. Julia Iniesta, una vecina de la localidad complutense, lleva desde enero de 2018 al frente de Café Pendiente, una suerte de red que aúna comercios y personas que dan y reciben dicha ayuda: siempre productos de primera necesidad como alimentos y artículos de higiene. Hay de todo. Lavanderías, carnicerías, ferreterías, modistas, restaurantes, cafeterías y galerías comerciales se han sumado a esta iniciativa de la que se han beneficiado cientos de personas a lo largo de estos más de ocho años de andadura.

Iniesta, educadora infantil de profesión actualmente en paro, siempre cuenta lo mismo. Era enero, hacía frío, y por la cristalera de una cafetería en la calle Alfonso de Zaragoza vio cómo una mujer rebañaba hasta la última gota de un café que un cliente se había dejado encima de la mesa. “Me empecé a informar y vi que en Italia se hacía lo del café pendiente. La gente iba a las cafeterías y dejaba un café pagado para quien lo necesitara. Y pensé, ¿por qué no hacer que no solo sea café, sino también limpieza, higiene y alimentación?”, relata a elDiario.es.

Estamos en agosto y de aquella estampa con la que inició este proyecto solidario casi ha pasado una década. Ahora, en lugar de frío hace un calor tremendo en la calle. “Vienen muchas familias con niños pequeños que no tienen qué darles de comer. Y vienen españoles y migrantes, y aquí ayudamos a todos por igual”, recalca Iniesta a sus 58 años.

Ella es consciente que no es nada ni nadie oficial a quien acudir, aunque la voz se ha corrido por la ciudad alcalaína. Tanto, que más de 40 comercios se han sumado a esta idea solidaria. Aquellos en los que venden bienes de primera necesidad, como papelerías para el material escolar o cafeterías o carnicerías, cualquiera que se fije verá una pequeña pizarra cerca del mostrador. Ahí es donde las dependientas apuntan poco a poco todo lo que la gente destina a Café Pendiente. Cuando la cifra ya es algo elevada, desde los establecimientos avisan a Iniesta y ella se encarga de enviar a la familia que más lo necesite en ese momento.

La ayuda baja en verano. De todas formas, Iniesta sigue al pie del cañón. Tampoco es raro que gestione casos en los que alguien necesita comprar un medicamento y no tenga dinero para ello. Este en particular es un asunto delicado, asegura la impulsora de Café Pendiente en Alcalá, por lo que siempre pide un documento médico que lo acredite. “Yo hablo con una farmacia que colabora y me dice el precio. Lo publico en nuestras redes hasta que alguien se lo paga por Bizum al farmacéutico, quien me dice que vaya a tal hora con la receta a recoger la medicación”, desarrolla Iniesta, quien le dedica algo más de cuatro horas al día a gestionar las ayudas.

Sin dinero para comer

Muchos tipos de personas solicitan esta ayuda. Lo único que las une y caracteriza es su agradecimiento hacia Café Pendiente, Iniesta y los solidarios que mantienen viva la iniciativa. Los hay quienes trabajan sin contrato y no pueden pagar el alquiler, las facturas o la compra, también los hay sin trabajo, y otros tantos que incluso con contrato, su situación es tan calamitosa que no llegan a fin de mes. Esto último es lo que le sucede a Teresa, vecina alcalaína de 53 años que justo atiende a elDiario.es minutos antes de recoger un pedido de 25 euros que alguien ha dejado pagado en la carnicería Hermanos Madrigal. De esa forma, el dinero nunca pasa por las manos de Iniesta.

“Yo suelo coger alimentos, alimentos frescos, según lo que necesite. Y pan a veces”, expone esta mujer desempleada que vive junto a su marido, que se dedica a la ferralla. Es oficial de primera. “Cobra unos 1.300 euros y pagamos 700 euros de alquiler. Con eso no nos alcanza para comer”, admite.

El restaurante Abrasador – Casa Benito es de los primeros establecimientos que se sumaron a la iniciativa. Ricardo Calvo, dueño del comercio, apunta en la pizarra si dejan pagado un café o una barra de pan. “Y si viene alguien que lo necesita se lo damos, aunque no esté apuntado. Incluso algunas veces ha venido alguno y le hemos dado de cenar. Ayudamos como podemos”, comenta.

No sería la primera vez que alguna de las personas que recibe la ayuda sale rana, tal y como lo describe Calvo. “Eso pasa en todos los sitios, que hay gente con mucha cara. Lo peor es que estas situaciones juegan en perjuicio de los demás”, dice en referencia a aquellas personas que han mentido para conseguir comida gratis. “Julia está muy atenta de esas cosas y hace seguimiento. En cuanto se les ha pillado, les hemos dejado de ofrecer la ayuda”, añade el dueño de Casa Benito.

Los comercios que hacen de despensa

Aquellos comercios que no venden bienes de primera necesidad hacen labores de almacenaje, de despensa. Esa es la aportación que realiza Francisco Sánchez, que está al frente de la inmobiliaria Liderpiso. Desde 2023, forma parte de Café Pendiente como espacio en el que guardar los alimentos no perecederos y productos de higiene y limpieza que unas personas compran para otras. “Todos los años regalamos un calendario a los clientes, así que junto a él empezamos a pedir una colaboración, un kilo de alimentos. La gente responde muy bien, porque no solo traen el típico kilo de arroz, sino productos variados”, describe.

Sánchez, por otro lado, pertenece a un grupo de empresarios perteneciente a Guadalajara que se reúne todas las semanas, y con ellos también impulsa recogida de alimentos y ropa que después va a parar a Café Pendiente. “La labor de Julia es increíble. Es de agradecer que alguien por su propia cuenta le ponga tanto empeño a una iniciativa tan enriquecedora”, precisa. El dueño de la inmobiliaria admite que se le “cae el alma a los pies” cuando Iniesta le rebota los mensajes de gente que mañana no tiene nada que darles de desayunar a sus hijos pequeños. “Somos padres también y pensar en esa situación es muy duro, por eso es tan importante ayudar”, incide.

Desde hace unas semanas, en la Ferretería Uceda también hacen labor de despensa. Kike Uceda, su dependiente, admite que conocía a Café Pendiente porque Iniesta es su vecina. “Me la había tirado alguna vez y hasta hace poco no me animé. Ya había visto el cartel en varios locales y me parece algo que ojalá apoyara más gente y comercios”, sostiene. Como tantos otros, él se dedica a recoger los alimentos y productos que algunas personas llevan. Todavía no ha ido nadie a recogerlos, pero sí ha recibido un par de donaciones en este tiempo. “Luego a quien Julia me diga que hay que dárselo, se los daré. Y también meto yo alguna herramienta de la ferretería, por si la necesitan”, añade.

Iniesta no se cansa de escuchar la misma pregunta una y otra vez: qué saca ella de todo esto. Y siempre responde lo mismo: “Es cierto que conlleva un trabajo enorme, y que hay gente que intenta aprovecharse de ti, como en todos lados, pero el saber que todos juntos hemos conseguido que un niño que no entendía nada en la escuela porque no veía se pueda comprar unas gafas o que haya una familia que ha comido pescado fresco por primera vez en semanas ya tengo pago suficiente”, finaliza.