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Efecto dominó de los conciertos del Bernabéu: las salas quieren la flexibilidad que Ayuso busca para los macroeventos

Guillermo Hormigo

Madrid —
10 de julio de 2026 22:06 h

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“Hay que entender que vivimos en una ciudad y en un país que somos de ruido”. Estas palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lanzaron un controvertido guante a Florentino Pérez que el presidente del Real Madrid no tardó en recoger. “Está ya arreglado, hemos ganado en los tribunales, haremos conciertos. Tenemos el apoyo del Ayuntamiento y la Comunidad. Van a hacer unas normas especiales”, declaró el empresario en su ya histórica rueda de prensa del pasado 31 de mayo. Desechaba así la realidad de unas actuaciones canceladas por la Justicia, que ya suman multas por valor de cientos de miles de euros, las cuales deben afrontar las promotoras musicales.

Desde el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida, ya hay cantos de sirena que apuntan en la dirección de esas “normas especiales”. “El Ayuntamiento en lo que siempre ha trabajado y en lo que se seguirá trabajando es que desde el punto de vista de nuestras competencias se puedan celebrar conciertos y que el descanso y el bienestar esté garantizado”, declaró el regidor el día después de la comparecencia de Florentino Pérez. El pasado lunes, uno de los hombres fuertes de su equipo fue un paso más allá. El concejal delegado de Medio Ambiente, Urbanismo y Movilidad, Borja Carabante, desgranó en declaraciones a la prensa los planes del Ejecutivo regional con la Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas (Lepar): “La idea que tiene la Comunidad de Madrid es flexibilizar esa normativa para que los ayuntamientos tengamos mayor capacidad para la autorización de estos conciertos”.

La afirmación de Carbante ha despertado, sin embargo, un inesperado efecto dominó. Una especie de petición de café para todos. Solo un día después de las palabras del edil, la Plataforma por el Ocio, la Hostelería, el Turismo y los Espectáculos de Madrid manifestaba en un comunicado su “sorpresa” ante los objetivos de ese cambio legislativo: “La principal prioridad de la modificación debe ser aportar seguridad jurídica a las pymes y fijar criterios objetivos de seguridad para el cálculo de los aforos”. Es decir, reclaman que las novedades vayan más allá de los macroeventos y permitan, entre otros puntos, aumentar la capacidad en salas de menor tamaño.

“La prioridad de esta ley debe ser la de acometer la redacción rigurosa y objetiva de las condiciones de seguridad que deben cumplir los establecimientos públicos, y particularmente, los grandes eventos mediante la necesaria aplicación del Código Técnico de Edificación para calcular el aforo”, señalaban en su escrito. Según la Plataforma por el Ocio, llevan “décadas sufriendo la crisis de los aforos” en Madrid a consecuencia de la aplicación “arbitraria” de cálculos “al margen de los criterios de seguridad”.

El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, dispuestos a abrir la mano

La propuesta de la entidad pone sobre la mesa un debate en una ciudad todavía marcada por la tragedia del Madrid Arena en 2012, cuando el exceso de aforo fue una de las principales causas de una aglomeración descontrolada donde acabaron muriendo cinco jóvenes. De momento, parece que Carabante abre la mano para contentar a los espacios de ocio nocturno: “Es una cuestión que hemos analizado con la Comunidad de Madrid. Sigue sobre la mesa la posibilidad de adecuar los aforos urbanísticos a los aforos de seguridad”, dijo el miércoles el concejal, apenas 24 horas después del comunicado emitido desde el sector hostelero.

Así, en apenas 48 horas, el Gobierno municipal ampliaba esa aspiración de “flexibilidad” a diferentes recintos de la ciudad y la región. Las declaraciones a Somos Madrid del promotor Vicente Pizcueta, portavoz de la Plataforma por el Ocio, dan cuenta de un rápido entendimiento con el Consistorio: “Valoramos positivamente las palabras de Borja Carabante. Es una reivindicación que venimos planteando desde hace años y puede suponer un avance importante, siempre que se concrete de forma adecuada. En este sentido, hemos solicitado ya una reunión con el Ayuntamiento de Madrid y con la Comunidad de Madrid para definir los objetivos de la Lepar, dando prioridad a la seguridad jurídica de las empresas regladas y abordando después las situaciones excepcionales y la regulación de los macroeventos”. El objetivo, dice, es “evitar interpretaciones discrecionales por parte de la Agencia de Actividades del Ayuntamiento”.

Entidades vecinales temen cambios “a golpe de rodillo”

En medio de estos cambios regulatorios, o desregulatorios, la preocupación se acrecienta entre vecinos que conviven tanto con grandes como con pequeños recintos. Alejandro Fernández, portavoz de eventificación de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (Fravm), alerta de posibles ajustes legislativos “a golpe de rodillo”. Recuerda que deberían acometerse sin prescindir de “la participación ciudadana, los estudios y los expertos pertinentes”.

“En el tema de los eventos entran en juego tres elementos, un triángulo que debe mantenerse en equilibro. Primero la propia licencia de actividad que necesita cualquier local, grande o pequeño, y que da el Ayuntamiento. Después está el cumplimiento de la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica y Térmica (Opcat), de forma que además del permiso debes respetar un tope de decibelios. Y por último la Lepar, que data de 1997 y les está generando muchos problemas. La Comunidad de Madrid lleva años tratando de moldearla con una nueva superley en la que trabajan”, expone Fernández.

“Actualmente, por mucho que diga la Ley de Espectáculos, si no cuentas con la licencia pertinente o no cumples la ordenanza no deberías poder llevar a cabo un evento. Pero lo que hemos visto en el Bernabéu o el Metropolitano es que se utiliza la Lepar para otorgar esos permisos aun sin licencia de actividad, puesto que los conciertos se celebran en suelo deportivo, o incumpliendo la ordenanza de ruidos. El objetivo de esa nueva ley en la que se trabaja es que las autorizaciones que concede prevalezcan sobre las otras dos cosas”, resume el integrante de la Fravm.

Por mucho que diga la Ley de Espectáculos, si no cuentas con la licencia pertinente o no cumples la ordenanza no deberías poder llevar a cabo un evento. Pero hemos visto que se utiliza la Lepar para otorgar esos permisos aun sin licencia de actividad

“Si cuentas con licencia de actividad y cumples la Opcat, no necesitas pedir ningún permiso con la Ley de Espectáculos, pero nos encontramos con que se solicitan constantemente a través de ella”, advierte Fernández. Una inseguridad jurídica que, cree, se puede incrementar todavía más con “estos globos sonda sobre una flexibilidad todavía mayor que nadie sabe realmente a qué se refiere”. Considera, en cualquier caso, que “la propuesta está muy verde”.

“Estamos en un momento muy feo. Ayuso le dice a Florentino que va a flexibilizar y las salas pequeñas dicen qué hay de lo mío. Pero lo más importante es que hay que cumplir la ley”, recalca el activista vecinal. Una jerarquía normativa en la que prevalece por su carácter estatal la Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del Ruido: “La Lepar está debajo y queda sin competencias sobre las emisiones sonoras. Por eso en la Comunidad y el Ayuntamiento le están dando vueltas a lo que quieren, más y más eventos sin importar las molestias vecinales o las afecciones a la movilidad, dentro de sus competencias”.

Pese a todo, Alejandro Fernández coincide en que la solución no es el inmovilismo regulatorio. De hecho, propone ir todavía más allá para adaptarla y ampliarla a la actual diversidad de los espectáculos: “En el fondo, hay que elaborar una nueva ley. Todo ha cambiado todo mucho. ¿Qué hacemos, por ejemplo, con los drones? Cada vez vemos más eventos con este tipo de tecnología y no cuentan con una normativa propia. Es solo un ejemplo de los muchos que se podrían poner”. Lamenta que “nadie quiere abrir ese melón”. Porque, de hacerlo, el efecto dominó que Ayuso, Almeida y Florentino Pérez proponen para los macroconciertos podría tornarse en un efecto péndulo: que los vecinos terminen por hartarse de la eventificación de su ciudad.